El 25 de Mayo

El 25 de Mayo[1]

Preludio[2]

 

Yo debo mucho agradecimiento a San Juan, y lo único que puedo ofrecer en cambio del pan, como los mendigos, son palabras.

Yo no soy historiador, y en el fondo no sé muy bien lo que soy. Soy revisionista pasivo, es decir, un hombre que soporta a los revisionistas.

En el sentido de ser una reacción contra la mentira, todo hombre honrado es revisionista. Me dicen que en San Juan el revisionismo histórico ha prendido fuertemente, eso me alegra, pues es señal de honradez; y también, de haber llegado mentalmente al estado adulto: los niños viven de mitos, los poco honrados y los cobardes viven de mentiras, los adultos viven de la Verdad.

¿Qué ganamos con que vengan unos señores de afuera a decir aquí que de todo lo que sabemos está mal?

Lo que está mal es la Argentina; y la salvación probablemente vendrá del Interior.

Esta presunción se está afirmando cada vez más en mí desde hace años. Poco importa que yo sea provinciano; muchos porteños también la dicen. Yo no digo que Buenos Aires no tendrá parte en la Nueva Reconquista; la tendrá, pero ella le será impuesta desde el Interior.

Esta presunción no se basa en la filosofía; es más bien en mí como una impresión inefable casi irracional.

Si intento razonar esa “impresión inefable”, encuentro tres razones por las cuales el Interior entrará un día a tallar; las cuales no se vayan a creer que son: 1ª, que yo soy provinciano; 2ª, que me gustaría que así fuera; y 3ª, que estoy halagando el amor propio del público; sino más bien estas tres: 1ª, en el Interior hay más asiento intelectual; 2ª, el Interior ha sufrido más y ha pecado menos; y 3ª, el Interior no ha hecho ni hace el pecado imperdonable, el pecado que trajo la ruina de Jerusalén, que es el “matar a los profetas y eliminar a los servidores de la Palabra”.

En el Interior no le da a uno la tentación de decir: “Dejemos a este pueblo cretino que se vaya detrás de los mentirosos y los charlatanes, a ver dónde va a parar”. Aquí en el Interior uno ve que el pueblo argentino no es cretino.

Respecto a la 1ª razón, que en el Interior hay (quizás no más entendimiento) pero sí más asiento intelectual, aclararé que eso quiere decir lo que dijo Martín Fierro, condenando el vicio de la frivolidad (y perdonen use una palabra francesa, pues es un vicio francés), el cual notó Martín Fierro al decir:

 

Que mejor que saber mucho

Es el saber cosas buenas.

Y también en otro lado:

Sepan que olvidar lo malo

Es tener buena memoria.

Entrando en materia, la pregunta sería “¿Qué es el 25 de mayo?” –¿Qué me vienen a preguntar a mí, que no soy historiador? Es que los sedicentes historiadores que hablan por muchas Radios y muchos Diarios en estos ambiguos y sospechosos festejos dicen tres o cuatro cosas diferentes y algunos no dicen nada y algunos dicen mentiras.

Vamos a festejar pues el 25 de mayo y el 9 de julio retrasadamente con el incienso que más le gusta a Dios, que es la Verdad; o digamos con modestia, la sinceridad.

Nosotros somos el 25 de Mayo de 1810, wir sind Utopia[3] creo que es la frase más feliz que he oído durante estos ambiguos festejos, quieren decir, que nosotros tenemos que resucitar al 25 de mayo de 1810 si queremos que no sea una mera farsa este cumpleaños de la patria. Es decir:

Sean eternos los laureles

Que debemos conseguir,

 

porque si nosotros no conseguimos algunos laureles, aunque sean modestos, los laureles de 1810 no serán eternos. Están bastante mustios; y la hojarasca de flores de papel que les echan encima ahora, no remedia nada; y en parte, es una matufia, una falsificación.

La falsificación es quizás actualmente la peste máxima deste país: se falsifica todo. Esto hace recordar el cuento de la Mosca Suicida. Le dijo a una compañera: “Aquí todo está falsificado: comes azúcar, está falsificada; comes leche, está falsificada; comes manteca, está falsificada; así que me suicido”. Y se tiró de cabeza a un papel matamoscas; pero no murió, porque también el papel estaba falsificado. Así me ha pasado a mí: estuve a punto de asfixiarme porque soy chambón para defenderme; pero los que me perseguían también eran chambones.

