30 Preguntas al Padre Castellani[1]
Mientras remontábamos bajo una fina llovizna la Avenida Caseros rumbo a la casa del Padre Castellani, dejando a nuestras espaldas el Parque Lezama, envuelto en la bruma, nos preguntábamos cómo sería el trato del famoso “prefipecuenpoteólogo”[2].
Su figura ascética, coronada perpetuamente por una boina vasca y su mirada profunda enmarcada por revueltas y canosas cejas, nos eran familiares, pero a la distancia. En el bachillerato nos habíamos iniciado ya en su polifacética obra, deleitándonos con sus furibundos mandobles contra los falsos ideales de la cultura nacional lanzados desde “El Nuevo Gobierno de Sancho” (archiagotado desde años, al igual que “Crítica Literaria” y por los cuales ratoniles libreros y bibliotecarios yanquis ofertan entre 30 y 40 dólares). Pero recién tuvimos oportunidad de conversar con él, al ametrallarlo con extenso cuestionario que hoy presentamos a los lectores de “Tercera Fuerza”.
Nos recibe en la habitación de su departamento-biblioteca, más próxima a la entrada. No creíamos tuviese presencia tan gallarda y serena. Sobre el techo de una de los anaqueles, enfílanse varias botellas de vino tinto, como una aceptación de aquel consejo bíblico: “Y bebe tu vino con alegría” (Eclesiástico 7, 9)[3]. Nos sentamos en torno a una mesa de carpintero bien provista de herramientas. Ante nuestra curiosidad nos responde que ejercita su afición a las manualidades, tan sólo cuando consigue madera.
Ha leído el primer número de “Tercera Fuerza” y a su juicio –de incalculable valor para nosotros– resume en tres breves sentencias: “solidez doctrinaria, buen estilo, elegante presentación”. Nos anima a continuar adelante.
Una breve relación de su vida, le dijimos, aclarando ciertos aspectos peor o mal conocidos, tales como su paso por la política y su salida de la Compañía de Jesús (vulgo “jesuitas”), acrecentarán el interés de la nota. Le gustó la idea “porque aún hay muchos curas que me echan de sus parroquias”.
Leonardo Luis Castellani Conte Pomi –nos dijo socarronamente– nació según parece a final de 1899 en Reconquista (Santa Fe) el mismo día y el mismo lugar en que nació por singular coincidencia el filósofo italiano Carlo Mazzantini. Vivió 30 años en la Compañía de Jesús, de donde fue expulsado en 1949 por una desgracia que, si Dios la permitió, tiene que haber sido para bien: para bien de él al menos. Tiene 30 años de periodista; si se “metió en política”, como dijeron, fue porque tenía que ganarse la vida escribiendo en un periódico semipolítico (“Criterio”) y dos diarios políticos (“Cabildo” y “Tribuna”). Aceptó por broma (y por amistad) una candidatura, por saber que no podía ganar; pero el Arzobispo no la tomó a broma, “altro”; puesto que su candidato era el Padre Filippo; que ése sí resultó broma pesada. Ahora es sacerdote (Castellani) de la noble diócesis de Salta con residencia en Buenos Aires; y con Misa y sermón en Cangallo 3333, el Tránsito de María.
–La instrucción religiosa en sus diversos grados, impartida en los establecimientos educacionales católicos del país ¿le parece adecuada o cree que deforma la visión cristiana del hombre y del universo?
–“La masa no es educable, es solamente amaestrable”, dijo un filósofo aristócrata. Si la masa sabe de memoria un Catecismo (un buen Catecismo), está amaestrada y se vuelve educable por la predicación; el hombremasa es dueño entonces de esquivar la predicación o bien olvidar el Catecismo, si le place: allá él. Pero cuando Perón puso aquí el Catecismo, voz general era que la Religión se enseñaba mal: empezaron a salir como hongos catecismos de mediocres angurrientos, capaces de hacer perder la fe a Santo Tomás de Aquino. Un catecismo tiene que ser hecho por un buen teólogo y un escritor, y revisado por maestros y maestras avanzados; o por un predicadorpoetaprofesor como Astete.
–De los jesuitas se ha dicho que son grandes educadores, intelectuales, lúcidos, francmasones al revés, financistas poderosos, ¿qué opina Ud. de ellos?
–A lo mejor ninguno de esos epítetos es exacto del todo, no da en el clavo. Buenos educadores y lúcidos ingenios han tenido ciertamente; mas lo importante es que han tenido Santos; por lo menos en la “antigua Compañía”, así llamada.
–¿Existe el Papa Negro?
–Por supuesto que el Papa Negro existe tanto como la Papisa Juana. Sin embargo, el actual General de los Jesuitas, el P. Jannssennss, fue bastante negro conmigo. Pero ¿quién te dice que yo no fui también negro para él?
