Cuatro Caminos y Una Sola Salida

Cuatro Caminos y Una Sola Salida[1]

 

A J[uan] P[ablo] O[liver)*,

perito en Economía e Historia.

 

Recién esta madrugada reflexioné sobre nuestra conversación de anoche. Anoche tenía la cabeza humosa. Estaba cansado.

Su clasificación de las medidas posibles en la presente situación política es exacta. Son cuatro posibilidades, all right, y nada más que cuatro.

1ª. Elecciones puras, limpias, íntegras, etc.; vuelve Perón.

2ª. Elecciones con trampa: mantener el pantano actual. Poco importa sea solamente “una trampita más”, como defiende nuestro común amigo Boni[2]: “magis et minus non mutant speciem”[3].

3ª. Dictadura Gorila; o sea, prepotente, atropelladora, arbitraria; y por ende, impopular, efímera.

4º. Dictadura Popular, o sea, como la de Julio César: que atraiga la adhesión popular con rápidas medidas apacibles, que no son imposibles; como frenada seca de la inflación, abaratar la vida, soltar los presos no criminales, poner en orden a la CGT, promover a Guevara[4] a su merecido lugar, castigar (algunos) ladrones, mostrar consideración a los “curas” sin mucha devotería, etc.

“Definiciones políticas indispensables” –dice hoy un charlatán conocido, el cual promete “dinero, justicia y libertad”… si le dan el poder. No se puede tener de golpe todo: mucho sería si empezáramos por la justicia; de la cual él es probablemente un prófugo.

“Definición política indispensable” es la suya de Ud. La cuarta posibilidad es la única que no se ha probado, y no se quiere probar: es “nacionalista”. Mucha gente que hoy actúa y medra, odia más que a nada al Nacionalismo católico. Es un odio de raíz religiosa. Odian más al Nacionalismo que al Comunismo, y algunos, sabiéndolo o no, odian en el fondo al Catolicismo.

Ahora bien, yo tengo el pálpito muy vivo de que una de las dos dictaduras está en camino hacia aquí: de necesidad; porque la nación argentina, tal como hoy está, no puede ser gobernada sino por un gobierno recio y probablemente siempre fue así; y hay que elegir entre la dictadura del as de bastos o la del as de espadas: el garrote del bandido o la Espada de la Ley.

Es posible que esta alternativa que digo inevitable se demore, y que no la veamos los que tenemos ya medio pie en el hoyo. Es posible que sigan tallando el as de oro y el as de copas; o sea, el poder del Gran Dinero poderoso caballero, y el poder de la mamada superstición liberal; porque esa superstición para muchos ha sido mamada en la cuna y yo nunca he hablado con un liberal sincero sin que no me parezca vagamente “mamao”.

Estas dos fuerzas respaldan la solución segunda nefasta.

Si esto sucediere así (Dios nos libre), la permanencia agónica de la democracia dolosa hará perder al país tiempo, dinero, buen nombre, ánimo, si no la misma existencia: el pueblo se desalentará más y más, con regocijo y avance del Maldito; o sea (el diablo sea sordo) del Comunismo.

“Habrá sediciones y revoluciones, guerras y rumores de guerras, odios entre los pueblos y terremotos por muchos lugares; pero todavía no es el fin” –dicen los Libros Santos [Mt. 24, 6].

Con la predicción mía (léase “de Ud.”) puede pasar lo mismo que con la de Donoso Cortés el 30 de diciembre de 1850 (“porque la dictadura en circunstancias excepcionales es un gobierno bueno, es un gobierno aceptable, es un gobierno excelente” –Discurso sobre la Situación de España) en que el joven y ardoroso Marqués de Valdegamas dio a elegir a su patria entre “la dictadura del sable o la del puñal”; y proclamó ante las Cortes que, aunque a él personalmente la dictadura no le gustaba y él sería físicamente incapaz de ejercerla, que en algunos casos una dictadura se volvía inevitable.

La predicción se cumplió a la letra, pero cien años después: España probó la dictadura de los asesinos y después se salvó en un tremendo esfuerzo con la dictadura de un hombre honrado. Pero la verdad es que, durante todo el lapso intermedio, las cuatro soluciones asomaron la cabeza y se turnaron en un continuo desorden y decadencia nacionales: gobiernos de Espartero, de Prim, de Serrano y Topete, “Restauración” de Alfonso XII, electoralismo y libertad liberal de Maura, Canalejas, Lerroux, Romanones y Berenguer, etc., etc. Eso puede pasar aquí también por mucho tiempo; aunque me parece que las cosas van marchando ahora a un “tiempo” muy acelerado, pues no estamos ya en el beato siglo XIX.

Propiciar la solución cuarta debe ser ahora el hipo de todo argentino honrado que disponga de resortes.

Ahora bien, las famosas FF.AA. son las únicas que pueden fundar esa solución; por la sencilla razón de ser las únicas que pueden traerla. No se ve otro camino.

Hay que rogar a Dios que una parte viva del Ejército (todo él no sería posible, recordar la anécdota de los quince millones a los tres Generales) –que una minoría honrada actuante reciba del cielo la inspiración y decisión necesaria. Y que se cumpla entre nosotros lo que formularon Belloc y Spengler, que creo es un pensamiento de San Agustín:

“En todos los momentos de la historia en que una nación ha periclitado, fue un grupo de soldados con un jefe heroico a la cabeza quienes han salvado la civilización”.

Nuestro común amigo el Coronel Guevara ha dicho en su primer “Mensaje” lo siguiente:

“Estrangulamiento del poder civil para imponer al país una dictadura abierta o descubierta, o bien una fraudulenta solución electoral…”

Es la situación actual. Los dos cuernos del dilema se dividen en otros dos caduno y dan las cuatro posibilidades de que hablamos.

 

Suyo

Leonardo Castellani Conte Pomi

 

[1]  Probablemente en Azul y Blanco. (En el manuscrito Castellani anota: “Navidad del año 60 –o muy cerca”).
[2]  Bonifacio Lastra.
[3]  Lo más y lo menos no cambian la especie.
[4]  El Coronel Juan Francisco Guevara fue la mano derecha de Lonardi en la sublevación que puso fin al gobierno de Perón.