Cinco Años Después[1]
Los argentinos que leen libros son pocos; libros serios, digo. Muchos dellos ni siquiera tienen tiempo; por lo cual, leer tales libros y después darles la nuez partida en artículos, ensayos o folletos, puede ser útil[2]. Esto me propongo hacer con el poderoso libro del Dr. Antonio F. Cafiero, Cinco Años después, cumpliendo con mi deber de periodista jubilado.
El autor, profesor de Economía y ex Ministro de Comercio, analiza nuestra economía durante el decenio 1945-1955, o sea, los años del “Depuesto” (más de un depuesto me parecer voy a ver antes de morir, pues este país carece de estabilidad política), más los cinco años subsiguientes. No es un libro de polémica; el autor lo llama modestamente “Invitación a dialogar”; y dice en un breve prólogo regiamente redactado –pequeña obra maestra de nitidez– dice que “no es un libro de doctrina, ni de política, ni de historia económica” –aunque sin duda, de las tres cosas tiene. En realidad, es un ensayo de historia y doctrina económica sucinto, tal como sólo puede redactar un entendido. Dudamos que nadie “dialogue” con él, por lo menos por medio de otro libro tan excelente: la mayoría de sus puntos son vigorosos análisis a base de números escuetos y completos; y muchos de ellos son con todo rigor demostraciones. Se meterán con el libro, si acaso los periodistas y politiqueros hueros: aunque lo más probables es que sufra la llamada “conspiración del silencio”, que es ya una institución en el país –y una ignominia.
La tesis de estas 472 páginas está netamente formulada en el prólogo en esta forma:
“En el decenio 1945-1955 el país modificó radicalmente su estructura económica-social, desarrolló y consolidó una poderosa industria manufacturera, nacionalizó los principales servicios públicos de propiedad extranjera, rescató totalmente su deuda externa, modificó sustancialmente el esquema de sus relaciones sociales… ” (p 17). Al fin del libro, hay un largo apéndice que podríamos llamar “autobiográfico” (notas tomadas en la cárcel de Ushuaia y de Buenos Aires), pero que siendo de materia económica, no se sale de la materia del libro, antes por el contrario, lo corona brillantemente.
Leyendo el índice en sus tres partes (“Un Balance de Cinco Años”, “Historia y Balance de Diez Años” y “La Cuestión Doctrinaria”) uno ya percibe que el libro cubre todo su tema, no sólo en sus núcleos, mas en sus últimas ramificaciones, con la completud de un tratado; pero este tratado es “existencial”; es decir, se refiere permanentemente a la realidad concreta y cambiante del país en su faz económica.
Un economista muy serio me dijo una vez que si yo tuviera la documentación cierta (ahora en este libro la tengo) de cómo se manejan generalmente las finanzas de este país, o sea, el Tesoro público –que yo me tiraría al piso y me pondría a llorar. Pero yo sé que en nuestra fementida “democracia” los gobernantes vulgares las manejan a la marchanta y al rumbo rumbero; supuesto que nadie les va a pedir cuentas, ya que ellos son de hecho irresponsables (la falsa democracia tiene El Culto de la Irresponsabilidad, título del conocido libro de Émile Faguet) y que conviene salir del gobierno con el riñón forrado, por lo que después pudiera tronar: pues el gobierno dura poco. Esto es absolutamente normal en las hodiernas “democracias”; de modo que el que se tire al suelo y se ponga a llorar, en un sonso. Algo como esto le oí decir anoche en la fonda, a un hombre del pueblo: “¿Qué dijo el francés Clemansú (sic) cuando vino aquí? Que este país no puede ser vencido, porque los gobernantes despilfarran y roban de día, pero de noche tienen que dormir, y entonces el país crece…”
No estés tan seguro. Sueltazo anda el diablo hoy en día– quise decirle.
