Epístola a Torti …

Epístola a Torti (I)

Sobre este dicho de Sarmiento:
“Hay que hacer las cosas aunque sea mal;
después habrá tiempo de hacerlas bien”.

Odio a par de pecado
El trabajo mal hecho, trunco o descabalado.
Lo chapucero es símil de lo pecaminoso.
El que en su Hacer es falso ¿será en su Ser hermoso?
O como dijo sobrio Marco Aurelio en mi nombre:
“Si no eres buen obrero, ¡qué vas a ser buen hombre!
¡Qué vas a ser formante de tu espíritu avieso
Si no logras la forma con el mármol y el yeso!”

No admiro al hombre-orquesta.
Gusto más de un miosotis la carita bien puesta
Que toda una guirnalda de flores de papel,
Y prefiero la gota diminuta de miel
De la abeja a un entero galpón de sacarina
‒Si es que la sacarina por galpones se hacina‒
Objetando a la máxima por Sarmiento acuñada
Que es mejor, peligrando mal hacer, no hacer nada.

Pues director de orquesta
Serás, no maltocando todos los trastos désta,
Antes bien superándote sublimemente en tino
Con cualquier flauta vieja, pistón o bombardino.
Nadie hace más que el hombre que hace una cosa sola,
Cumplidamente, desde la cabeza a la cola.
Y quien forja una sola cosa bella, con ella
Deja tras sí por siempre de un júbilo la estrella.
Esta doctrina, Torti, es segura y latina
Pero no hay nadie, Torti, que entienda esta doctrina
Si no vio por lo menos una vez, mucho o poco,
Estas dos clases de hombres que hay en el mundo loco.

Hay hombres que sin centro
Bullen por fuera, porque… no tienen nada adentro.
Moviéndose se enteran de que existen, tal vez.
“Estorbo, luego existo”, decía Carlos Diez.

Si no segregan algo, no saben si están vivos.
Son los hombres dinámicos, eficientes y activos
Que maldicen al pobre Leibniz ensimismado
Tres días y tres noches en su sillón sentado

Inmóvil meditando la fórmula cicloide
Mientras el mundo marcha por su órbita elipsoide,
Naturalmente, gracias a la impulsión dinámica,
Destos señores que amo, pardiez, en Dios y en mi ánima.

Cosas cusí-cusá
Es obvio que éstos plasmen. ¿Qué les importará
Si su obra es manca, amorfa, diluente, estantía,
Cuando calma el prurito del instante y del día
Y es escalón, miraje, moneda y mercancía…?

Pero mi Obra es hija del alma mía, y mía.

I Criterio n° 553, 6-X-1938.