Arte Falsificado[1]
La Argentina rebosa de arte; el cual rebosa y rebota porque no es absorbido por la población. Por suerte. La mayor parte es arte falsificado.
Yo me río bastante desta inundación diluvial de “arte”. Y me río de la “cultura” argentina. Y si me río, es porque puedo reírme.
El arte falsificado es muy dañino, aunque menos que la falsificación de la religión; pero en un sentido es más dañino que la simple falsificación de la religión, o herejía: cuando sirve para transmitirla y propagarla.
Los griegos, grandes artistas si los hubo, vieron que el simple “exceso” de arte, aunque fuera arte genuino, era malo. Platón se quejó del exceso de poesía, y Aristóteles del de música. Estos excesos nos afligen ahora aquí sobre todo el último. No digo que haya muchas “creaciones” poéticas ni muchas musicales. En esta última arte, hay exceso de “críticos”. Incluso existe en el país una “Sociedad Argentina de Críticos Musicales” siendo así que existen apenas músicos; los cuales critican lo que no existe. Es como si hubiese una “Sociedad de Jurados de Canguros” en la Argentina; porque para “criticar” a Beethoven, Mozart o Haydn –eso ya se hace y está hecho bien en Europa. Lo que hay es que la mayoría destos “críticos musicales” son literatos fracasados que hacen literatura acerca de la música; porque en ese dominio uno puede hablar indefinidamente sin que nadie lo pueda parar; ya que: “Si Beethoven me hace a mí esta impresión, ¿a Ud. qué le importa? Esa es mi impresión”.
Destos críticos la mayoría, incluso de los genuinos (de los otro nada digamos), hace muy poca obra útil; porque lo que importa aquí sería tener bellas artes productoras y edificadoras, y no digo “creadoras” (manoseada palabra), y no tantos críticos de lo que no existe.
El macaneo es barbarie. El “arte falsificado” es salvajismo del peor; porque hay un salvajismo de aquel que todavía no se civilizado, como el de Hernández[2] o Almafuerte (sin igualar a estos dos), y hay un salvajismo del que ha sido civilizado y ha retrocedido; y éste es el peor. Como el “Alejandrinismo”.
Como el del “arte” norteamericano, por ejemplo; para no meterme con mis compatriotas. Los cuales al fin y al cabo dependen de él. “No se debe ir para atrás” – dicen los artistas super, y ellos se han ido a la retaguardia. ¿Por qué “subire” en latín significa “ir abajo” y en castellano “ir arriba”? No lo sé; pero sé que “superrealismo” en vez de “encima de lo real” significa “debajo de lo real”. Muchas cosas hay bautizadas “vanguardia” que son pura retaguardia.
Hablo de “un sector” del arte norteamericano, del más moderno, el más exitoso y el más conocido. El Museo de Arte Moderno de New York es la colección de enfermedades y degeneraciones intelectuales más grande de toda la historia: ni en Babilonia se vio cosa igual.
Mi fuerte no es la pintura ni la música, aunque conozco lo mejor deso que se ha producido en todo el mundo y todas sus épocas, puesto que he visto los mejores museos del mundo durante mis estudios.
Leo ahora novelas norteamericanas (que Dios me perdone) traducidas; pero no al castellano, sino al alemán. Por raro que parezca esto, tiene sus razones. Y una dellas es que lo traducido en Europa de Yanquilandia puede que sea lo mejor que hay allá.
Leo a ratos perdidos novelas yanquis “de lo mejor”; las que han hecho ruidos, se han vendido por millones y han hecho millonarios a sus autores, como Dreiser, Faulkner, Caldwell; si los encuentro en alemán, mejor para no olvidar el alemán que me sirve después para leer a… por ejemplo, al inagotable Kierkegaard.
Pues bien, la mayoría desos artistas y poetas yanquis (exceptúo a unos pocos, como Dorothy Baker, Crowe Ransom, Ezra Pound, Eliot y algunos autores de “whodunits”[3] buenos, como Elizabeth Daly y Rex Stout), son “rotten”[4] como ellos dicen: no pecan por primitivos, como sería propio de un pueblo “joven”, sino pecan por haberse ido más allá; por haber llegado al Alejandrinismo antes que al Clasicismo y haber dado un salto mortal desde la barbarie a la delicuescencia sin pasar por la sabiduría. Como si dijéramos, un chico que llega a viejo sin ser nunca mozo; no hay duda que sería un chico “adelantado”. “¡Demasiado!”, como exclamó el baturro cuando le dijeron que había un solo Dios. Peor es pasarse que no llegar. “Que el fuego pa calentar, – debe ir siempre por abajo”. – Lo que has de dar a la rata – dalo a la gata. Lo que no se lleva Cristo – lo lleva el Fisco.