No debemos afligirnos demasiado de que tengamos que empezar de nuevo y resucitar el 25 de Mayo y el 9 de Julio; porque, aunque eso sea una ocasión de romperse el bautismo, también es una ocasión de salvar el alma. Para que Dios nos perdone nuestros pecados, no podemos hacer como nuestros abuelos europeos que se ponían una Cruz roja en el pecho y se iban espada en mano a pelear por el Santo Sepulcro; pero podemos hacer cosas que en otro orden son parecidas a ésa –en suma, podemos hacer “hazañas de caballería” en servicio del Bien Común como las que hizo Scalabrini Ortiz y salvó su alma; y otros argentinos que no van a Misa, sirven a su patria y al morir se confiesan– porque el Bien Común está conectado con Dios y pertenece al Primer Mandamiento; porque Dios es según Santo Tomás, el Bien Universalísimo; y así los bienes más universales son los bienes más divinos; y el que trae a una nación un bien universal, ama a su prójimo con eminencia: y ama a Dios, a veces sin saberlo, por delegación.

 

25 de Mayo[4]

 

Cuando era estudiante, un gran sacerdote me dio el consejo de hablar siempre que pudiera, me dijo que un sacerdote debe hablar siempre que se lo pidan, en donde sea: velorio, bodas, banquetes o funerales. Este sacerdote era andaluz: el Arcipreste de Huelva. En estos últimos diez años en que he tenido que ir a Misa los domingos, y por tanto oír innumerables sermones del clero argentino –no muy mejores que los sermones que con el nombre de El Clero Argentino publicó Adolfo Carranza en 1910– el consejo del Arcipreste se me borroneó; pues sin debitar ni poder debitar vi y oí a sacerdotes que ciertamente era mejor que no hablaran. Ahora bien, no tengo bastante modestia para pensar que yo uno desos sacerdotes que sería mejor no hablaran. Y aquí me tienes Uds. hablando[5].

Lo que voy a decir hoy parecerá negativo; supuesto que el trabajo positivo de tocar el bombo al 25 de Mayo ya está hecho por innumerables locutores, conferenciadores y escribidores, figurones y habladores a sueldo. Yo no necesito ya amar a mi Patria con la boca. Cuando era joven hice innumerables versos a los Granaderos (ahí está Don Alberto Graffigna… y se rió mucho[6]), al negro Falucho y a la Pirámide de Mayo –porque yo he amado a mi Patria con el cuero. Si este país fue bastante bueno para mis abuelos, es bastante bueno para mí. Me dirán que ahora está mucho más feo que en tiempo de Sarmiento, cuando vino mi abuelo; les diré que miren un poco lo que era Francia, p. ej., en tiempo de Hugo Capeto, ciento cincuenta años después de su “independencia”, o sea, después de la muerte de Carlomagno; ciento cincuenta años es poco tiempo. Me dirán que Hugo Capeto no era Hugo Capato; que la Francia en ese tiempo no era un país cretino; les diré que este país no era un país cretino; les diré que este país tampoco es cretino. Mucho cretinismo y mucha mentira hay en el aire; pero también hay gente honrada, hay gente inteligente y hay Caballeros de la Verdad, que hacen a la Argentina capaz de ser amada:

 

Mentira quiere la gente

Y el aire lleva mentira.

El que dice que no miente,

Que diga que no respira.

 

Bueno, algunos no respiran, y se asfixian; pero antes de morir dan una patada que despanzurra diez o doce mentiras –como Hugo Wast[7]. Yo de mí puedo decir que he estado en algún tiempo a punto de asfixiarme, pero no me asfixié.

¿Qué dirá la Filosofía y la Historia Universal del 25 de Mayo de 1810? Pues lo mismo que dice ahora y que no todos entienden. ¿Y cuándo lo entenderán todos? Los lectores de la Prensa, nunca; digo de La Prensa de Buenos Aires, que en paz descanse.