–¿Está la Iglesia en condiciones de afrontar la transformación de las actuales estructuras del mundo?
–La Iglesia ha afrontado con éxito todas las crisis históricas hasta ahora. Pero sería un error en la fe decir que siempre las afrontará con éxito. Sabemos por los Libros Santos que ha de venir una que Ella no vencerá. “Será quitada de en medio”, dicen los Santos Padres. Eso sí, aquella crisis será la última y durará poco.
–¿La reunión del próximo Concilio, es una simple actitud defensiva de la Iglesia ante el avance comunista o encierra algo más trascendente?
–No lo sé. Nadie me comunicó nada acerca del Concilio. Y soy quizás el único sacerdote argentino con un Doctorado en Teología y dos en Filosofía: Gregoriana y Sorbona… Poco importa. Menos trabajo. Perturbación y perversión de los valores: un asno puede ser enviado al Concilio, si tiene un puesto en la Curia.
–¿Es partidario de la elección popular de los Obispos?
–No. Pero tampoco tal como se hace ahora.
–¿Puede identificarse a la Iglesia con una forma de civilización determinada?
–La Iglesia no crea civilizaciones, las presupone; digan lo que digan los “apologetas”. La Iglesia asumió e “informó” la civilización grecorromana; como hubiese “informado” la civilización semítica de no haber rechazado los judíos a su Mesías. Un misionero va a Alaska y encuentra a un esquimal sentado sobre un poyo de hielo. Le dice: “Hermano (o «pedazo de animal»), ayúdame a hacer una silla de palo”. Una vez hecha, el misionero la ocupa, y comienza a predicarle que Jesucristo es Dios: esa es la relación de la Iglesia con la civilización. Claro es que la Iglesia, después de adoptada una cultura, la confirma, corrobora y completa (Ver si acaso a Giambattista Vico y a Gobineau).
–¿Qué piensa del primitivo comunitarismo cristiano y de sus posibilidades actuales de aplicación?
–Solamente en las Órdenes y Congregaciones religiosas; y transitoriamente en grupos de fanáticos, como el de William Penn.
–La revolución cristiana anunciada por los primeros Padres de la Iglesia ¿está pendiente de realización?
–Hasta el fin del mundo. Pero es una revolución sorda que se está realizando y deshaciendo de continuo.
–Si le diesen a elegir entre la vuelta del Cardenal Copello a la Sede Episcopal de Buenos Aires y la vuelta a la vida de Monseñor De Andrea, ¿qué haría?
–Por favor. Nadie me va a hacer a mí elegir nada de eso.
–El ver a tanto militar en los Directorios de entidades anónimas vinculadas a grupos monopolistas internacionales ¿le produce asco, pesar o indiferencia?
–No los veo. Pesar me daría si los viese, por el país y por ellos mismos. Pero en USA, créame, eso está peor que aquí. Sólo que allá no son “internacionales”, sino nacionales.
–El problema de Argentina 1962 ¿es una cuestión de forma (crisis de dirigentes, poca ayuda exterior, desconfianza, baja de los precios internacionales, malas cosechas, inflación de Generales, huelgas reiteradas, pocas ganas de trabajar) o por el contrario exige la transformación ideal de las actuales estructuras políticas, económicas, sociales y hasta espirituales?
–Problema de reestructuración política solamente: los demás siguen. Problema central y el más urgente. Vale aquí la relación entre Religión y Política, esbozada en la novena respuesta.
Por desgracia, la opción más próxima para el país está entre dos cosas malas, a saber: una prolongación indefinida del Liberalismo convertido en “Neoliberalismo”; o bien un gobierno militar, o un régimen secreto de la milicia; esto es lo que tenemos ahora delante, y hay fuerzas poderosas interesadas en su prolongación indefinida. Son fuerzas tan poderosas –internas y externas– que meten miedo. Aquí entre nosotros el Liberalismo postula un enganche a Norteamérica (a qué Norteamérica no saben, puesto que hay dos), el cual enganche puede llegar a la sumisión total, y es continuación del viejo enganche al Imperialismo Británico que duró cien años. Es una postura fácil, nada creadora y ni siquiera original. El segundo es el gobierno militar: es siempre dictatorial, aunque promulgue leyes condenando la dictadura (de los otros). Para desgracia nuestra parece ser que el Ejército Argentino es actualmente liberal en gran parte. Hay, sin embargo, militares muy católicos o por lo menos muy criollos, en gran minoría.
–Supuesto que la vía pacífica es más saludable para alcanzar aquellos cambios, ¿admitiría Ud. –agotada es instancia– la salida revolucionaria (paredón incluido para los contrarrevolucionarios)?
