Cartas a Poetas[1]
Carta a Pedro Semi Ramis
Leí su libro de poemas. Le prometí escribirle mi opinión, y no sería justo dejar de hacerlo, aunque sea para confesar una derrota.
No me gusta la poesía hermética de nuestros tiempos. Más aún, creo que no es poesía, propiamente hablando. Hay poetas difíciles, es verdad; pero hay una línea que, traspasada, rompe la comunicación (o la “comunión”, si usted quiere, ya que ama esa palabra) y se cae así en el “lenguaje subjetivo”; es decir para uno propio. Yo creo francamente que allí acabó la poesía; que al fin y al cabo es expresión; la cual supone dos términos y no uno solo, como enseñan los filósofos que en el mundo han sido. Su Maestro Rougés, por ejemplo.
En suma, hay poetas difíciles; pero no hay poetas incomprensibles. Rainiero María Rilke, que estoy leyendo estos días para aprender alemán, es difícil pero no incomprensible; más aún, es soberanamente claro en la superficie por lo menos. No me gusta del todo el tudesco: pero es poeta.
“Poesia non è che una finzione rettorica dipoi posta in musica” –dijo el padre Dante. Cuando falta la “finzione rettorica”, perece la poesía, puesto que entonces ni la música es posible, como una forma sin materia. Esa incomprensible poesía de hoy no es poesía humana –ni angélica tampoco. La “música pura” realizada con palabras, que proclamaron algunos “simbolistas” menores, es una utopía: equivocación de géneros, como si se quisiera hacer cuadros con sonidos (Tchaicovski). Hablando del pobre Teófilo Gautier –que en “Sinfonía en Blanco Menor”, y otros poemas, pretendió conseguir los efectos de la pintura con palabras–, dice Menéndez Pelayo que esa “confusión de géneros” ha sido siempre señal de decadencia de las artes (Ideas Estéticas, Vol V, 431). Gautier es comprensible (y aun fácil), sin embargo.
Él mismo que proclamó “De la Musique avant toute chose”, Paul Verlaine, encierra una cantidad grande de ideas, lógica y discurso en sus mejores poemas, como el volumen Amour; y aun en sus peores. Sin embargo, él representa ya una de las etapas de la decadencia. Es poeta, sin embargo: poeta de decadencia:
Siéntate, aguarda, estoy soñando mi soledad.
Vuelvo a correr esta órbita reseca –
–Sol y lumbre agónicos–
Amainada tu distancia, (?)
Aguarda, es el penúltimo instante
–Mancha de sol y de sombra–
Volveré a los buenos días y al amigo temprano.
¡Sal, apenas inaugurado viento!
Mira esta palabra mordida. Yo
No voy más allá de este sonido inerte, trágico,
Rozado por la mano de un dios.
Esto para mí no es poesía, aunque se llame “Último Margen de Retorno”; y contenga quizá una gran “idea” –expresada en lenguaje subjetivo.
El cirujano Anido
–distraído–
Adormece al paciente
Y opera
Sobre la bella enfermera
Complaciente.
Te suplico –
Dice mi mujer –
Oh, borrico –
Que no hables
Cuando
Yo te interrumpo.
La función
Desarrolla el órgano:
He ahí por qué
Mi amigo Calostro
Tiene el cerebro
Tan chico.
El trabajo
Ennoblece
A Luciano.
Los títulos de nobleza
No le gustan.
Mi doméstica
–Llamémosla así–
Se ha despedido
Indignada,
Ofendida
Por mi manera de hablar
Por teléfono.
Sapristi!
Creí hablar
Con mi mujer.
Estas líneas que copio del libro Poemas en Lata de Don Pío Ducadelia, no son poesía; pero están más cerca de ella, que la de los “poetas” hermetistas.
Creo que en nuestros tiempos la poesía (como tantas otras personas) ha perdido el rumbo; y se gasta en caminos que no van a ninguna parte –a veces con nobilísima intención, y no pocos dones naturales o de cultura. No digo la Poesía en sí misma, por supuesto. No hay Poesía: hay poetas.
De ese extravío que desembocó en los poemas sin sentido, las metáforas solteras, y las “palabras en libertad”, conozco todas las etapas; y también quizás la razón última; que no pueden ser objeto de esta, ya demasiado larga.
Bien pudiera yo haberle dicho cualquier ambigüedad o cumplidos baratos a su indudable cultura y su riqueza imaginativa (despilfarrada) de calidad musical más que poética; pero no me parece digno. La indudable sinceridad de Ud. pide sinceridad – “Richtigkeit”, como diría su padre.
Perdone si lo decepcionan mis palabras; y en último caso, atribúyalas Ud. a mi limitación.
Y crea en la verdad de mi personal aprecio.
S.S. S.
Carta a Don Emilio Carilla
¡Qué poema se ha mandado Ud en la Primera Antología de Poetas del Tucumán! Esa sencilla poesía “Iglesia” me ha tocado, quizá por ser yo “de la iglesia”. Pero no: es hermosa, es recia, es fibrosa. Es real. En toda humildad, sin esfuerzo, y con una métrica fácil, encierra en sus cinco partes una sencilla realidad vuelta imagen justa y ritmo sereno.
La iglesia nació allí porque era hija
Del pueblo y sierra. Allí los dos, vecinos.
En un lugar desierto agazapada
A mitad de distancia. Casa y signo:
Una cruz, tronco joven desbaratado;
Una corona, el monte de espinillos…
Recibí su opúsculo El Río con sus 21 poemas y amable dedicatoria.
Sabía que era Ud. profesor de Letras, le vi una notable clase en Salta sobre Feijóo, sencilla y fibrosa, es decir, con la cualidad de sus poemas; pero no sabía de los poemas, que explican muchas cosas. Ellos son honrados, lucientes, equilibrados; y aun doctos.
“El Pardo Gómez”, notable retrato moral poético hecho de la misma mano. No sé si conoce el reciente libro Juan Nadie del poeta porteño Miguel Etchebarne[2]. El mismo asunto, la vida de un malevo, por decirlo así, Etchebarne, que es letrado y hábil, ha logrado un buen poema acerca del antípoda de Martín Fierro, el mal gaucho, el matrero, el “compadrito”; que es una de nuestras figuras sociológicas, bien real y conocida; por una aberración confundida por algunos con la otra. El largo poema del profesor de Literatura Argentina de Buenos Aires está primorosamente versificado, y estalla de metáforas nuevas, rasgos reales y trazos ingeniosos, empapados en un patetismo simpático; y simpatizante con la fuerza del tipo, si no con su moral. Encuentro sin embargo en el contenido de su sencillo romance más hondura que en el poema del porteño, sin querer desmerecerlo con esto; pues como digo, es algo logrado. Y es que Ud. ve su asunto desde el plano “ético”, y Etchebarne principalmente desde el “estético”, que diría Kirkegor; aunque en ambos estén presentes los dos elementos, naturalmente.
Otro poemita que me encanta es “El Niño”. Hay mucho de lo que llaman hoy “Psicología Paidética” en ese sencillo poema; es decir, está toda, en lo esencial, cosa propia del poeta. En fin, me gusta todo el librito humilde por el cual le vierto aquí gracias y congratulaciones…
[1] Cultura, Publicación de la Biblioteca del Banco de San Juan, nº 12, agosto de 1954.
[2] Cfr. “Un Poema sobre el Malevo”, Nueva Crítica Literaria, Dictio, Buenos Aires, 1976, pp 329-331.
