Politización y Amoralidad en la Argentina[1]
Es bueno que el pueblo argentino pruebe otra vez las cadenas. Así hay esperanza de que algún día llegue a saber lo que es la libertad –nos dijo cruelmente Don Pío Ducadelia.
No me gusta. Existe también el peligro de que se acostumbre a la cadena.
Lo malo es que habría que sacarle en limpio la lección, y no hay quien lo haga; o si lo hay, no tiene los medios para hacerse oír. Y si no los tiene, es que en el fondo, no se lo quiere oír: comienzo fatal de acostumbramiento.
Ay del pueblo que no acepta los maestros que Dios le manda. Dichoso el pueblo que sabe conocer los profetas antes de que mueran. Hacerles después de muertos grandes sepulcros blanqueados no sirve más que de acrecentar la culpa.
Como me dijo el protestante:
Jesucristo en su tiempo tuvo bastante odio a los fariseos; pero ahora parece se ha dado cuenta que para regir una Sociedad Visible, son necesarios.
Hemos visto en la Argentina en los últimos tiempos un gran descenso de la moral natural: hasta los políticos lo dicen, que son tan morales; y los Presidentes hacen sermoncitos morales.
El problema de la Argentina no es político sino moral –dicen–. Ojalá que así como lo dicen lo entiendan… y lo hagan.
La enfermedad argentina es moral… y, política también. Nos ha tocado la suerte de asistir al “desarroi” de la “democrassia”, a la pudrición del democratismo rusoniano, en el cual fuimos bautizados.
A quien lo considere un momento, es manifiesto que la “política” fue bautizada por el Cristianismo. De suyo es una criatura salvaje y pagana. Así como, la Iglesia desinfectó la concupiscencia convirtiéndola en un sacramento, así también, se aplicó a dar inyecciones de moral y aún de teología a esa tarea bárbara y peligrosa que es el mando. Hoy día con el neopaganismo, la política retrocede a su origen belluíno[2]: como si dijéramos, al mono. El hombre desciende del mono, desde luego. Pero, yo quisiera ver el susto que se llevó el primer mono que se dio cuenta que ya no era mono.
Sin embargo, el bautismo es imborrable; y su surco indeleble ha producido hoy en la política una cosa mucho más temible que la antigua violencia y tiranía de los Imperios paganos. Un cristiano no puede volverse pagano; si quiere volverse pagano se vuelve hereje, que es mucho peor. La actual corrupción política se cubre con una piel cristiana, como un lobo con una piel de oveja. Y a la violencia la vuelve santa por medio de la mentira. Ha encontrado unas palabritas lindas y nos ensordece con ellas, aunque al mismo tiempo, haga lo contrario de las palabritas. Me dicen:
Eso son monsergas: eso de querer canonizar a Evita (que Dios le dé descanso eterno), p. e., ya pasó.
¡Hum!
–Hacer fiestas medio religiosas a la bandera, el himno y la escarapela (que Dios guarde muchos años) es, como si la Iglesia Católica instituyera festividades a las imágenes, a los altares y a la lámpara del Santísimo: es tan gracioso como un cheque sin fondos: es una gansada hablando en plata. Esas cosas son signa, non res[3]. Quizá lleguemos a esotro también: a la total exterioridad religiosa, cuando la Iglesia sea penetrada por el espíritu masónico (no toda ella, sino más bien sus alrededores, el atrio, las naves y la sacristía) conforme está escrito que un día llegará, si no miente el libro de la revelación (cápite undécimo).
La bandera no nos salvará, no puede salvar a nadie, somos nosotros quienes tenemos que salvarla a ella.
Yo la consagro porque después la postran a los pies de Jesucristo, dice el sacerdote que está allí echando latines y agua bendita.
Me parece bien, pero han de saber que Jesucristo no acepta eso si no está acompañado de la postración del espíritu; y que en otro caso, ello no tiene valor más allá de lo que hacían los judíos con Jehová, el cual, acabó por rechazar sus sacrificios; y, aun menos si bien se mira, porque el macho cabrío, la vaca y las tórtolas eran cosas vivientes.
“«No ofrecerás a tu Dios cosas muertas o enfermas».
Así habló el Eterno:
«Yo odio y desprecio vuestras fiestas;
Me huelen mal vuestras ´asambleas´.
Cuando me presentáis holocaustos y ofrendas,
No me dan gusto.
Y los terneros cebados en acción de gracias,
No los puedo ni ver.
Alejad de mí el bochinche de vuestros himnos;
No escucho el sonido de vuestros órganos,
Porque Yo amo la bondad y no los sacrificios,
Y la derechura del corazón,
Y el conocimiento de Dios más que las ceremonias».
(Amós V, 21 – Oseas VI, 6)
Ser argentino y ser católico se están volviendo dos cosas antagónicas, que Dios nos libre y guarde; sobre todo: “Ser argentino muy, pero muy católico”.