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La primera sección del libro constituye una incriminatoria y alegato fiscal aplastante a la actual política financiera que (como dijimos), nadie va a contestar en serio. En la imposibilidad de resumir todos los puntos, tomaremos uno o dos como ejemplo:
En 1945 la tenencia cremática del país (oro, divisas y créditos) era de 1.500 millones de dólares; actualmente al revés debemos 2.800 millones. ¿Cómo se transformó el país del Plata de un rico en un pordiosero? Primero: los 1.500 millones de dólares se emplearon casi totalmente en rescatar servicios públicos de manos extranjeras, capitalizar al país en maquinaria y repatriar la deuda externa: operación que, además de conveniente, era forzosa; segundo, dejando aparte los increíbles despilfarros del presupuesto (vicio de todos los gobiernos argentinos); las famosas “Actas de París” convirtieron en deuda consolidada unos débitos que habían de saldarse con mercaderías; y se dispendió y se dispendia las “divisas” del Banco Central en mantener el nivel artificial del peso mientras aumenta la inflación interna por suba de precios; tercero, se han hecho copia de operaciones ruinosas (no ruinosas para los gestores dellas) con “increíble ignorancia o falta de firmeza” como las “revaluaciones” ilegítimas de la SEGBA o los famosos contratos de petróleo. El resultado es que de acreedores y acomodados en 1945 nos hemos convertido en 1960 en menesterosos y endeudados. Cada “cabeza” argentina debe actualmente al extranjero $ 8.647,10 contra 2.691,60 que debía en 1955; y si tan siquiera tuviéramos en las manos ese dinero “prestado”; pero… se ha evaporado, y no se ve en qué. Nuestros hijos, si los tenemos, van a tener que dirigir el 30% de las exportaciones del país a las manos de los usureros internacionales, por muchos años.
De segundo ejemplo, pondré los ferrocarriles. El ex Ministro Ingeniero Juan E. Maggi analizó en forma lúcida el problema de los ferrocarriles en la publicación especializada El Economista. De sus demostraciones se desprende: 1) Que la nacionalización fue una buena medida política en todo sentido. 2) Que el subsiguiente déficit (que fue pequeño) era justificable, siendo en gran parte una especie de subsidio al bajo costo de la vida y a la población del interior. 3) Que el déficit posterior a 1956, diez veces mayor, es injustificable. 4) Que el actual “estado desastroso” del problema se remediaría con buena administración y buenos políticos y nulamente con la “privatización”; que es el viejo cuento de “tejer y después destejer”, tan caro a los gobiernos débiles y casquivanos, y a la prudente mujer de Ulises[3].
Los demás puntos desta sección, que son muchos y buenos, pueden cifrarse en una frase poética: apenas vieron a la Argentina por falta de estabilidad política demantelada, los buitres cayeron sobre ella como sobre un cadáver; frase mía que por cierto nuestro autor, tan comedido, no prohijaría.
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La segunda sección es la presentación de las realizaciones del gobierno argentino de 1945 a 1955. Es la parte “árida y desierta” del libro, pero es de granito; quiero decir, que exige atención intensa y para asimilarla del todo, haber leído en su vida por lo menos a Adam Smith y Federico List[4], pero no deja de aliviar una brisa fresca al caminante, consistente en la claridad soberana de la exposición objetiva y serena, y sin una sola palabra destemplada. Así que, no teniendo esa sección flores, yo añado aquí las flores, no pudiendo resumir las conclusiones y demostraciones. Ellas están expresadas en números y en fórmulas tan rigurosas como el álgebra. Uno de los capítulos mejor hechos es el VIII, “Historia y Análisis de la Inflación”. Sin duda posible queda establecido que la inflación estaba vencida en 1953; y que después de 1955 tuvo su “retour offensif”. Números cantan. También es indudable que el viraje en la conducción económica de 1955 tuvo en su fondo el único y fundamental objeto de la “redistribución del ingreso nacional” de unos sectores sociales a otros. Díganlo con palabra más fuerte, si quieren, el autor no usa palabrotas, sino una florentina cortesía.
