Voces de Ayuda

Voces de Ayuda[1]

Copiamos de una entrevista del escritor argentino Abelardo Arias con Francis de Miomandre, finísimo crítico y excelente poeta francés:

“El editor aquí no considera necesario que esté bien escrito, lo esencial es que haya cochinadas… Es muy triste por la influencia que nuestra literatura tiene en el mundo. Yo tengo esperanza de que ustedes, los de Argentina, puedan salvar la literatura, que de allá nos llegará algo con vida.

–Sí, pero allá hay un grupo muy grande y poderoso que vive imitando las muecas de la «Europa Intelectual».

–¡Ah, sí! Hay revistas que no son revistas, sino una reunión de snobs, de todos los cursis de la América Latina. He leído sus libros absurdos, sofisticados: no tienen nada, absolutamente nada que decir. Como son ricos o poderosos, han desplazado a verdaderos valores de la literatura y han fabricado un ambiente falso.

–Quede tranquilo Monsieur De Miomandre: en nuestro país hay un movimiento de gente joven adverso al kafkismo de pacotilla y al eunuquismo intelectual. Es una lucha de David contra Goliat.

–¡Cuánto me alegro de oírlo! Cuando me anunciaron que vendría a verme un escritor argentino, pensé enseguida: ¡Oh, otro pedante ridículo, cortado por la tijera de Madame X[2]…! Perdóneme, es Usted joven, y yo no conocía su obra. A menudo me siento sobrepasado, desbordado, pues tengo que leer libros de toda América Latina y de España… A veces me resulta materialmente imposible, y lo que venía de su país últimamente me resultaba tan falso que lo tenía abandonado. Perdóneme, pero México me tiene fascinado… Aquí tiene a Torres Bodet: es un gran escritor de valor universal…”.

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Trilussa

En un potrero, bajo un viejo pino,

Sobre una parva, triste y soñoliento,

Pasa un chancho y le digo: “Adiós, cochino”.

Pasa un burro y le digo: “Adiós, jumento”.

Quizá estas bestias no me entenderán,

Pero yo tengo la satisfacción

De llamar vino al vino y pan al pan

Sin peligro de la “investigación”.

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“A pesar de algunos hechos en contrario… reconozcamos tres verdades históricamente incontestables: 1º, que la idea de la Teocracia Trinitaria, es decir, de la cooperación orgánica y de la armonía moral entre los tres poderes dirigentes de una sociedad completa (religión, filosofía y hombres de acción), esta idea, del todo extranjera a los Hindúes y a los Helenos, estuvo presente siempre en la conciencia de Israel; 2º, que esta idea, en los momentos más solemnes de la historia judía, tomó cuerpo y se realizó efectivamente; 3º, que los representantes del progreso nacional, los hombres del porvenir, los que hacían la historia (los Profetas, en una palabra) no entraron nunca en la vía revolucionaria pura; y aun castigando con su palabra inspirada los abusos de los Sacerdotes y de los Príncipes nacionales, no arrojaron jamás en principio ni el Sacerdocio de Aarón ni la Reyecía de David” (Vladimir Soloviev, Rusia y la Iglesia Universal, p 294).

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“Es sabido que la unción sagrada de los Soberanos era entre los Hebreos el atributo común de los Pontífices, de los Reyes y de los Profetas. Así el Ungido por excelencia (que eso significa «Jristós» y «Messiah») debía reunir en sí los tres poderes. Y en efecto, Él se manifestó como Pontífice o Sacrificador absolutamente puro y santo al ofrecer al Padre Celeste el sacrificio completo de su humanidad; como verdadero Rey del mundo y de la naturaleza material, que Él arrancó, por su Resurrección, a la ley de la muerte y conquistó para la vida eterna; y en fin, como Profeta Sumo al mostrar a los hombres, en su Ascensión a los cielos, el fin absoluto de su existencia; dándoles por la emisión del Espíritu y por la fundación de la Iglesia, las fuerzas y los medios externos necesarios a la consecución de ese fin” (Vladimir Soloviev, Rusia y la Iglesia Universal, p 296).

