Epístola a Torti (II)[1]
Septiembre 30 de 1949
Querido Torti:
Eres bastante inteligente para tu edad, vale la pena decirte la verdad.
En nuestra discusión de ayer proferías frases breves y cortantes que sonaban en mi interior como crepitantes falsedades, a las cuales yo respondía débilmente con la débil y enorme verdad. Las grandes verdades hay que decirlas con timidez, porque son más grandes que nosotros.
“¡Vos no sos Jesucristo!”. Yo respondí débilmente: “¿Acaso no debemos trata de parecernos a Jesucristo?” –Pero una respuesta enorme, mística, me relampagueó la mente y fue instantáneamente suprimida por el pudor: “Yo soy Jesucristo de la misma manera que tú lo eres. ¿Acaso no hemos dicho esta mañana en la Misa: «Esto es mi cuerpo»?”
El Cuerpo Místico. No me atreví a decir como San Pablo: “Yo vivo en Cristo”.
Hice una lista a dos columnas de las falsedades irreplicables con sus réplicas posibles y suprimidas:
–Siempre ha sido así.
–Nunca ha sido así hasta ahora. No era así en tiempo de San Ignacio.
–Bueno, si estás tan amargado…
–Estoy escandalizado, no estoy amargado. Pertenezco a la inmensa cohorte actual de los “humillados y ofendidos”; no a la de los resentidos.
–Si ellos notan que, todavía encima, tú amenazas…
–Yo no amenazo, triste de mí; solamente predigo.
–Es evidente que algún castigo vas a tener que aceptar.
–No puedo aceptar como castigo ningún castigo por culpas que no reconozco como culpas. Sería mentir.
–Si no quieres reconocer tus pasados errores…
–Si reconozco como error lo que en mi conciencia aparece como servicio de Dios, pongo error en Dios. Eso no lo puedo hacer.
–Todos éstos no son más que cuestiones de política…
–A mí me parece que son cuestiones de religión…
–A vos nunca te han entendido…
–Es posible que me hayan entendido demasiado.
–Todo eso es mística; pero poniéndose en el plano puramente humano…
–Yo no soy puramente humano. No tengo mi nido en este suelo.
–Solamente los herejes son tan empecinados…
–No. También los mártires.
Y finalmente la terrible frase “vos no sos Jesucristo” con la terrible respuesta, entre ridícula, sacrílega y sublime: Yo soy Jesucristo.
Querido Torti, el destino manda. Algunas veces al despertarme tengo una sensación extraña, inexpresable, llena de punzante dolor y extrañeza que dice: “¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí?” Me veo en mi niñez, corriendo por el “montecito” con mis hermanos, vagando por las calles de un pequeño pueblo polvoroso, leyendo ávidamente, ya detrás como un pachón de los terribles misterios de la Muerte y el Pecado; o bien joven estudiante jesuita encarnizado sobre los libros, luchando con una salud precaria y toda clase de arideces e incomodidades, sostenido por un ideal irreductible, maldormido y malhumorado, serio como un gendarme con explosiones de júbilo y de melancolía, solo e impar, desconocido de todos, malconocido de muchos, y a esa imagen de mi “Yo” se junta de una manera inefable la visión de la realidad presente, llena de carnicería, horrores, terrores y peligros, levantando la pregunta eterna del lejano Idumeo: “¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí?” Los tres abismos del Problema del Universo, del Problema de la Conciencia, del Problema de la Predestinación. Predestinación, es decir, Destino. Destino determinado por otros, por Otro.
El “caso Castellani” tiene una cantidad de soluciones sencillas estructuradas por los ojos o los anteojos de la gente. La gente nos ve a través de sus anteojos y se hace una “idea” de nosotros a su guisa, es decir, nos aficha una etiqueta. Una vez que nos ha “fichado”, pretende que nos movamos siempre de acuerdo a la ficha, como marionetas, y si no resulta así se extrañan y aun se enojan, y nos dicen caritativamente: “En esto has estado mal”. Las etiquetas contienen a veces una parte de verdad, otras veces un absurdo: nunca nos contienen enteros: “X es un buen escritor, es un sacerdote bondadoso, es un «cura liberal», es un sabio, es un infeliz, es un niño, es uno de los nuestros (jesuita), es uno de los nuestros (nacionalista), es uno de los nuestros (de la familia), es un «valor», es algo de que me puedo aprovechar…” Dejo las etiquetas vejatorias como: es un nazi, es un ofuscado, es un «sedicioso», un desobediente, un mal religioso, un libidinoso, un sacrílego… Todas éstas son etiquetas, y de acuerdo con ellas salen innúmeras soluciones del “caso Castellani”.
El único que no opina ni explica es el propio interesado. ¿Para qué?
Pero hoy se me ofrece explicarme un poco. ¿Por qué no?
Algo sabré yo también de mí mismo. Por lo menos en hipótesis.
Hipótesis a constatar en la otra vida. Voy a desparramar mi hipótesis.
Yo desparramaré verdad y ustedes error. Y el error vencerá.
Pero no para siempre.
He lastimado un ídolo. He herido sin querer un ídolo implacable. La persecución siguió y sigue siendo implacable. ¿Hasta dónde? No lo sé.