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La tercera sección: la cuestión doctrinaria es más agradable para mí, por ser filosófica; pero hubiera preferido yo que el autor no dejara el terreno técnico-económico y nos hubiera brindado un resumen de las 344 páginas precedentes tan nítido como su “Prólogo”. Pero cada autor entiende sobre lo que quiere hacer, y es impertinente dictarle lo que debería hacer. De todos modos, una exposición clara y sólida del Capitalismo, el Neoliberalismo, el Marxismo y la Doctrina Social Cristiana, aunque no sea original ni novedosa, nunca jamás está demás.
Para aprender y – Al fin sobresalir, – Repetir, repetir y repetir.
Quiero decir que esos lugares comunes filosóficos necesarios, hay que machacarlos a martillo hoy día; no que el autor se repita, sino que repite los tópicos de los sociólogos cristianos; o simplemente sesudos; en su propio lenguaje y pensar, que es excelente y siempre en el marco concreto de su alegato.
La solidez del libro es granítica: ella se asienta sobre el sentido común y una asimilación de la doctrina de los mejores economistas y sociólogos, a través de una mente lúcida y sutil, prodigiosamente informada. Que el libro sea un alegato pro domo sua[5] puede ser; pero eso no quita que sea legítimo y objetivo. La masa de estudios, información y meditación que este volumen supone, es excepcional; ventaja de haber estado en la cárcel; –pero no ocioso– ni culpable. Añádase a esto la heroica templanza de la expresión: el autor aspira a la concordia de los argentinos, lo contrario de la revancha. Sus juicios están expresados en términos certeros; lo cual no les quita, vive Dios, el filo.
Este libro, escrito por un argentino, representa para nosotros una victoria superior a las transitorias del tratado Miranda-Eady[6] o la del Banco Central Nacionalizado, por ejemplo. ¿Será posible que quede sin dar frutos o “hacer impacto”, como dicen hoy? Esperemos que no. Por lo menos quedará como un indestructible (hoy dicen “irreversible”) testimonio en la Historia. Pero ¿habrá Historia en el mundo próximo, amenazado por la invasión de los Bárbaros?
Speriamo, como dijo el italiano cuando compró de pichincha tres ataúdes de segunda mano.
Formulando egregiamente esta esperanza fúnebre de “La Patria Grande, Justa y Soberana, fortificada por la paz cristiana, por la cual he luchado y anhelo para mis ocho hijos”, y editándola a propias costas, Cafiero ha merecido bien del país.
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Cinco Años Después, un Libro de Cafiero (II Reflexiones)[7]
Si quieres ser feliz
Como me dices,
No analices, muchacho,
No analices.
El libro de A. F. Cafiero Cinco Años Después nos da un cuadro fidedigno del proceso económico financiero de este país durante quince años 1945-1960; una especie de radiografía. Al acabar de leerlo uno tiene delante simplemente un hecho, científicamente establecido; y desde ese hecho, la reflexión personal se desparrama en todas direcciones.
Sería muy simplista y sumamente odioso afirmar que la raza anglosajona es pirata por naturaleza, o por lo menos, se hizo pirata desde el Quinientos o el Seiscientos –por el hecho de que en ese tiempo los piratas ingleses fastidiaron en grande a España y sobre todo a sus colonias americanas; o bien porque la enorme masa de dinero que contribuyó eficazmente a la hegemonía inglesa durante los dos últimos siglos (Ochocientos y Novecientos) procede directamente de las inversiones hechas por la Reina Isabel I (o su Ministro Cecil) con los tesoros robados que les trajeron los piratas Drake y Morgan, unidos a los bienes de los monasterios ingleses arrapiñados por Enrique VIII y su aprovechada Corte; –origen del Capitalismo Inglés. Como digo, no se puede construir toda la fisonomía de una compleja nación donde ha habido también nobles letrados, hombres religiosos (y aun mártires) sobre un solo punto particular; aunque ese punto sea verdad, como lo es.