Cuando más mal le va a la Patria Argentina, más bien y mejor le va a la Iglesia visible, y viceversa. Por lo menos eso dice una Historia de la Iglesia Católica, tomo IV, Tiempos Modernos, p 658, que hemos estado consultando (Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1951, nº 76). En esa “historia” se asevera que el Papa erigió en la Argentina en 1830 “la diócesis de Panamá (quizá confunden con 1955[4]); que Rosas “Déspota y Dictador”, sostuvo en 1849-1850 una “guerra desastrosa” con Francia, Inglaterra[5] y el Brasil; que él “mezcló el país” en eso; que expulsó a los jesuitas “y otros religiosos” (¿cuáles?); y que a la Iglesia cuando le fue realmente bien en este país fue durante las Presidencias de Urquiza y Mitre y un poco durante Figueroa Alcorta (¡que Dios mande a la Iglesia Presidentes masones!) –que fue justamente cuando a la Patria le fue mal. Insinúa además, que, hay aquí una “Universidad Católica” y un “Partido Católico” desde 1918 por lo menos; y que el diario El Pueblo[6] es una maravilla, en lo cual estamos de acuerdo.
Para no ser injusto, este libro está bastante bien hecho en lo demás, aunque carente un poco de aire y sol. El que lo hizo, Francisco Montalván S. J. era inteligente; pero dio la mala suerte que murió antes de acabarlo, y metieron tras él la mano Bernardino Llorca S. J., Pedro de Leturia S. J., Ramón García Villoslada S. J., este último también bastante inteligente; y, ya se sabe: cuatro manos en un plato hacen mucho garrapato.
No repararíamos en este disparate (bastante común a la “grandiosità spagnuola”, que dice Carducci) si no fuera por el criterio usado por el historiados, a saber, que a la Iglesia Católica le va bien cuando un gobierno (masónico o no) le hace regalitos; como el General Mitre que le regaló el terreno del Seminario, dato que creemos erróneo, encima: no de su peculio particular en todo caso. Bien, ahora gracias al General Mitre hay Seminario, pero no hay seminaristas. Ese criterio es indigno de un religioso y aun de un adulto; pero, el criterio del P. Leturia –buen hombre por lo demás, si eso se compadece con no tener honradez profesional. El mismo criterio es, por lo demás, el de los sacerdotes argentinos que bendicen a la vez la bandera de Belgrano y la Ley 1.420[7]. Los miembros del actual gobierno y el Dr. Atilio dell’Oro Maini[8] están excomulgados, si no nos engañamos, en virtud del canon 2334, latae sententiae[9]. De esa excomunión no se hace estado, se hace estado de la excomunión “del otro”[10]; que antes no era “el otro”. Esa es… política sin moral.
No se enojen. No estoy enojado con nadie. Estoy poniendo simplemente ejemplos de política sin moral y con capa de cristianismo –para que no digan que mi tesis es “monserga”. Si Leturia puede hablar de Historia Argentina “tiempos modernos”, yo también puedo. La historia argentina no es una línea troncal sino un ramal; y en apariencia, es sórdida.
El genio invisible que timonea el carro de este país, cuyo nombre está aun por averiguarse, es un jugador de “póker” que tiene un juego muy reducido de trucos y tricas. Se repiten las mismas situaciones y, la historia argentina está llena de “plagiarios”: Alvear plagiaba a Napoleón, Rivadavia plagaba a Carlos III, Posadas plagiaba a Carlos IV –según los últimos descubrimientos. Y así, el actual Directorio[11] plagiaría a los dos provisorios directores de 1814-1820– y, además de Perón, Agustín P. Justo y Roberto Ortiz. ¿Dónde están pues los “Singulares” en la historia argentina?
Hay consonante a baile y fraile– dijo el poeta.
Dentro de poco se espera un consonante a los dos otros grandes “Singulares” que hubo en la Argentina.
Se espera en la misericordia de Dios.
* * *
Marcos Satanowsky[12] fue asesinado de acuerdo al procedimiento de la “muerte ritual” judía, según nos han informado seriamente. Bien, dejémoslo, este es ejemplo demasiado quemante (aunque todo quema ahora); y en todo caso pide un capítulo para él solo.
En Córdoba, unos buenos clérigos y católicos hacen un Congreso acerca de “los programas de la enseñanza media”. O es un exceso de malicia o es un exceso de ingenuidad. Acerca de los programas, del fracaso de la “educación” pública y la de libertad de enseñanza, está todo dicho y todo sabido. Celestino Marcó, Alejandro Magnasco y el buen Atilio han hecho tímidos intentos, a manera de gestos inefectivos, en el sentido clerical: es decir, en el mal sentido. El buen sentido en este asunto consiste en:
“Cuando una libertad es justa y necesaria, tomársela; y si nos la quieren quitar, resistir con uñas y dientes”, o padecer martirio, a la polaca, a la española, a la gremial, a la católica. Es lo que cumple”.