El 25 de Mayo fue una rebelión de las Colonias Españolas contra la Metrópoli; –El 25 de Mayo fue una emancipación de las colonias españolas de con España– así dicen los historiadores alemanes que poseo, a saber, Schnabel, Walter Stein, Weiss y Ranke –sublevación o emancipación según el historiados sea tradicionalista o progresista, según para dónde le sople la ventolera de la ideología; y elijo los historiadores extranjeros más lejanos posibles, no españoles ni ingleses. Pero sea sublevación o sea emancipación, fue un suceso chico, un suceso secundario, fue una arruga en un lago, no fue la piedra echada al centro del lago; fue una olita lejana de la tempestad que en Europa se llamó “Guerras Napoleónicas” y “Revolución Francesa”; y en España se llamó “Guerra de la Independencia”, o más popularmente “La Francesada”. El pueblo español llamó a la Revolución Francesa, y a esa especie de ciclón en armas que durante quince años azotó a Europa, “La Francesada”.

“La grandeza inconmensurable de la epopeya de este joven y altivo país, que es el suceso político más grande del siglo XIX…”, como dijo un locutor de Radio, más de uno; y un Presidente Sudamericano, o más de uno… es una grandeza inconmensurable solamente para nosotros los argentinos; y entre los argentinos, más bien para aquéllos a quienes ahora les va bien; para el Universo, y por tanto para la historia universal, fue un suceso chico, sin novedad, y bastante previsto. Voy a traducir lo que dice de 1810 el Kulturfahrplan de Walter Stein; “die wichtigsten Daten der Kulturgeschichte”, que es un Atlas o enorme Mapa de “los principales datos de la Historia del mundo”, la mejor obra que existe en ese género. A ver si realmente fue el suceso político más grande del siglo XIX: ni siquiera para nosotros fue el más grande: más grande fue el 9 de julio.

1810 –Napoleón 1º se casa con María Luisa, hija del Emperador Austríaco. –Es fusilado en Mantua Andreas Hofer, campeón de la libertad del Tirol en contra de las tropas francesas, campeonas de la Libertad en general. –Muere Luisa, Reina de Prusia. –Francia se anexa el Reino de Holanda, la región Renana a ambos lados del Rhin, y el Principado de Hannover –en nombre de la Libertad. –Nace el Conde de Cavour. –Carlos XIII de Suecia adopta como heredero al soldado francés Bernadotte… (y se acabaron los grandes sucesos políticos del siglo XIX, no está el 25 de Mayo, sigo leyendo a ver si está entre los sucesos culturales)…

“Kleist escribe su obra maestra Catita de Heilbronn, drama fantástico. –Alfredo de Musset nace. –Walter Scott publica La Doncella del Mar y Madama Staël su obra Alemania. – Fichte funda la Filosofía idealista, y Görres los estudios de Religión Comparada. –La Universidad de Berlín publica las Obras Completas de Platón. –Florece la escuela de pintores llamados “Nazarenos” (pero no con la firma de Risieri Frondizi)[8]. –Beethoven compone su ópera Egmont, nace Chopin, nace Roberto Schumann. –Vercelius decubre un nuevo cuerpo simple, el Silicio; Goethe, la teoría de los colores, Henschel los actuales motores para trenes, Hahnemann la homeopatía y König la prensa de encuadernar… La ley de la libertad de lucro promulgada en Prusia. –No hay más. Eso es todo.

El 25 de Mayo de 1810 no está, la Argentina tampoco.

Busco entonces 1811, porque como ustedes saben hay historiadores argentinos que sostienen: que fue realmente en 1811, el 6 de abril, cuando la Libertad con las alas extendidas, descendió sobre nosotros[9]. Y allí dice:

“Uruguay, Paraguay, Colombia y Venezuela, independientes de España”

Del 6 de abril argentino, nada.

Sigo mirando los años sucesivos; y nada.