Pero sí se puede afirmar que el comportamiento contemporáneo del imperialismo inglés con la Argentina ha sido piratesco; y eso no sólo durante las Invasiones Inglesas, sino sobre todo después de 1853. Una piratería más sutil que la de bombarda y machete desde luego; y una piratería que no hubiera prosperado de no existir la tontera de los argentinos; no de todos los argentinos, sino de los que ahora tienen estatuas. Bien se defendieron nuestros antepasados hispánicos de los piratas de machete; mal nos defendieron nuestros gigantes padres criollos de los piratas de la moneda.
Dirán que todas las naciones hoy día son lo mismo; y que la pasión del Ministro Miranda para vender caro las viandas argentinas a un pueblo famélico, se da la mano con la maniobra dolosa y desleal, con quiebra de palabra de la “inconvertibilidad de la libra” del 20 de agosto de 1947; verdadera estafa en el fondo[8]. Así que todos nomás somos piratas. Un momento: todas las naciones hoy día son en algún grado “mercaderas”; lo cual se aparenta un poco a la piratería, mas no es lo mismo. La ética del comerciante no es la ética del guerrero, ni menos la del Santo; pero es una ética, y el pirata no tiene ninguna. Miranda decía: “Si me venden caro, yo vendo caro; y si tienen hambre, no es asunto mío”, actitud de comerciante. Pero Lady dijo: “Nos comprometimos a pagar. No pagamos”.
Como anotó y previó Karlos Marx, lo económico está hoy día en la cima en casi todas las naciones –gobernadas por la burguesía– por desgracia; lo cual es un grave desorden, una verdadera inversión o sodomía, porque lo económico no es la cima del animal racional. Eso no quita que lo económico pueda ser en un momento dado el problema más urgente; porque “primum vivere, deinde philosophari”, y eso pasó en este sesquidecenio magistralmente analizado por Cafiero. La Argentina se vio en la necesidad de romper su estructura de economía pastoril y dirigida de afuera, y hacer un esfuerzo por salir de su estado de país subdesarrollado y colonial. Se dio una coyuntura excelente para eso, la coyuntura comenzó a ser aprovechada, y a mitácamino se frustró; y volvimos al “come prima, peggio di prima”[9].
Es vano culpar a la “piratería” inglesa y yanqui de ese fracaso; la culpa principal estuvo aquí dentro, aunque fuese verdad que las espoletas nuevas que usó la artillería de marina en 1955 para tirotear a Buenos Aires, fueran suministros de la flota inglesa. Fue una verdadera calamidad para el país que el Presidente legítimo de los argentinos (que tenía buenos Ministros de Economía y Comercio, un plan excelente, energía para perseguirlo y apoyo popular) se dejase llevar a un conflicto pueril y absurdo con la Iglesia, que le fue fatal. No que eso haya sido la causa de su caída: las causas de fondo fueron económicas, o hablando exacto y crudo, usurarias. Eso otro fue el mango del cuchillo que él brindó en bandeja de plata a sus encarnizados enemigos. Lonardi procedió con el mayor desinterés y buena fe del mundo; también fue fatal que estuviera ya herido de muerte en su salud. “Al primer militar sedicioso que venga a pedirme la renuncia yo lo derribo de un balazo, pues soy el Presidente legítimo de los Argentinos…” Eso, aunque lo dijo, no lo pudo hacer. A un levantamiento militar que se puede dar como legítimo, sucedió una sedición. La dirección de la Argentina viró 180 grados.