No hay un solo ejemplo en la historia de que un Estado Moderno haya soltado espontáneamente una partícula de poder, una vez adquirida o usurpada. Mucho menos nuestros cabezudos y torpes liberales van a soltar el monopolio de la enseñanza, sobre todo, habiéndose convertido ese monopolio en invención despótica de Napoleón I (¡vaya un liberal!), en el dogma del Ateísmo Contemporáneo. (Ver Wells H. G., The Shape of Things to Come).
Si en la Argentina no hay una buena educación, es porque no se quiere que haya una buena educación. ¿Quién es el que no quiere? Eso es lo que quisiera saber yo. En el siglo pasado era Lord Canning, que lo dejó dicho de dos o tres maneras diferentes. No es conveniente que los argentinos tengan una educación de primer orden. En este siglo yo no sé, yo quisiera saberlo. ¿Para qué? ¿Para hacerle seguir las huellas de Marcos Satanowsky? No. Las de Waldo Frank[13] solamente.
Los argentinos dentro de poco nos elegirresignaremos a un Presidente. Estamos como Bertoldo buscando un árbol en qué ahorcarnos y, no lo encontramos; pero, nos ahorcarán lo mismo. Naturalmente que poner la papeleta por uno de los que corren, por el que parezca menos malo: “por el mal menor”. “El mal menor” es una teoría que han inventado aquí nuestros grandes teólogos. Pero, sucede que, el mal menor después de elegido, crece, y se convierte en el mal mayor. Y, lo que es más serio, “el mal menor, será menor pero es mal”. Y yo no estoy obligado a elegir el mal, al contrario. Los teólogos antiguos tenían otra teoría, llamada de “la cooperación al mal” que, enseñaba que “contribuir con un acto positivo a la producción de un mal, es pecado”. Lo cual es obvio. Los paganos veían eso. Son los “Católicos Democráticos” de ahora, a no verlo. ¡Desdichado de mí! En la escuela de mi niñez, no existía la materia “Educación Democrática”: así que, yo no lo veo.
* * *
La política argentina no funciona en el plano de lo moral, por eso es despreciable, y los hombres de bien se asquean de ella: “Non è una cosa seria”, es una cosa de teatro pirandelliano. No funciona en el plano ético, funciona en planos inferiores, a veces, absolutamente sórdidos: en el mismo plano que transcurre la vida de los monos y demás animales. Si los hombres descienden del mono, yo no lo sé; pero que, el hombre argentino desciende lentamente al mono, eso es de una evidencia inmediata.
¿Quieren más ejemplos? Tendría que hacer el artículo de 40 páginas. El Dr. Amadeo reincide en un segundo escrito en defender el “derecho de asilo de Perón”, que negó al General Lonardi: es abdicar de la moral. Si tenía derecho de asilo, tenía también derecho a la Presidencia. No se puede salir de allí: si fue malo ¿por qué lo llevó Ud. amablemente desde la cañonera “Paraguay” al avión de la impunidad? Y, si no fue malo ¿por qué le hicieron la revolución? Siento tener que decir esto; pero la hidalguía del Dr. Mario Amadeo le ha costado muy caro al país.
¿Pueden los Obispos católicos “auxiliares” legitimar un gobierno de legitimidad dudosa? ¿Por qué la Iglesia argentina se calló 50 años acerca de la libertad de enseñanza, si ese es un derecho natural primario? ¿Se puede hablar aquí, en el país, en contra del sindicato obligatorio?
Éstos y otros son “casos de moral” que la gente debate ahora, no somos nosotros a suscitarlos. Los pongo de ejemplo de cómo entre nosotros, la política abandona el plano de la Ética.
Lo más profundo de la enfermedad argentina es la subversión del orden en las jerarquías espirituales. Es peor que un desorden, es un in-orden, una “inordinatio”, como caminar con las manos al suelo y los pies en el aire. Pues el desorden social más peligroso no es la inercia de los no-valores o la resistencia de los valores ínfimos (“la rebelión de las masas”), sino la subversión de los valores medios contra los valores sumos: algo parecido a la rebelión de los ángeles.
Aquí, el que tiene un pequeño don de Dios se levanta con él, y se constituye en islote independiente; sin soñar tan siquiera que debe estar subordinado al que tiene un gran don de Dios. Los “Pastores”, p. ej., toman al Doctor (para usar el léxico de San Pablo [Ef. 4, 11]) y quieren emplearlo en su propaganda, y, al negarse él, lo matan, si pueden. El mismo caso de Cristo: la Ley se rebeló contra la Luz: y no era la anti-ley, era la Ley.
