Carta al Padre Emilio Ferrari (II)[1]
Buenos Aires, 4 de septiembre de 1953
Recibí su estimada carta del 1º con el giro de $ 100 que le agradezco. Estoy con una grippe muy fuerte desde hace tres días, que amenaza mi conferencia del martes[2]. Las conferencias salen bien, con salón colmado: en la última estuvieron Don Carlos Ibarguren, el escritor Penella de Silva, el Superior de los Capuchinos de Euskalechea y varios sacerdotes. A medida que crece el favor del público ha ido aumentando mi sentimiento de la responsabilidad, obligándome a aquilatar mi pensamiento, pesar mis afirmaciones, no hablar sino de lo que sé, y hablar con mesura y moderación. Creo que el público acude tenazmente con sus $ 10 al Teatro del Pueblo dejando desiertas las salas del P…, …, …, …, etc., que con sospechoso entusiasmo se han lanzado a disertar, y dicen gratuitamente las cosas más sublimes acerca del Cuerpo Místico y la Luz del Tabor –simplemente porque el público cree que yo les digo la verdad, y no estoy al servicio de ninguna propaganda, negocio o vanidad[3].
He hecho una selección de Las Cien Mejores Poesías (Líricas) Argentinas[4], y estas vacaciones pienso componer un manual de Psicología[5], si la salud me lo permite, si ésos son libros de los que llama S. R. “objetivos”, mas yo los hago pura y simplemente para ganarme la vida, como tejería tiendas o puliría vidrios de anteojos, si supiera. Los libros “subjetivos” son necesarios al psicólogo, al poeta lírico y al místico, los cuales no trabajan sino sobre sus propias experiencias –que se “despersonalizan” al pasar por la inteligencia, si el escritor es digno de ese nombre. Mas esos libros son un don de Dios y dependen mucho más de la inspiración (o “subconsciencia”, como dicen ahora) que de la propia voluntad libre. Más se reciben que se eligen.
Me parece que Ud. No ha tenido experiencias de lo que la Escritura llama “altitudines Satanae” (Ap. 2, 24), o sea, de la maldad, sobre todo de la maldad espiritual. Yo creo que Dios para enseñarme ha permitido que yo pasara cosas atroces; y para mostrarme el sentido de muchos lugares de las Escrituras; porque si no, ¿cuál sería el provecho de la tribulación? El fariseísmo, y lo que sobre él dice Cristo en el Evangelio, que no es lo mismo leerlo que conocerlo. El fariseísmo es el peor pecado, es el pecado contra el Espíritu, el pecado sin remedio; y cuando llega a su último grado, es la “abominación de la desolación en el lugar donde no debe estar” [Mt. 24, 15].
Considere, por ejemplo, mi caso, aunque no sea más que en la superficie somera e incompleta que conoce la gente. La Santa Iglesia Romana (o la burocracia eclesiástica) me ha puesto en el siguiente estado:
Con todas las cargas del sacerdocio y ninguno de sus provechos, infamado, envejecido y achacoso, en soledad, en penuria y sin medios de vida –pues habiendo gastado lealmente mi vida y facultades en el sacerdocio, no podría aprender otra carrera– y mantiene mi situación con una pertinacia y astucia de bestia taimada y terca…
¿Para qué?
¿Por qué?
¿Puede Ud. contestar estas dos preguntas?
Es una conducta “criminal” –como me escribía días pasados el Pbro. Dr. … Mucho más criminal en realidad –por lo que yo sé– de lo que la gente puede saber.
La Bestia de la Tierra[6] está detrás de esto, y no Jesucristo ni su Evangelio ni su Espíritu.
Quiero decir que estamos en tiempos malos, de los peores que ha tenido la Iglesia; y que para esto no sirven paños tibios ni palabras bonitas.
Mucho más habría que decir de todo esto, pero no da más por ahora mi grippe.
Encomiéndeme a Dios y reciba la expresión de mi afecto y estima en Xto Jesús.
L. Castellani
[1] Tiraboschi, Victorio, op, cit., pp 47-48.
[2] Las reunidas en Psicología Humana, Jauja, Mendoza.
[3] En carta del 27 de junio a Juana Garat, Castellani escribe: “La primera de mis Conferencias de Invierno ha sido un éxito increíble. El teatro estaba repleto y el público con una atención de hipnotizados; y yo con una elocuencia enteramente improbable, dado mi estado de ánimo oprimido y con cansancio nervioso. Con pretexto de Psicología, hice un panegírico de Santa Teresa de Jesús y de las monjas de clausura; en la próxima haré el panegírico de San Francisco de Paula. El éxito continuará si mi salud aguanta. Ése es el problema. Pero estoy ya acostumbrado a confiar en la fidelidad de la Providencia”.
[4] En colaboración con Fermín Chávez, CINTRA, Buenos Aires, 1953.
[5] Castellani nunca llegó a revisar los textos de sus conferencias, que a veces eran apuntes (testimonio oral del P. Juan Marín), por ello la segunda edición de Psicología Humana tiene gran cantidad de notas y excursus, en su mayor parte tomadas de los apuntes para las clases en el Instituto del Profesorado. Hoy suprimiríamos algunos excursus. (C. B.)
[6] La religión falsificada y al servicio del Anticristo (Ap. 13, 11-15).