El Justicialismo fue realmente en lo económico una revolución incoada: el intento de sustituir la economía liberal por una economía más realista (contra el tremendo poder de la rutina, el prejuicio y el privilegio), por una economía mucho más aparentada al Cristianismo y también al estado real del mundo de postguerra que su adversaria. Separando los perifollos y follajes (a veces ineptos) de que lo revistió la propaganda que chocaban a los hombres de buen gusto y ofuscaron a muchísimos –como la pretensión de Mendé de que el Justicialismo era un Supercristianismo– la verdad es que en su fondo representaba por lo menos un gran paso en la conducción de un país latino y cristiano y ocultamente avasallado. El famoso estribillo tripartito[10], aun exagerado en su pretensión, era sólido en su aspiración; y el pueblo intuyó que era sincero.
¿Hay que decir que la raza anglosajona es más inteligente que la raza española? Eso son gansadas. Pero sí hay que decir que actualmente los yanquis y los ingleses son más vivos que los argentinos; y también mucho más cultos y preparados. Un lingüista comprobaría esto con la comparación de la lengua que de hecho se habla y escribe aquí con la ídem ídem de Norteamérica: un novelista yanqui de tercer orden, por ejemplo, Ben Benson o Rex Stout, vale más intelectualmente que Borges, Mallea y Murena juntos. Un siglo de Liberalismo ha atrasado si no la inteligencia, por lo menos la cultura argentina; porque lo primero que hizo fue arruinar la educación pública. Un liberal no es siempre un hombre de mala fe; pero es siempre un tarado mental.
Pero atención, no nos desanimamos; el sol de Dios sale en todo el mundo y hombres de talento no faltan en nuestro país. De repente aparece un Cafiero y escribe un libro de granito. Los libros buenos que se escriben en la Argentina, que son muy pocos, tienen una cualidad especial, por el hecho de haber sido “creados” a contracorriente, contra enormes dificultades. Después de haber hecho una comparación mineral, yo añadiría una vegetal, diciendo que tienen veta de quebracho, aunque sin olor de sándalo ni suavidad de cedro.
Pero la mejor de todas es la comparación animal: han sido escritos con sangre.
El inglés formado en Oxford o en Cambridge se ha formado en automóvil con chofer; mas el argentino que consigue formarse bien aquí (que no son muchos), el “argentino europeo” como si dijéramos (pues todos los argentinos son [europeos] o bien “enanos de por acá”, se ha formado penosamente a tracción de sangre. En carreta; y tirando él mismo de su carreta.
Por suerte todo eso tiene remedio; aunque yo ciertamente no lo veré en esta vida. Pide largos años, mucho esfuerzo, sacrificio e inteligencia. ¿Y eso dónde está? No ciertamente en los mentirosos y ladronzuelos que pululan por este Buenos Aires. Está en las manos de Dios. Está en buenas manos.
[1] Dinámica Social nº 134, diciembre de 1961, pp 23-24.
[2] Este primer párrafo fue mal impreso en el nº 134 y aparece corregido en el siguiente, enero-febrero de 1962.
[3] Winston Churchill expresó ante la Cámara de los Comunes gran satisfacción porque sus amigos retomaban el control de la Economía argentina: “La caída del tirano Perón en Argentina, es la mejor reparación del orgullo del Imperio y tiene para mi tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra Mundial, y las fuerzas del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida ni tampoco después de muerto”.
[4] Cfr. “Cristo Rey”, Domingueras Prédicas, Jauja, Mendoza, 1997, pp 329-330; Castellani por Castellani, Jauja, Mendoza, 1999, pp 137; 289.
[5] A favor de su causa.
[6] Sobre el futuro de los ferrocarriles ingleses y el desbloqueo de los saldos en libras que el país tenía en Inglaterra (1946).
[7] Tribuna, San Juan, 14-II-1962.
[8] Inglaterra salió maltrecha de la Segunda Guerra Mundial; por ello el 20 de agosto de 1947 suspendió la convertibilidad de su moneda, y se negó a desbloquear las libras que nos adeudaba. Sólo estaban dispuestos a pagar si la Argentina adquiría mercaderías británicas.
[9] Igual que antes, peor que antes.
[10] “Una Argentina justa, libre y soberana”.