Y al fin en 1816, encuentro este renglón:

“Argentinien unabhängig von Spanien; Bürgerkrieg zwischen Unitarien und Fäderalisten” –Argentina independiente de España: guerra civil entre Unitarios “und Fäderalisten”; o sea, una independencia seguida de una guerra civil, que según los historiadores argentinos ordinarios duró casi cincuenta años, encarnada al final en un “Sangriento Tirano” fäderalist. Quiere decir que la Libertad todavía no aparece, anoser la libertad de matarse unos contra otros: hay independencia de España y guerra con España, hay guerra civil argentina, hay matanzas y asesinatos políticos, hay una dictadura, hay intervenciones armadas de potencias extranjeras (con complicidad de argentinos a los cuales hoy día les hacemos estatuas), hay guerra declarada con Inglaterra y Francia, hay pérdidas irreparables en el territorio nacional, como las Malvinas, hay empréstitos con hipotecas de la Banca Judía (Baring Brothers), los cuales empréstitos hicieron perder la guerra con el Brasil, dejaron a la Nación con una enorme emisión de dinero inconvertible y fueron acabados de pagar en 1904, más de siete veces lo que había recibido Rivadavia en préstamo; o sea, el 700% de interés; 23.734.706 pesos en oro por tres millones recibidos en crédito. En suma, después de 1810 hay un período de convulsión y falta de paz y de libertad que dura exactamente nueve veces más que la Revolución Francesa.

En un período más corto, de veinticinco años exactos, de 1810 a 1835, sucedieron en la Argentina los siguientes fenómenos, tres fenómenos nacionales y diecisiete fenómenos de entrega nacional:

 

1- el primer. abogado a sueldo del extranjero (Moreno).

2- el primer fraude electoral (Junta de Notables).

3- la primera hipoteca capitalista (el Cap. inglés Eliot).

4- la primera claudicación política (libertad absoluta de Comercio).

5- el primer “dumping”.

6- el primer “cártel”.

7- la primera empresa argentina tremendamente combatida (Anchorena-Rosas).

8- el primer “sabotaje”.

9- la primera “campaña de prensa” contra el interés nacional: nace se puede decir, la actual “prensa gorda” de Buenos Aires.

10- la primera “aflojada” del Gobierno (Pueyrredón).

11- el primer monopolio extranjero (cueros).

12- el primer empréstito usurario (Baring Brothers).

13- el primer “Banco Nacional”; es decir, inglés: judío más exactamente.

14- el primer escándalo agiotista (la “Mining” de Rivadavia).

15- la primera gran malversación de dineros públicos (tres millones nominales de Baring).

16- la primera víctima del decir la verdad (Dorrego).

17- El 1er entendimiento nacional, Pacto Federal, 1831.

18- la primera “deforestación”.

 19- el primer sangriento tirano depuesto elegido por la mayoría del pueblo: dictadores elegidos por sí mismos ya había habido dos o tres.

20- la primera ley protectora de la industria nacional: comienza la defensa de la economía del país 1831-1835.

 

¿Para qué decir esto? Pero tengo que decirlo porque he leído estos días El Clero Argentino de Adolfo Carranza que es una colección de sermones patrióticos pronunciados por curas patriotas (algunos de los cuales fueron después apóstatas), es el clero argentino que es honrado y festejado por los masones desde 1810 a 1830. Por supuesto que no es todo el clero argentino ni mucho menos; es un clero argentino escogido por un liberal. No voy a hablar deste libro, que es sumamente instructivo, porque pediría más tiempo, y además sería capaz de desmayarme aquí delante de todos. Lo único que quiero y debo decir es que las ilusiones, la ingenuidad, la capacidad de macaneo y la falta de visión, no ya profética, pero ni aun religiosa, que allí se ostenta es inconmensurable. Exceptúo deste juicio al fraile franciscano Castañeda, el cual sí sabe lo que dice y sabe lo que se pesca; y al poeta fray Cayetano Rodríguez. Nosotros, que hemos visto lo que pasó después, viendo lo que ellos decían que iba a pasar, nos desmayamos. El más aplaudido de todos (por los masones), Gregorio Funes, Deán de la Catedral de Córdoba, el cual parece no saber de España más que chismes y habladurías acerca de los adulterios de la Reina María Luisa; y además… que los conquistadores al llegar a América, lo primero que hacían era sacarles los dientes a los indios –convirtiendo así a aquellos rudos caballerazos en una especie de refinados odontólogos de afición– el Deán Funes, digo, hace un idilio de lo que va a pasar aquí si rompemos el yugo, sacudimos las cadenas y abrimos nuestro trono delante de todos los libres del mundo que… no se pueden Uds. hacer una idea… anoser oyendo los discursos actuales de Radio Nacional de Buenos Aires, que sé que tienen el buen gusto de no oír. La verdad verdadera es que el despotismo español no torturó a nadie en la Argentina, las torturas vinieron después, en el tiempo de la Libertad –o de la Libertadura. Pero pese a eso las torturas no son argentinas como no son españolas: las torturas pertenecer a la Bestia Humana, que es cosmopolita.

