El Derecho a No Saber Latín

El Derecho a No Saber Latín[1]

 

La República Argentina ha conquistado a no poco precio el derecho a no saber latín. No recordamos bien si esa conquista fue hace un sesquicentenario o simplemente hará unos 50 años. Lo que sabemos es que hay que conservarlo y evitar a toda costa que se pierda. “Pérditum non est hallatum”.

El operativo “unítas” –nos dicen los locutores de Radio; y está muy bien. Es fácil de ver que esa palabra latina viene de la palabra porteña “curitas”, y es parienta próxima de “Universitas, veritas, charitas, y bonitas”. Que se embromen los yanquis, los inventores del ya famoso “operativo” que pronuncian “únitas”, creyendo que viene del yanqui “únity”. Les enseñaremos a los yanquis, y mucho más a los antiguos romanos inventores del latín –que fueron todos fachistas como he visto en una vista fenómena– que los argentinos somos independientes en todo, tenemos libertad de prensa y se nos da una …. de la sintaxis, de la prosodia y de la morfología, como dice Risieri.

El mismísimo día que escuché el “unitas”, un “scholar” inglés aunque nacido en Barracas (que por cierto fue olim[2] alumno mío) dio una conferencia por Radio Nacional, donde dijo que Shakespeare tenía por divisa este mote latino: “quod te nutrit te destruit”[3], así, con las dos “ues” largas; y después citó el Enrique II de Marlowe (que fue según él que escribió a escondidas todas las obras de Shakespeare, gran descubrimiento moderno que pertenece a la alta cultura) y dijo: “Regem occidere nolite timere”[4]. La conferencia no fue mala del todo, pero lo estupendo della fueron los latines. ¡Así! ¡Bien! ¡Meta y ponga! ¡Que se embromen los europeos! Cuando Roberto Payró vino de Europa, cuentan que el vencedor del Paraguay fue al puerto a recibirlo, y le dijo todo contento: “¿Sabes Robi lo que he hecho todo este tiempo? Pues he traducido la Divina Comedia de Dante…” A lo cual Payró, que venía medio de copas, le respondió: “¡Bien hecho mi General! A estos gringos hay que jo…”

Dicen que un académico de la Republicana Academia Argentina de Letras, autor de una Historia de la Literatura Argentina en ocho tomos (cuyo nombre se sabe aunque se calla), tradujo el “Odi profanum vulgus et arceo”[5] de Horacio en esta forma: “El vulgo profana la oda que da asco”. También dicen y es verdad porque yo lo he visto, que en una edición para las escuelas del Facundo publicada por la casa Estrada, la publicadora y comentadora del libro traduce en una nota el “Quantum mutatus ab illo”[6] virgiliano por “¡cuántos cambios para ello!” Por ese “labor impróbus” de anotar así el librito, le pagaron no sé cuánto.

Un abogado conocido mío me hizo pedir que le pusiese en un papel unas cuantas razones de derecho natural (no jurídicas pues ésas él las debe saber mejor que yo) en contra del secuestro del judío Eichmann, con el fin de hacer un alegato; y mechó después las líneas que yo le ofrecí con no menos de doce latinajos, casi todos pateados, desfigurados, escupidos y traídos por los cabellos… ¡Oh, tempóras, oh moras!

¿Para qué diablos se meten a decir latines si no saben latín? –dice la gente sencilla. Pues sencillamente para mantener el derecho de la nación a no saber latín, y proclamarlo a todos los vientos; pues ése es uno de los fundamentos de la democracia y la libertad de prensa. –¡No faltaba más!–, el cual derecho es uno de los más característicos y fisiognómicos de nuestra refinada cultura, que tantos millones nos cuesta. Solamente en sueldos para “Subsecretarios de Cultura”, que hay como 25 y ninguno sabe latín, al contrario (como dijo el gallego cuando le preguntaron en el buque que si ya había comido), se han expendido en el país más dineros que el que le dan a Monseñor Caggiano para los curas. ¡Y más bien expendido! ¡Jus jurandus!

Hace poco han traducido en Buenos Aires un discurso o lección del gran poeta yanquinglés T. S. Eliot dirigido a la Asociación Clásica de Cambridge, en que este famoso escritor proclama el deber del inglés de saber latín, pues de lo contrario según el dicho poeta se desmejoraría y deterioraría la literatura inglesa.

No dudo que será verdad, pero con nosotros eso no corre: que estudien ellos, y que hagan libros y libros y nosotros los traducimos y en un momento los jorobamos a todos los yonis, como dijo muy bien Payró; a cambio de las Malvinas, les robaremos todo lo que ellos estudien. A estudiosos nos ganarán; pero lo que es a vivos…

¿No está mejor dicho “escribido” que “escrito”? ¿No está mucho mejor “reduto” que “reducto”, aunque para ellos es mejor la palabra “reducido”? ¿Y qué necesidad de latín hay para saber que “latente” significa “lo que late”?

Digo y afirmo altamente que Homero no sirve para nada, que no sabe escribir, y encima ya está traducido, incluso por nuestro Lugones que no sabía latín, y hoy día se duda mucho, según he leído en El Correo Vespertino que Homero haya escrito en latín.