–El estrechísimo estrecho que sortea a esos males de que hablé antes, lo llaman inexactamente “la revolución nacional cristiana”; no es una revolución en el sentido de “movimiento violento para instalar novedades”, sino un movimiento no-violento (lo menos violento posible) para restaurar antigüedades, o mejor dicho, eternidades; de donde debe llamarse “Restauración”, o mejor todavía, “Instauración”; porque como no se puede, eso es sabido, restaurar tal cual ningún pasado, hay que inventar o reinventar lo pasable sobre la imagen de lo que ha sido y la fuerza de lo que es, encontrar lo que tiene que ser; si no quieren llamarlo “lo Eterno”, por lo menos “lo Pasablemente Permanente”; lo que nuestro pasado tuvo de verdadero y auténtico, de íntegro y no de corrupto. Con esto, sin embargo, no quiero decir que la “instauración nacional” o como quieran llamarla, se va a hacer sola: sospecho que sin cirugía no se puede hacer.
–¿Qué opina de la nueva tónica impuesta al Partido Demócrata Cristiano por hombres como Horacio Sueldo?
–Me he felicitado grandemente de ella. Le copiaré un epigrama de mi amigo el Ingeniero Toro, de San Juan (en Tribuna, 4-VIII-1962) que dice así:
Vaya, lector. Por fin un ciudadano
Que no es ni Capitán ni General
Se le anima al sillón presidencial
(Del Partido Demócrata Cristiano,
Horacio Sueldo, mis lectores. Tal
El nombre y apellido,
Y también el partido
Que lo larga al “arena” nacional).
Y francamente, sin favoritismos
“cristianos”, creo dieron en la clave:
Por un Sueldo, si es bueno, ya se sabe,
Aquí somos capaces de heroísmos.
Y éste es bueno me cacho en los abismos.
Actualmente hay quienes trabajan, con pocos recursos por desgracia (es decir heroicamente) por la formación de una fuerza política nacional que logre aquella “Instauración” de que hablé antes; con la alianza, por ejemplo (es una suposición) de la Democracia Cristiana, los nacionalistas, el Peronismo, o una parte de él. Si esa fuerza puede constituirse a pesar de las enconadas divisiones personales de los argentinos y puede llegar a las urnas (quiero decir, si los dejan), ya sería un gran paso adelante. Aunque perdiese las elecciones, queda constituido un núcleo político nacional, quizás con Diputados y Senadores (en virtud de la famosa “representación” proporcional belga), o sea, con altavoces desde donde educar e informar al pueblo, que creo que en política está más educado que yo. Me atrevo a decir sería un mal paso para el país si subiese ahora a Presidente un católico fanático o siquiera ferviente (a no ser que fuese superferviente, o sea, Santo, digamos para no pecar), lo mismo que un socialista fanático o un militar tonto.
–¿Hay algún cordón umbilical entre la generación nacionalista del ’30 y la prédica de los ideólogos de nuestra emancipación que, basada en el principio de las nacionalidades (uno de los dogmas de la revolución francesa), quebró la unidad continental, meta de los afanes de un San Martín o un Bolívar o de los escritos de Manuel Ugarte?
–No lo sé. Cosas pasadas que ya no tienen compostura. A los ideólogos no los quiero; de donde soy propenso a achacarles todo pecado suelto ande por ahí por esos buenos aires.
–¿A quiénes incluiría como modelos de cretinez mental de una segunda parte del Nuevo Gobierno de Sancho?
–Por Dios vivo, no hagamos nombres vivos. De los muertos, ahí tienen a Ingenieros, y sus inefables discípulos Aníbal Ponce y Agustín Álvarez.
–La reiterada apelación a la defensa de la civilización occidental y cristiana hecha por gente de todo pelaje ¿le parece sincera o esconde la salvaguardia del privilegio y la opresión capitalista?
–El cuentito del terutero. (Para quienes no conozcan las costumbres de este simpático guardián de nuestros campos, les informamos por cuenta nuestra que pone los huevos en un lado y canta en otro, para despistar).
–La tercera posición internacional ¿es un chantaje, una estupidez o una posibilidad para reunir a las denominadas naciones “subdesarrolladas” del mundo?
–No hay “Tercera Posición” sino más bien “Tercera Fuerza” moral. En el espantable caso de una Tercera Guerra Mundial, todos los neutrales (y nosotros al pelo) velis nolis (o sea, a pesar nuestro).
–¿Esa tercera actitud tiene su fundamente sólo en los nacionalismos propios de cada país o puede hallar una sustentación ideológica y política más amplia?
–Está sustentada en una sana filosofía. Ver, por ejemplo, La Crisis de Nuestra Civilización, de Hilaire Belloc, que loablemente acaba de reeditar la Editorial Sudamericana.