He tropezado en la noche con el monstruo eterno del fariseísmo.
Tenía que pasarme a mí, Dios mío.
* * *
Mis amigos dan explicaciones halagüeñas para el amor propio.
Halagüeñas y desesperantes.
“Se le castiga por tener talento”. Se le castiga por amar a la Patria. Cayó porque amó demasiado a la Compañía. Es un idealista incapaz de intrigar. Es un artista y los artistas no pueden vivir entre los jesuitas, la historia lo prueba. Se equivocó de vocación.
Lo castigan por enfermo, superponen un yugo a otro yugo. “Tiene demasiada sensibilidad” (como dijo un magnate que usufructúa esa sensibilidad, incluso pecuniariamente), como si la sensibilidad fuese algo que se compra en la tienda; y “configurara delito”, como dicen los juristas.
Pamplinas. Explicaciones superficiales o meramente negativas.
Cierto, si no fuese buen escritor, si hubiese escrito “mal” (en el sentido técnico), ninguna desgracia social me hubiese acontecido. Pero eso no es todo. La comparación con Gracián es burda.
Baltasar Gracián escribió un libro genial, que el Prepósito General Goswino Nickel, alemán incapaz de literatura, encontró “obra demasiado profana” para un sacerdote. No lo hubiera encontrado si no lo hubiesen acusado pertinazmente sus hermanos españoles, “voire” valencianos. El Criticón no era ciertamente una obra devota, sino la creación de un gran moralista con la devoción suprema a la verdad. Vio claramente que los miopes que la juzgaban no la iban a entender nunca y la publicó sin “censura”; censura que hablando en puridad no podía existir. Hasta ahora se está aprovechando la Compañía de Jesús de esa obra. Y el mundo entero.
La Compañía de Jesús (o el teutón de su General) cayó sobre él y lo hizo trizas. Gracián cumplió las penitencias hasta donde pudo. Fue un mal religioso, o por lo menos lo es actualmente. Pero cumplió con su destino.
No pecó contra la Religión, pero pecó contra su religión. Pecó contra los jesuitas.
¡Pobres jesuitas! Lo mejor que se puede hacer es amarlos sinceramente. Son buena gente; aunque a veces algo tocados de jesuitismo.
Yo no soy Gracián. Ni tengo su genio ni soy perseguido por lo mismo que él.
* * *
El fariseísmo existe. Él es un misterio de la historia de Cristo, de la Iglesia y del mundo.
San Juan lo llamó “peccatum ad mortem” [I Jn. 5, 16], porque de suyo es mortífero, homicida y deicida; y dijo que por aquél que ese pecado peca, no hay que rogar. Jesucristo dijo que no tenía perdón en el cielo ni en la tierra, porque de hecho el fariseo sin un milagro es incorregible.
El que odia a su hermano es asesino, dijo el Apóstol.
La recíproca es verdadera.
El que de hecho asesina a su hermano sin querer, o por motivos sublimes (la mayor gloria de Dios, el bien común de la Compañía, “el que se salve todo el pueblo”), de hecho, odia a su hermano. Y el que odia a su hermano, la gracia de Dios no está en él, dice el oráculo de la Escritura. No nos avergoncemos de la Escritura.
La descripción y la “revelación” del fariseísmo está en la Escritura. No es necesario, ni quizá conveniente, hacerla de nuevo.
El fariseísmo existe. Yo lo veo de noche. Es una visión que enferma. De día es invisible.
“Si me hubiese hecho caso a mí, Castellani no se hubiese perdido…”, dicen Benítez, Alonso, Mahón, Torti, etc., etc.
Error.
El destino de Castellani era perderse.
“Sigue esta línea de defensa y estás salvado…”
Esto le decían también a Bartolomé Carranza sus “amigos”. Y el preso y torturado Arzobispo de Toledo tomaba una y otra línea de defensa, una tras otra, una tras otra. Y ahora la historia dice que se perdió “porque tomó una mala línea de defensa” (Menéndez y Pelayo). “Camaradas, acometed fuerte a esos traidores y pelead con brío, porque si somos vencidos, seremos mañana en la historia nosotros los traidores” –como dijo aquel buen Condestable de Castilla.
Dieciocho años de defensa y de tortura moral, la inútil retractación de las 15 proposiciones “luteranas”, la inútil libertad del agonizante por tres meses, la muerte desolada… y la Historia que todavía no sabe nada “definitivo” acerca de Bartolomé Carranza. El proceso no se falló; pero el proceso mató al procesado.
La defensa que hubiera salvado al Arzobispo de Toledo era doblegarse ante los fariseos. Y el duro aragonés no se dobló. Por santidad, por carácter, por terquedad, por ilusión, por imposibilidad psicológica o por lo que se fuere no se dobló; quería justicia, justicia aquí en la tierra, justicia en España, justicia en Roma, justicia de Felipe II, justicia de San Pío V.
Justicia… El hombre en este mundo es digno solamente de misericordia.
* * *
Atrevámonos a decirlo todo, aunque sea temblando.