Los que asesinaron a Jesucristo, no eran asesinos vulgares: ellos “creían hacer obsequio a Dios”. ¿Cómo cayeron en tal aberración? San Juan lo explica: “Porque Él era la Luz, y la Luz vino al mundo, y ellos, a la Luz no la recibieron”.
Se trata al principio de un simple acto negativo, de un pecado de omisión. Después vino todo lo demás.
Para volver a la historia, los directoriales de 1814 (Pueyrredón, Alvear, Rondeau, Rodríguez Peña) eran hombres secreta y fuertemente empeñados en entregar la Nación (a la cual despreciaban, y cuyo gobierno detentaban), entregarla a una potencia cualquiera –menos a España (España era “nazi”): Inglaterra o Francia o Portugal, en último caso. De ellos fue el creador de la bandera. Querían entregar la Nación, pero entregarla bien. Pues bien, lo interesante del caso, no es si la triaca se ha repetido otra vez, lo interesante del caso es que no lo consiguieron. Tenían todo en sus manos.
Tenían que haberlo conseguido. Y no lo consiguieron. Amén.
Sin embargo, si a uno ahora le preguntan: ¿estás seguro si esta Nación tiene coraje para ser nación y no solamente colonia? Un sonrojado y angustioso silencio es la respuesta.
¡Ay de mí, esta respuesta hay que darla con las obras!
[1] Segundo semestre de 1957 o principios de 1958.
[2] Brutal, feroz.
[3] Signos, no realidades.
[4] Tras su caída, Perón se exilió en Paraguay y luego en Panamá.
[5] En siglo XIX solo Argentina y Estados Unidos resistieron el bloqueo naval anglo-francés, entre cuyas hazañas se cuentan las “Guerras del Opio” para imponer a China el consumo de la droga.
[6] Diario fundado por el redentorista Federico Grote; fue clausurado por Perón en 1954. Reapareció en 1956 y cerró definitivamente en 1960.
[7] “El 7 de marzo de 1956 el Gobierno del Gral. Aramburu restableció la enseñanza atea obligatoria, con el nombre de «escuela de Sarmiento», para los pobres” (Diario, 9-III-1956).
[8] Ministro de Educación de Lonardi, permaneció en el cargo tras el golpe de Aramburu. “Clemente Villada, Goyeneche, Amadeo y Pablo Pardo fueron presos” (Diario, 7-XII-1955), pero “el más objetable de los Ministros permaneció… A ése no le tienen rabia ni miedo los masones” (Diario, 17-XI-1955). Dell’Oro era hombre de confianza de los jesuitas y masón al mismo tiempo. Como Martínez de Hoz, hacía una hora semanal de adoración al Santísimo… y entregó la Universidad a socialistas y comunistas. “El Ministro tiene razón. Si la enseñanza religiosa en las escuelas va a producir hombres como Atilio Dell’Oro Maini –el cual la tuvo en abundancia–, tiene razón el Ministro de Educación. El hombre en el fondo se ha hecho justicia a sí mismo, como Judas” (Diario, 9-III-1956).
[9] Las penas latae sententiae son aquéllas en las que alguien incurre automáticamente por el hecho de haber cometido un delito.
[10] Perón fue excomulgado por el incendio de varios templos porteños y la Curia en junio de 1955.
[11] Aramburu y Rojas.
[12] Abogado y figura destacada de la colectividad judía; fue asesinado el 13 de junio de 1957.
[13] Escritor yanqui de segundo orden (“El Crítico Impune y la Crítica Criolla”, Nueva Crítica Literaria, Dictio, Buenos Aires, 1976, p 284), pero ocultas aunque eficaces influencias lograron que presidiera el Primer Congreso de Escritores Americanos (1935) y también la Liga de Escritores Americanos.
Cuando murió, el 7 de enero de 1967, Castellani recordó algunas cosas que se había dejado en el tintero La Nación:
“Waldito escribió algunos torpes denuestos contra la Nación (no La Nación diario, de la que era admirado colaborador, sino contra la Nación nación) con el cálculo de que se publicarían cuando él ya estuviera lejos de aquí. Mas quiso el azar irónico que se publicaran estando él aún en su lujoso Hotel; y un muchacho argentino bien nacido lo corrigió «con altura», como dice Don Segundo; pues no le pegó a traición (como el Waldo quería hacer con la Patria) ni le rompió ningún hueso.
“Unas piadosas correcciones destas, oh Dios, cuánto bien haría a… otros periodistas tergiversadores, para la salvación de sus almas. Waldito no fue más que un periodista audaz, desaforado y vacuo” (“Periscopio”, Jauja, nº 3, marzo de 1967; Un País de Jauja, Ediciones Jauja, Mendoza, 1999, p 36).
