Carta al Padre Juan Santos Gaynor
20 de octubre de1955
Estimado P. Gaynor:
A falta de poder verlo, me queda el cartero.
Ayer –19– me llevaron preso por un día, incomunicado unas horas, y después un interrogatorio cerrado por un Capitán de Marina, entre otras cosas acerca de “mis amigos”. No recordé que usted lo era, así que no lo nombré. Si conocía o no a Hernán Benítez. También me preguntó un policía si “yo era el padre de Jorge Antonio[1]”. Contesté que no era padre carnal de nadie, pero que era el Padre espiritual de Jorge Antonio, en el caso de que él quisiera hacer uso de mis luces espirituales, pagando.
Estando allí pensé que debía allegarme al Sr. Nuncio Apostólico con mi certificado romano de que “puedo decir Misa en Salta y no puedo en Buenos Aires”, con el fin de pedirle un papel que acredite que soy sacerdote católico, no he apostatado y estoy en orden. Si quieren poner también que, por mi falta de salud, el Papa me ha dispensado de la obligación de decir Misa en Buenos Aires, yo aceptaría eso. Una mentira “diplomática” más o menos, no le hace nada al Vaticano.
La falta de ese papel me pone en una condición embarazosa y sospechosa en situaciones como la de ayer.
“–¿De qué iglesia es Ud.?
–De ninguna iglesia
–¿Dónde dice Misa?
–No digo Misa
–¿Por qué?”
Como me dijo Ud., “uno no puede andar explicándose siempre”.
Esta “situación embarazosa” de hombre “no correcto” como dicen los porteños, forma parte de la “calumnia en acción” de que soy víctima hace tiempo por parte de las autoridades eclesiásticas.
¿Podría Ud. Hacerme el favor de ir con esta pretensión al Sr. Nuncio en mi nombre? A mí no me recibe, a pesar de que en una carta firmada por su Secretario, un P. Buro, me asegura que “su mayor deseo es conocer, amar y ayudar a sus hermanos en el Corazón de Jesús”.
Si su amable gestión no tuviera resultado positivo, no importa. Uno tiene que poner de su parte lo que puede.
Dejándolo a su segura discreción, le ruego me encomiende a Dios.
Suyo honradamente en Xto. Jesús
Leonardo Castellani
Profecía nº 25.– La Argentina está en una situación inmejorable para una vasta propagación del Protestantismo. En efecto, el pueblo tiene una religiosidad atávica informe y tiene un gran distanciamiento y aun repulsión hacia las autoridades eclesiásticas. Recibo muchas cartas y conversaciones de católicos de todo rango, incluso sacerdotes, que están efectivamente en la situación mental del protestante.
[1] Financista vinculado a Perón.