Está probado que el latín y el griego atrasan el desarrollo intelectual de la viveza argentina. Un bachiller de Harrow (que aquí es una simple tienda[7]) y de Stonyhurst sabrá hacer hexámetros latinos y podrá leer al griego Carolas Durán en su texto, pero es un niño; tanto que un muchachito nacional de los nuestros es un macho.

No se necesita estudiar mucho latín para saber que “Infandum regina yules” (que está citado en las obras de Freud, traducción Ballesteros) es el final de un famoso hexámetro, como le enseñó el profesor de Psicología Profunda en la Facultad de Idem a mi sobrina Yénifer. Para mí el mejor hexámetro que se ha hecho en el mundo es el de Lope de Vega que dice:

 

“El amor con el amor;

El desdén con el desdén.

Y si te dan escozor,

Escozoria tú también,

Y mucho más y mejor”.

 

Con la Mineralogía podemos encontrar petróleo y uranio; con hacer versos latinos no se come, ni siquiera con castellanos, como decía mi amigo el autor de La Grela Jailaife.  Estudiando bien y a fondo tres idiomas vivos en el Bachillerato, además de otras 18 materias, les podemos dar 10 vueltas a los que saben 50 lenguas muertas, como los alemanes. Yo, qué quieren, de ser mi paisano McKay[8], haría estudiar también el lunfardo. ¿Quieren lengua más viva que ésa?

El Latín es cosa de curas, y ¿qué ganan los curas argentinos con saber latín? Fíjense y verán que los curas que menos latín saben son los que llegan a Obispos.

El derecho a no saber latín es para nosotros tan sagrado como la libertad. No sabiendo latín, la lengua “nacional” se diferenciará tanto de la española que no tendrán más remedio los gallegos que hacerse a un lado con su Lope de Beiga y su Meléndez Pelagio, y representar en Madrid a Florencio A. Sanche, si quieren conocer la América y el nuevo arte de hacer comedias. Allá dicen que nuestro español es muy pobre. Que se esperen un poco: “de la piojosa nace la abundosa”, como dijo nuestro gran vate Carlos de la Púa.

Estudiar latín en una nación joven como la nuestra es un verdadero pecado contra natura. Que estudien los viejos. ¿Supo latín Urquiza? ¿Supo latín Sarmiento? ¿Supo latín Mitre, el cual tradujo “Beati quórum”[9] por “beatos los que en una asamblea tienen número”? ¿Supo latín el gran Ingenieros, por si acaso? ¿Y no vivieron y engendraron y progresaron? ¡Jinajo; más que los otros que sabían latín!

Opino y altamente afirmo que el Director General de la Cultura en nuestro país, no menos que el Superintendente Supremo de Educación Genital y Mental, no deben saber latín (¡Dios nos libre y guarde!), ni francés, ni castellano, sino solamente idioma nacional y freudismo; tradición que es menester conservar “celociter et velociter”, como si dijéramos. Dios nos libre que perdiéramos ahora la gloriosa tradición de los que nos dieron patria (infandus dictus); de que otro modo podría llegar el día en que un gallego inmundo como ese Villegas que escribió el Sarmienticida, o el otro Carlos Pereyra que escribió Sarmiento y Alberdi, o el otro Alberto Junco que escribió Sangre de Castilla Fecunda, lleguen a escribir mejor que nuestro gran (ya señalado arriba).

Hay que luchar ante todo contra la falsificación. Es el principal mal del país. Es un vicio que está creciendo tanto, que para poner un ejemplo gracioso, allá en mi terruño del Chaco unos avivados se metieron a falsificar la yerbamate con flor de sapo y mío-mío (botánicamente “idyscus”) y le salía más caro que hacerla con yerbamate derecho viejo, y perdieron una ponchada de pesos por darse el gusto de embromar a la gente; símbolo de la enseñanza en nuestro país, dijo el Obispo Iriarte. Pues bien, si llegáramos a estudiar bien el latín falsificaríamos nuestro ser nacional, que nos distingue del mundo entero y nos diferencia telúricamente (y como si dijéramos ex imis funditus basamentis) de los europeos.

Hay dos clases de argentinos solamente: los argentinos europeos, y los argentinos que gobiernan. Y los segundos son los mejores, sin quitarle con esto nada a nadies.

 

Miss Lucy Dowling

(Copiado por L. C.)

[1]  1960. Conclusión del Prólogo de las Odas Completas de Horacio Flaco, versión poética y notas del P. Alfredo R. Meyer, Ediciones Ephetá, Buenos Aires, 1992, pp 17-21.
[2]  En otro tiempo.
[3]  Lo que te nutre, eso mismo te mata.
[4]  No temáis asesinar al Rey.
[5]  Odio al profano vulgo y lo abandono.
[6]  ¡Qué cambiado de lo que había sido!
[7] Se refiere a Harrod´s, tienda inglesa que entonces tenía sucursal en Buenos Aires.
[8]  Ministro de Educación de Frondizi.
[9]  “Beati quórum via integra est”: Dichosos los que van por camino perfecto.