En suma, estos sacerdotes (que no eran todo el clero argentino, como he dicho) no predicaban el Evangelio sino el Telémaco, de Fénelon, el Emilio de Rousseau, y el Discurso sobre el Progreso del Marqués de Condorcet. Y la misión única del sacerdote es predicar el Evangelio… cuando lo dejan. A mí no me dejan. Y lo predico lo mismo.

 

*   *   *

 

Eso dirá la Historia Universal cuando se ocupe de nosotros. En cuanto a la Filosofía argentina, cuya cumbre es Francisco Romero, dice del 25 de Mayo –o debería decir– lo siguiente:

La filosofía se ocupa de las causas. Las causas de los sucesos históricos no son las palabrerías de los que toman parte –falsas muchas veces–; ni lo que dicen los politiqueros acerca de sus nobles y sublimes intenciones, ni siquiera los “Antisucesos”, es decir los sucesos inmediatamente anteriores; como si dijéramos que la causa de la muerte de César fue que el día anterior César comió lampreas y Bruto durmió mal; como nos decían en la escuela que las causas del 25 de Mayo fueron la Representación de los Hacendados de Levene, la invasión de España por Napoleón, y además French y Berutti; añadido todo al famoso: “El pueblo quiere saber de qué se trata…” Y el pueblo estaba callado en su casa. Llovía.

Las causas principales, aunque remotas de la Revolución de Mayo (Revolución en un sentido muy diferente del que tiene esa palabra actualmente) fueron la intriga inglesa y algunos grandes desaciertos de los Reyes de España: ésas son las causas grandes, universales; sin negar que haya habido causas menores aquí dentro. Pueden leer a Menéndez Pelayo sobre los desaciertos de los últimos Reyes del siglo XVIII (dos o tres Reyes) algunos de los cuales fueron desaciertos positivos y otros simplemente negativos; es decir, que algunos fueron desgobierno y otros falta o escasez de gobierno; de modo que el famoso “despotismo español” contra el cual insurgieron los patriotas –y sobre todo los malos poetas– no consistió en que había exceso de mando, sino paradojalmente escasez de mando a causa de la distancia, de la mala información; y sobre todo a causa de que España estaba metida hasta el cogote en los tremendos enredos europeos; y dividida en sí misma a causa de la prédica de los iluministas o afrancesados. Créase o no, la gente sensata de 1810 no salió de su casa sacudiendo sus cadenas en busca de que los soltaran, sino en busca de que los gobernaran. Junto con ellos salieron otras gentes que no eran sensatas.

En cuanto a la intriga inglesa pueden leer brevemente el B. C. C. (British Community Council), el Boletín del Consejo de la Comunidad Británica de Buenos Aires (vol. V, nº 7), y no necesitan más; y si sospechan que los ingleses se alaban allí demasiado, consultar Jacques Bainville “Histoire de France”, por ejemplo. Desde 1770, desde la Guerra de Sucesión Española (y aun antes), Inglaterra había hecho el propósito de despojar a España de sus Colonias, el cual se exacerbó después de la pérdida de sus propias Colonias Norteamericanas. Este fin confesado por Cromwell, Guillermo de Orange, Jorge III, Lord Ponsonby y Lord Canning… fue el “leitmotiv” de la política inglesa durante todo el tiempo: perseguido con firmeza, tenacidad, habilidad y… éxito. La independencia argentina fue un suceso que tenía que producirse, pero que por desgracia se produjo prematuramente: fue un suceso empujado. Tenía que producirse porque España la primera preparaba a sus colonias, que no eran colonias sino provincias, para el gobierno propio; dándoles todo lo que ella sabía: “todo lo que yo supe os he dicho, por eso sois mis amigos” –dijo Jesucristo a sus Apóstoles. En suma, se produjo esta situación: la Argentina no era todavía apta para gobernarse; y la España no era ya apta para gobernarla.

