Comentario a La Paga del Soldado[1]
¿Quién sabe por qué todos los que llegaron a ser escritores después de ser lavaplatos en algún bar, y que después vendieron diarios en las esquinas e hicieron de limpiacoches nocturnos en los garages, ocuparon una banca de diputado y fueron líder de algún partido para dar después la vuelta al mundo en bicicleta, tienen una manera personalísima de tratar algunos aspectos esenciales de la vida, en primer lugar el sexual? Tal la impresión que refería yo al escritor X. Y., quien lacónicamente me contestó: “Cuestión de educación”. En verdad quería decir de educación deficiente, falta de educación de fondo, inicial, de principios. A nuestro parecer más o menos lo que sucede con los autodidactos: que pueden saber muchas cosas, pero que difícilmente poseen esa educación cultural que sólo es asimilada a través de regulares estudios humanistas y que siempre perdura. Diría casi hasta cuando se abandona completamente, o por lo menos, el estudio.
Tal es lo que pensábamos mientras leíamos La Paga del Soldado de William Faulkner, que es sobre todo –si no exclusivamente– el sucederse de tres aspectos sexuales presentados por las tres heroínas de la novela. Estas tres mujeres rodean a un repatriado, oficial de la aviación, mutilado, muy mutilado pero que sin la más mínima ayuda ni algo que se parezca a una enfermera realiza un prolongado viaje por ferrocarril para regresar a su casa. No logra decir más que “sí” o “no”, casi sin saber qué contesta; y dormir. A pesar de eso las tres heroínas del caso están convencidas de enamorarse al punto de disputárselo para casarse con él. Pero el mutilado fantoche se manifiesta una vez a la altura de la situación y, después de casarse con una de ellas, muere.
Así como a menudo las cosas absurdas –sexuales especialmente– gustan como las paradojas, este libro de Faulkner fue recibido por el público y la crítica (más por el público que por la crítica) como una joya made in EE.UU. El brillante y flexible estilo del autor no logra con todo, según nuestro criterio, justificar tanto éxito.
[1] Dinámica Social Nº 67, página VI de la sección “Ideas y Actores”, abril de 1956. (Sin firma).