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A Propósito del Librito Lugones de J. L. Borges

Copiamos una fabulilla de un poeta norteño, Cl. R., residente en una pequeña villa de Santa Fe y (naturalmente) desconocido en la Capital. Dice así:

“El cuzco, en su paseíto de todos los días, se detiene junto al árbol. Arriba hay música de abejas y aroma de flores.

–Sí, por cierto –gruñe el cuzco–, pero su tronco huele mal. Y no podrán decirme que no trato de remediarlo: lo higienizo todos los días.

Cumplido su riego habitual, vuelve a su cucha, acomoda la cabecita entre las patas y duerme. Y sueña que el árbol hace descender sobre él una oleada de perfumes y de armonías.

–¡Qué asco!– rezonga el cuzquito. Amostazado, cambia de posición y vuelve a soñar. ¡Esta vez sí! Como por ensalmo, su nariz entra en contacto con una gama de perfumes que por su persistencia y delicadeza harían las delicias del harén más refinado.

Ya muy alto el sol, el cuzquito despierta. Yace enroscado… y el hocico junto al trasero.

El árbol: Lugones. El cuzquito: uno de tantos…”

La fabulilla es irreverente. Pero mucho más lo es el estudio “crítico” (?) del sedicente crítico.

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Estado y Pensamiento

“El origen de la cultura hindú es señalado por el predominio de la clase sacerdotal, representante del pasado y la tradición comunes; mas los orígenes de la Hélade histórica están marcados por el contrario por la dominación de la parte activa de la sociedad, los guerreros… Si la superioridad de este elemento social fue en el comienzo eminentemente favorable al progreso de todas las actividades humanas, la cristalización de la clase militar en Polis o Estados no dejó de volverse más tarde un peligro y un obstáculo al libre movimiento del espíritu nacional, y determinó su carácter revolucionario. Una sociedad centrada en un solo cuerpo político exclusivamente, necesariamente degenera en un despotismo, cualquiera sea por lo demás la forma de su gobierno.

“Los hombres de la actualidad, los hombres «prácticos» que gobiernan los Estados absolutos (Repúblicas o Monarquías) no creen en el pasado y temen el porvenir. Por lo demás, careciendo de verdadera piedad y verdadera fe, admiten a la vez como inofensivos y aun útiles a los representantes de la tradición religiosa, a condición de que permanezcan inactivos: dan un lugar de honor a un sacerdocio oficial, para dominar a la masa ciega por un lado; y por el otro, para que sirva de complemento decorativo al edificio del Estado omnipotente. Pero alimentan un odio implacable a todo movimiento religioso libre y espontáneo (es decir, real), a todo lo que abra el alma humana a perspectivas nuevas, a todo lo que debe acercar a la humanidad a su término ideal. El gobierno ateniense, por más «democrático» que fuese, necesariamente debía desterrar a Anaxágoras y envenenar a Sócrates…

“Este antagonismo entre la actualidad nacional, representada por las repúblicas griegas, y el pensamiento superior y el porvenir de la nación, representados por el idealismo griego; esta lucha entre el Estado y la Filosofía, fue fatal al uno y al otro…” (Vladimir Soloviev, Rusia y la Iglesia Universal, p 291).

[1]  El reportaje transcripto en parte fue tomado de Noticias Gráficas, 2-II-1956. A continuación, escribió los textos que reproducimos.

[2]  Victoria Ocampo, a quien Castellani llamaba “Derrota Ovilla”, Zarina de Sur, pieza clave de la colonización mental. Con Emilio Ravignani (radical), Nicolás Repetto (socialista), Federico Pinedo (Ministro de Hacienda de Justo y Ortiz en la Década Infame), Julio Noble (luego fundador de Clarín) y otros, formó parte de una Junta que procuraba la entrada del país en la Segunda Guerra Mundial a favor de los Aliados.