Carta al P. Ammirati
Buenos Aires, 5 de febrero de 1955
Sr. Pbro.
Armando Ammirati
Rosario
De mi consideración:
He recibido hoy su carta del 25 pdo., que me parece digna de consideración.
He recibido más de cincuenta cartas acerca de mi “carta”[1]. Naturalmente no puedo contestar a todas de golpe. Veré de hacerlo cuando tenga tiempo… “si tamen…”[2].
Sin embargo, estimo que, si releen con atención el Panfleto, pueden Uds. mismos contestar mejor que yo a los cinco o seis cargos que vienen al final[3].
De Lubac no tiene mucha autoridad conmigo. Lo conozco, incluso personalmente. De Lubac es un teórico y yo soy un existente; sin querer decir que ignore del todo la teoría.
Del Patrón de Uds.[4] no me dicen Uds. nada. Naturalmente ¿Qué me pueden decir Uds. de este señor que, aparte de otras hazañas, calumnia a un sacerdote acusándolo de “mala doctrina”, lo cual en la Iglesia es acusación seria, y trata de quitarle la única manera de ganarse la vida que tiene, que es la venta de sus libros; y eso no de una manera derecha y varonil, sino oculta y tortuosa?
Una cosa es “hacer la unidad de la Iglesia sin o contra los Pastores”, cosa que jamás he dicho; y otra cosa es distinguir los malos pastores, cosas que nos ha sido mandada en el Evangelio; y que por lo demás es inevitable en todo aquél a quien el “acomodo” no le haya paralizado el sentido moral.
Cristo no vino a suprimir la moral natural. Toda la cuestión con el clero argentino es una cuestión de honestidad; por eso mi panfleto está situado en el plano moral y apela a la honestidad natural de la gente contra el falso “sobrenaturalismo”.
En suma, se trata de que el “officium caritatis” (que no consiste solamente en prometer oraciones y llamarnos “hermanos”) no suprima del todo la honradez y la rectitud natural; sino que las suponga.
Reciba la expresión de mi honrado respeto
[1] La que Castellani había enviado al Nuncio el 27-XI-1954 (Seis Ensayos y Tres Cartas, Dictio, Buenos Aires, 1978, pp 201-219).
[2] Si acaso.
[3] En nota marginal Castellani escribe: “Those people who know precisely the right time to disobey are a big help to humanity, but the are mighty scarce”: aquellas personas que saben cuándo es el momento de desobedecer son una gran ayuda para la humanidad, pero son muy escasos (Sir Thomas More).
[4] El Cardenal Caggiano, Arzobispo de Rosario y luego de Buenos Aires.