Al Estado Liberal (y al Intendente Giralt) le dio por hacerse el Mecenas, con el loable fin de hacerse el cartel (como los antiguos Monarcas y Nobles) y dar dinero a los amigos –supuesto que dar dinero es uno de los más seguros “tests” de amistad. Pero el Estado no tiene por función hacer Cultura, “desparramar cultura”, como decía el Inspector de Enseñanza de Entre Ríos; y una cosa o persona sacada de su lugar está expuesta al diablo; y así la “cultura argentina” o lo que así se llama está yéndose al diablo. En la Facultad de Psicología, p. ej. (pues hay una Facultad aparte), se enseña hoy puramente judaísmo; y en algunas cátedras ni aun eso: macaneo. Saber judaísmo, al fin y al cabo, es saber algo. De modo que la dicha Facultad (o Instituto) se ha vuelto un inmenso Corruptorium o Pudridero… pagado por los pobres contribuyentes. Hay Profesores allí que tienen tantas cátedras con adherencias de consultorios psicanalíticos y “Jardines de Infantes” (pobres infantes) que se ve tiran a millonarios de infantería y caballería. Ésta es la nuestra, dicen: cuando te den la vaquilla, corre con la soguilla. No es gallina buena la que come en tu casa y pone en la ajena. Para dineros juntar, guerra, Iglesia o Casa Real, siendo hoy día Iglesia y juntamente Casa Real, el Estado Liberal; y los judíos en general grandes juntadores de dinero, como los llamó Disraeli, que no desconocía el paño.
Sorprendía días pasados (o me sorprendió a mí) un concierto (disconcierto) de jazz moderno, en el Auditorium Berlín Libre (“Libre” significa Comunista, por supuesto) que me trajo a la memoria un versillo del Psalmo que dice: “El hombre creado en honor, lo desconoció; se comparó a los jumentos irracionales y se hizo semejante a ellos” (Homo, cum in honore esset, non intellexit. Comparatus est iumentis insipientibus, et similis factus est illis) [48, 13]. Ese nuevo “arte” es peor todavía que rebuznos de animales; porque es búsqueda consciente: de lo feo y lo chocante (sin negar que algunas piezas por excepción sean como intentos de un arte primitivo y pueril, negro), o sea, perversión intelectual. Agréguese aquí una parte del “arte” plástico o poético “modernísimo”. No Digo que no sean sinceros los “artistas” (algunos más o menos dotados) que fabrican esos esperpentos; no digo que no expresen su alma o el “alma de la época”, como pretenden ellos; pero esa alma anda muy enferma; y para estudiar la expresión de lo patológico o lo demoníaco, más barato es irse (de visita) a la calle Vieytes.
En la antigüedad pagana decadente o pútrida existieron estas aberraciones. El Cristianismo se levantó contra ellas. En las obras de San Agustín se halla la exposición de una herejía “gnóstica” comparable a la actual herejía psicanalista. Uno lee, y no puede creer que tales disparates hayan sido creídos, como puede ser (si el mundo se compone) que nuestra posteridad no quiera creer en los malolientes libros “freudianos”, que con el nombre de “ciencia” o “psicología” nos brindan hoy en día: simplemente no quiera creer a sus ojos.
[1] Artículo manuscrito en la contratapa y páginas finales de Moisés y Martín Fierro, de Guillermo Luzuriaga Agote, Círculo Cultural de Junín, Junín, 1960. La mención del Intendente Hernán Giralt, quien ocupó su cargo hasta junio de 1962, nos da la fecha más tardía posible de redacción,
[2] El Martín Fierro es bárbaro porque refleja el alma de un pueblo heredero de una gran cultura, que, sin perder la esencia, retrocedió a su forma rudimentaria; las raíces son excelentes, pero el crecimiento no ha llegado a dar la flor y el fruto maduro (San Agustín y Nosotros, Cap I, Jauja, Mendoza, 2000, pp 28-29). Por ello la tosquedad del poema hernandiano acredita su valor documental y es una “instantánea” lograda del alma patria (Castellani).
[3] También se escribe “whodunnit”, del inglés “who [has] done it”: ¿quién lo ha hecho?; variedad de novela policíaca cuya trama es muy complicada.
[4] Repugnantes, infectos.