No digo que estas causas exteriores sean toda la causa de aquel Pronunciamiento que poco a poco se volvió Revolución; o mejor dicho “guerra civil entre españoles”. Aquel golpe que vino de afuera fue recibido aquí por una cosa viva no por una cosa inanimada: el movimiento que se comunicó no fue rectilíneo sino que se desvió y se duplicó y se triplicó, como lo ha hecho ver Federico Ibarguren en su libro Así Fue Mayo; brotaron tres movimientos diversos, que a su modo se puede decir duran hoy día; un movimiento que quería continuar línea de los siglos, de la sangre y de la Ley; otro movimiento que quería romper la nación y hacerla de nuevo sobre modelo extranjero; y uno tercero que quería sintetizar la tradición con el progreso. En los cuales movimientos, si queremos realmente ser hombres, y no queremos convertirnos en bestias, debemos ser capaces de distinguir el bien y el mal; y los hombres de bien (algunos dellos sin estatua), y los hombres de mezcla (la mayoría), y los hombres sucios; cuyas estatuas la gente las comienza a ensuciar.

Ahora bien, voy a contestar ahora a la pregunta que le hacen a uno apenas llega: “¿Cómo le parece a Ud. que va la patria?”, embarazosa pregunta. Creo que la patria verdadera podría dar la respuesta que dio el cacique Pinsén al Coronel Villegas: –“Pinsén ¿estás muerto?” –Dijo el indio: “Estoy encogido.” Se levantó y mató al Coronel con su propio sable.

Como todos los sucesos humanos el 25 de Mayo tuvo mezcla de bien y de mal; y como los charlatanes a sueldo y aprovechadores de “premios nacionales” ya han dicho demasiado acerca de los bienes –incluso inventando bienes enteramente inexistentes– quise señalar un poquito para el lado de los males, para desembocar en los bienes verdaderos; que es lo que nos importa ahora; pues de nada nos servirá el 25 de Mayo si no resucitamos el 25 de Mayo; y el sietemesino se les va a morir, si no lo ponen en la estufa.

Tres bienes mencionaré de los que veo en el 25 de Mayo: el primero es el coraje, virtud específicamente española, que nos está haciendo falta enormemente a todos; porque ahora hay una epidemia de algo que nunca habían sido anteriormente los argentinos, a saber, adulones y mentirosos, que son dos hijuelas de la cobardía, de la falta de coraje civil y militar. El coraje español se llama quijotismo, porque la valentía nunca es grande ni siquiera genuina si no se ejerce en pro de una causa justa; y es verdaderamente española, cuando la causa o es quimérica, o es difícil, es perdida como la del Quijote… y la de Felipe Varela. El hombre que quiere gobernar por el terror es porque él mismo tiene terror; y tiene terror porque es un cobarde.

Me dirán que poco coraje se necesita para golpear a uno que está en el suelo; y que nuestros gigantes padres golpearon a España cuando estaba tumbada por la invasión napoleónica; y con la mentira y el fingimiento encima, que son hijuelos de la cobardía; diciendo ellos que se levantaban en pro de Fernando VII. No es exacto ni justo decir eso, como nos ha probado ajustadamente el Dr. Vicente Sierra, Federico Ibarguren, Julio Lafont, y José María Rosa. En 1816 España ya estaba de pie; y antes también; y los hombres de Mayo hicieron el mismo gesto quijotesco que antes, el gesto que habían hecho antes, durante las invasiones inglesas; y, durante la intervención franco-inglesa: se plantearon delante de las potencias más grandes del mundo, como ayer se plantó Liniers, y mañana se plantará San Martín, y –después– el “sangriento tirano” Don Juan Manuel de Rosas. Y mañana se plantarán otra vez los argentinos, los jóvenes de hoy, si necesario fuera.

El coraje: la guerra de la Independencia norteamericana la ganó Francia, sin la cual los colonos yanquis jamás la hubiesen ganado; la guerra sudamericana la ganaron los argentinos solos, los cuales no aceptaron las tropas inglesas que les había ofrecido el gobernador inglés de Trinidad ya en 1797; cuando Francia quitó Trinidad a España y se la dio a Inglaterra. En suma, el primer bien de Mayo es que no somos descendientes de piratas; somos descendientes de hombres que eran hombres; y de los cuales no descienden los maricones que ahora los alaban por dinero.

