Carta a José María Rosa[1]
Sr. Dr. José Ma Rosa, Madrid
Mi estimado José María:
Recibí su muy interesante carta del 13. Quiero contestarla antes de las elecciones del 23, porque después no tendría gracia. Sus cálculos no parecen probables, quizá ni posibles, tal como se ven las cosas de aquí. ¡Insurrección popular! ¿Qué puede el pueblo, confundido, desorganizado y sin un jefe frente a las metras? Además, no olvide que una gran parte del pueblo ama a Ricardo Balbín.
Anoche estuve en un mitin numeroso de Bramuglia en Plaza Constitución. Desolador. Griterío, brutalidad, ausencia de inteligencia, apelación a las emociones más groseras por medio de ideas falsas, cuando no de mentiras. ¡Y éste es uno de los partidos mejores del neoperonismo! Ud. dirá que esto es la política. Puede ser; pero no se ve que esto pueda salvar nada.
“La política es una cosa diabólica” … Me parece demasiado decir. A mis abuelos italianos les oía decir de chico que la política es una cosa “sporca”. Naturalmente que puede haber alguna política que sea diabólica.
La grandeza de ánimo puede salvar algunas veces la política; ‒esa grandeza que Perón no tuvo, a mi parecer.
No tengo aversión alguna a Perón; pero nunca lo he podido admirar. Su viveza política no me bastó para eso. No creo que vuelva jamás.
Naturalmente que yo desearía que Ud. no se equivoque. Pero creo que esta nación se resignará a “volver a la normalidad” con Frondizi o Balbín. Lo pintoresco (si no fuera dramático) sería Balbín. Es un típico “minus habens”, un mentecato.
Todas estas cosas no diré me sean indiferentes, mas procuro desentenderme en lo posible, pues que nada puedo hacer allí. Por lo demás, mi salud anda floja, y eso enfría muchas cosas. Es triste sentirse inutilizado, pero en fin, a todos nos llega esa hora, y a mí me ha llegado con anticipación.
He recibido estos días una repulsa despreciativa, digamos un bofetón, de Mons. Lafitte. Se ha portado conmigo igual o peor que Copello[2]. No tengo nada que esperar de la llamada “Jerarquía”, anoser persecución. Hasta mi muerte, y después aún, seré puesto por ellos en el lugar de los malhechores: “cum sceleratis reputatus sum”[3]. Aunque a veces después de muerto suelen acapararlo a uno, aprovechar el cadáver para la propaganda.
Su libro es muy esperado aquí, y ha sido ya anunciado ampliamente, como sabrá.
Le deseo toda felicidad.
P.S. ‒El artículo “El Mal Menor” fue mutilado por Marcelo de su párrafo central, “para no disgustar a Amadeo”, y el resultado es que quedó sin sentido claro[4]. Lo que objeta Ud. es perfectamente exacto. Me refería en el artículo bien claramente a los actuales “acomodados”, que aconsejan a los demás un “mal menor” que para ellos es un “bien mayor”, que se llama “acomodo”.
[1] 20-II-1958.
[2] Después Castellani supo que Monseñor Lafitte había tratado de ayudarlo.
[3] Fui contado entre los malhechores.
[4] El artículo que hemos transcripto en esta página contiene un párrafo que alude claramente a Amadeo: “Ayudar a huir a un delincuente…” Cfr. “Politización y Amoralidad en la Argentina”.