El fariseísmo existe en la Iglesia: es la corrupción específica del sacerdocio. Una y otra vez el fermento del fariseísmo se hincha en la Iglesia y es vencido por las fuerzas de santidad de la Iglesia, guiadas e infundidas por el Espíritu de Dios. Pero para ser vencido requiere víctimas.
Y llegará un día en que ya no será vencido.
Ese día marcará el fin de este siglo, la abominación de la desolación en el lugar donde no debe estar [Mt. 24, 15].
No sabemos el día ni la hora. Por lo tanto, estad alertas.
L.C.
* * *
Respuesta de Torti
Amado Castellani:
Dejáte de “palingenesias”
Sos un sonso.
¿Qué te han hecho? Estás vivo y hasta gordo. ¿Qué has perdido en tres años? ¿Y qué hubieras hecho en esos años? ¿Tres libros? ¿Y no los has hecho? ¿Y entonces?
Sufrir… ¿Y acaso no sufrimos todos? ¿No sufren otros más que vos? La salud… ¡Bah! Fijáte en mi propia salud.
No te dejan publicar los libros. ¿Creés vos que con publicar un libro se salva al mundo de hoy? ¡Un libro más! ¿Qué importa un libro más al mundo de la bomba atómica?
Convencéte de que sos un sonso. No estás hecho para vivir en este mundo. ¡Dejáte guiar! ¡Dejáte conducir! ¡Dejáte dirigir!
¿A dónde querés ir con tus pies, temerario?
Un discípulo tuyo, Mandrioni, te ha aplicado los versos de un francesito, Baudelaire.
“Les deux ailes trop longues l’empêchent de marcher”.
No te la pillés en serio. El francesito exagera y tu amigo mucho más. Vos no sos Beau-del-aire.
Evitá el romanticismo. Todo romanticismo es falta de humildad. Y a veces de inteligencia.
Dejáte guiar por mí. Y dejáte cuidar la salud por Hugo Achával.
Tuyo afectísimo en Cristo
H.L.T.
* * *
Epílogo
“Parábola Nona”
Yo he tocado un yuyito
Que el que lo toca muere
He tirado el carozo
De un durazno verde
Que me estaba comiendo
Por la orilla del mar que moja y mece
Y hacia atrás sobre el hombro
Lo tiré y dio en las sienes
Del hijo de un mal Genio
De las mil novecientas cuatro siete[2]
Noches. Yo andaba por la arena fina
Y él también por el mar de amargas sierpes
Y lo maté
No lo hice adrede
Y el Genio me la juró
Y me persigue cuanto puede
De noche sobre todo
A muerte
Porque es el Dueño de las Pesadillas
Y un espíritu désos que no ceden…
*
He golpeado un ídolo
Inadvertidamente
Sin saber lo que era, yo pensaba
Que era algo corriente…
Creo le hice una cacha
O una abolladura leve
Medio jugando
Y medio en serio porque era una peste
Y yo andaba con ganas de jugar
Y me irrita lo que es feo y lo que hiede…
Y ahora el Guardián del Ídolo
Y Supremo Archipreste
Decretó que yo desaparezca
Y los idoladores le obedecen
Y me tienen bastante mal
Me tienen
En fin, sin duda mi destino era…
Era éste…
Y lo que es peor de todo
Un día entréme
Por la boca de una caverna
Que había en la montaña en la pendiente
Y ahora no la encuentro a la salida
Y estoy como en un brete
Pues la cueva era la entrada
Entredicha a la gente
De las almas en pena y los fantasmas
De la región del fuego permanente;
Y el diablo dice que yo estoy perdido
Y lo estoy pero no como él por siempre
Me asusta cierto un poco
Pero no me convence
Destino de uno cosas desta vida
Pensar que hubiera fácilmente
Podido haber dejado de hacer eso
Que me sumió en la mala suerte
Al fin y al cabo
Al cuete
Pero ¿hubiera podido?
Quién sabe. Agora no hay nada que hacerle…
Tengo el corazón lerdo
Como la tierra gorda cuando llueve,
Pero yo lo vigilo y lo acardillo
Para que no se me envenene,
Y tengo mucho sueño mucho sueño
Como los bueyes…
Todo esto irá pasando,
Si Dios quiere,
Quizá, pues los fantasmas viven breve.
Creo que fue el Destino
Eso les sucede
A los que viven como niños
Y hacen como nenes
Y viven aniñados
Dicen verdad, dicen verdades, creen
Y sueñan como Juan
De Yepes
Y se sienten gusanos
Y después reyes.
Y se hacen como niños
Si como niños no os hiciereis
No os sucederá nada
Absolutamente…
Ahora, que jamás conoceréis tampoco
La región del fuego alpestre
El color de los ídolos
Las trazas de los duendes
Y la flor de la Octava Maravilla
Que el que la toca muere…
J. del Rey
[1] Escrita 18 días antes de que Castellani fuera expulsado de la Compañía de Jesús, el 18-X-1947. Esta carta fue publicada en la revista Jauja, nº 25-26-27, marzo de 1969, pp 48-53.
[2] En 1947 Castellani se entrevistó con el General de la Compañía, quien lo desterró a Manresa.