El segundo bien moral que se ve en Mayo es que fue una Revolución dentro de la Ley, más aún, se puede decir, para restaurar la Ley. Las razones fundamentales que dieron los criollos para emanciparse fue que los Reyes de España habían violado la Ley Natural; y esas razones no fueron ficción. Incluso en esos sermones llenos de hinchazones y flatulencias del mediocre y digitado clero de aquel tiempo que he recordado, campean esas razones fundamentales: la expulsión de los Jesuitas y consiguiente destrucción de las Misiones, la destrucción estúpida de los Siete Pueblos, la exclusión de los criollos por el hecho de serlo de los altos puestos públicos –cosa que no existió en tiempo de Hernandarias pero existió en tiempo de Carlos III– y otros hechos que eran violaciones reales del Derecho Natural como por ejemplo los llamados “asientos de negros” y la entrega de la economía por el Tratado de Utrecht[10].

Un protestante, Huxley, ha escrito que los que aquí se rebelaron contra el Monarca se rebelaron porque eran más monárquicos que el Monarca. El gordo Chésterton diría con exageración que nos separamos de España porque España se había separado de sí misma; y que fuimos contra los godos, de puro godos que éramos. Esto es verdad al menos en parte: una parte de los patriotas de Mayo se rebeló no contra la Francia de Napoleón sino contra la España afrancesada. El descontento no era contra Isabel la Católica sino contra los Ministros masónicos de Carlos III y Fernando VII, contra el Conde de Aranda y Floridablanca.

El tercer bien moral que se ve en los hombres que fueron realmente buenos y más o menos grandes en 1810, es que aborrecían la mentira; o por lo menos no eran tan mentirosos como los gobernantes actuales. La mentira es la roña y la sarna que ahora nos enferma, la mentira en todos sus grados y en todas sus variedades, incluso el monedero falso; el monedero falso financiero, el monedero falso histórico, monedero falso moral y el monedero falso religioso: la propagación de falsos valores (que en lo religioso se llaman falsos profetas) es la mentira más peligrosa que existe. La mentira es el fondo de todos los pecados y pues el diablo es el padre de la mentira; y como consiste en la prostitución del lenguaje y el lenguaje es en instrumento necesario de la convivencia, la mentira entronizada y no combatida lleva a la destrucción de la convivencia; o sea lleva a la Discordia, madre de la Guerra. Si no nos embravecemos contra la mentira que hoy cunde en la Argentina, nos embravecemos unos contra otros, es decir, iremos a la Guerra civil; y que el diablo sea sordo.

“¿Qué es lo que se teme? ¿Que se trabe pendencia y se encienda la Guerra civil? ¡Mejor que mejor! Es lo que necesitamos.”

Esto escribió Miguel de Unamuno mucho antes de venir la Guerra Civil Española. Cuando ella vino, Unamuno se ablandó, se enterneció, se “sintió”, como dicen aquí, se “enfermó de España”, como él dijo. Pero jamás se desdijo de esta página en la cual estatuye –con razón a mi parecer– que entre una nación podrida en mentiras y una nación en armas dentro de sí misma, las dos están unidas por un cordón umbilical. Ninguna es mejor, las dos son peores, porque son madre e hija; y la manta que las cobija.

“Sí, es lo que necesitamos: una nueva guerra civil –prosigue Unamuno–. Una nueva guerra civil con unas o con otras armas. ¿No oís a esos desgraciados, de corazón engurruñido y seco, que dicen y redicen que estas o las otras disputas a nada práctico conducen? ¿Qué entienden por práctico esas pobres gentes?… ¿Qué es para ellos la práctica?…

“No faltan menguados que nos estén cantando de continuo el estribillo de que deben dejarse a un lado las cuestiones religiosas y resolver las cuestiones económicas; que lo primero es hacerse ricos y fuertes. Y los muy mandrias no ven que si no resolvemos primero nuestro más íntimo negocio, no somos ni seremos ni ricos ni fuertes. Gritémoslo: nuestra Patria no tendrá industria, ni comercio, ni caminos que lleven… a alguna parte donde merezca irse, mientras no descubramos de nuevo nuestro Cristianismo y nuestro Quijotismo. No tendremos vida exterior poderosa y espléndida y gloriosa y fuerte mientras no encendamos en el corazón de nuestro pueblo los fuegos de las eternas inquietudes. ¡No se puede ser rico viviendo de mentiras! ¡Y las mentiras son hoy día el pan nuestro de cada día deste pobre pueblo!”