–Ante los reiterados ensayos atómicos ruso-yankis ¿cómo debe reaccionar una persona de buen sentido?
–Mirarlos con la mayor frialdad posible. Tomada en conjunto, la USA es calvinista, tenga o no un católico bueno o malo por Presidente. El hecho de usar una bomba atómica no es de una nación cristiana, por ejemplo, y casa bien con el Calvinismo.
–El intelectual contemporáneo ¿debe comprometerse y dar testimonio o debe encerrarse en su torre de marfil?
–Un escritor auténtico da testimonio de su alma, y por ende de su contorno vivo por el hecho de escribir auténticamente. Pensamos en el humorista Wodehouse condenado a muerte; en Muñoz Seca ejecutado por los “rojos”, comediógrafos que nunca pensaron más que en hacer reír inocentemente. Mas los de “la torre de marfil” son cuitadillos.
–De la obra de Eduardo Mallea dijo Ud. que era apta para “hacer dormir en paz a los insomnes”. Tal juicio ¿implica la ubicación del autor de La Bahía del Silencio entre los grandes tilingos vivientes de la literatura nacional? ¿Qué otros personajes integran esa galería y por qué razones?
–Que Dios y Mallea me perdonen: no conozco la obra de Mallea, y no soy insomne. Hablé de oídas. De la literatura nacional actual conozco muy poco. El que escribe no lee. Y el que estudia, no lee novelas; a no ser en alemán (las obras de Lutero, por ejemplo) para no olvidar ese egregio idioma. De los antiguos, ahí tienen a Cambaceres. ¡Qué bodrios espeluznantes produjo ese (según Ricardo Rojas) “primero de los novelistas argentinos”!
–¿Resiste la lectura de los suplementos dominicales de La Prensa y La Nación?
–Nunca compro diarios. De España, México, Cuyo, Entre Ríos, La Plata, me mandan diarios gratis, con buenos suplementos. Si La Prensa y La Nación me enviaran gratis los suyos, puede que los leyera.
–Sin ánimo de ofender su modestia y desde la perspectiva que le otorgan los años vividos, ¿qué es lo que cree haber dejado en el país?
–No hallo qué responder aquí, si no es un chiste que pronunció mi abuelo Don Leonardo antes de morir; pero siendo él un poco indecoroso en boca no toscana ¡y sacerdotal!, lo reservo para la sobremesa; y me atengo a lo que quiera decir la posteridad, si existe.
–Si volviese a la juventud, ¿elegiría otra vez el sacerdocio como vocación?
–Ciertamente.
–¿En qué género literario se maneja con más comodidad?
–Ensayos religiosos y sermones. Un cuitado dijo en La Razón del 7-VIII-62 que soy un escritor de novelas policiales y discutidor de temas políticos, según me contaron, ya que no leo los diarios. Se equivoca.
–¿Tiene preferencia por determinada obra de su vasta producción?
–Al autor, la última siempre le parece la mejor. La gente dice que la mejor es El Evangelio de Jesucristo.
–¿En qué trabaja actualmente?
–Un sermoncito y uno o dos ensayos por semana. Pesada correspondencia. Ama de llaves de mi casa y cocinero. Enfermero a ratos. Un poco psiquiatra clandestino. No hay más tiempo.
–¿Le preocupa que las trenzas de plumíferos finjan ignorarlo?
–No mucho. Será un mal, pero no para mí. Para mí, Ud. sabe lo que dijo el otro: “Ama nesciri et pro nihilo reputari” (Ama el ser desconocido y ser tenido en nada), lo cual sería mi propósito y ganancia. Eso de “fingir ignorarme” es tonto y poco eficaz: hay cosas bien peores; no para mí, repito. Para ellos y para el país.
Agotado el cuestionario, la conversación deriva hacia temas insospechados. Castellani, el comentador de la “Suma Teológica”, el traductor de los poemas de Chesterton, es un profundo conocedor de “ciencia-ficción” y se explaya largamente sobre el tema. Ha leído a la mayoría de los autores –ingleses, norteamericanos y alemanes– en lengua original. “Para no chasquearse con un tema indigerible –nos dice–, lo mejor es principiar por las antologías de cuentos. De allí puede colegirse la bondad de un autor. El gran peligro de esta literatura –añade– es la falta de verosimilitud”.
De nuevo en la calle, vamos meditando en sus respuestas. Mucha gente considera a Castellani un rebelde. Pero esa rebeldía, acaso no sea más que la expresión profundamente ortodoxa de un espíritu intrínsecamente joven, cuya perpetua vitalidad lo lleva a librar las batallas más desesperadas.
El buzo