Hasta aquí Unamuno. Que el Diablo sea sordo, y que todo esto que he dicho se vuelva mentira. No lo he dicho para afligir a nadie, pero no me van a venir a buscar a mí para que les eche flores y los rocíe con agua de Colonia. Para eso está Radio Nacional. Que el Diablo sea sordo y que lo que dijo Unamuno se vuelva mentira. Preferiría ser el único mentiroso deste país; y que se volvieran veraces y verosímiles todos los que hablan por dinero, y que dicen cosas muy bonitas –las cuales ninguno cree[11].

 

[1]  Conferencia en el “Teatro Cómico”, Buenos Aires, 30-V-1960, y luego repetida en San Juan.

[2]  Estas palabras fueron dichas en San Juan,

[3]  Nosotros somos Utopía.

[4]  Aquí comienza el discurso que Castellani pronunció en el “Teatro Cómico”.

[5]  Este párrafo fue suprimido en la conferencia sanjuanina.

[6]  Agregado en San Juan; se refiere al poema “Héroes sin Nombre”, Colegio de Santa Fe, Antología 1913-1916, pp 186-188.

[7]  Se refiere a la obra Año X, editada poco antes.

[8] En 1954 la Revista de Occidente publicó, en colaboración con la Universidad de Puerto Rico, la versión española del Discurso del Método de Descartes, con traducción, estudio preliminar y notas de Risieri Frondizi, “el especialista más solvente” en filosofía cartesiana según la editorial, y Rector de la Universidad de Buenos Aires desde 1957 hasta 1962.

Azul y Blanco probó documentalmente que la casi totalidad de las notas habían sido tomadas de los comentarios de Étienne Gilson al Discurso del Método (Vrin, París, 1947), y que el Descartes criollo sólo citaba en tres o cuatro ocasiones a Gilson y para refutarlo.

Luego salió a luz que en los comentarios de la edición castellana del Novum Organum de Francis Bacon, Risieri había hecho “uso abusivo” de la introducción, notas y comentarios del Profesor de Oxford Thomas Fowler (edición de 1889).

En 1959 la Asociación de Egresados de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires acusó al “Rector Magnífico” de plagio, pero la influencia del Hermano Arturo, entonces Presidente, impidió que la causa prosperara.

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[9]  Aunque Mariano Moreno había muerto, sus partidarios, “la gente decente” que solía reunirse en el Café de Malco, obstaculizaban la acción del Gobierno cuando la situación del país era harto comprometida. “Pero la propaganda de los oradores de café tuvo mal resultado: en la noche del 5 al 6 de abril se produjo una reacción popular que no provenía de los «de fraque o levita», sino de más abajo: gente de campo, de los arrabales y no pocos de la ciudad, simpatizantes de Saavedra, al parecer, que veían al Presidente y a la Junta trabados en su acción por dos o tres vocales de Moreno y por los niños del Café de Malco, y miraban con malos ojos el espectáculo que soportaba la Capital. El movimiento se impuso por su número y por su fuerza” (Busaniche, José Luis, Historia Argentina, Solar-Hachette, Buenos Aires, 1965, p 318).

[10]  Sin haber intervenido en las negociaciones entre los beligerantes, España debió aceptar el acuerdo firmado en 1713, que puso fin a la Guerra de Sucesión Española, y por el que Inglaterra obtuvo grandes ventajas territoriales en Europa (entre ellas Gibraltar, del que se había apoderado en 1704 en nombre del legítimo sucesor) y en América; además obligó a España a permitir un asiento de esclavos en el Río de la Plata y que todos los años un buque británico pudiera traer 300 toneladas de manufactura inglesa.

[11] Este último párrafo fue sustituido por otro del que sólo recordamos que a continuación el público escucharía a Lola Membrives –entonces administradora del Teatro Cómico–, “que tiene mejor voz, mejor figura y mejor fama que yo”. Pero hemos perdido la hoja.