Glosas del Tiempo – Un Retrato Poético de la Patria[1]
Junto con el guerrero se prodiga el santo – Y abre a la Cristiandad segunda aurora – El héroe juvenil allá el Lepanto.
La lira con Fray Luis, dulcisonora – Es tuya; y por Ignacio la cristiana – Milicia de los siglos vencedora.
Y en Lope la facundia soberana – Y la vida en Cervantes y en Teresa – La más grande mujer de arcilla humana…
Cuando en brumas del Norte, ya la empresa – De herética reforma, su misterio – Rasga y en cruda rebelión progresa;
Aquel atlante que cargó hemisferio – Tú Felipe el Prudente, a hierro y llama – Salva la Religión, salva el Imperio.
Pues católico y Rey, sabe y proclama – Que todo pueblo es turbia muchedumbre – Si la unitiva fe no lo amalgama.
Y al cabo, Hispanidad es certidumbre: – Duda esencial le asfixia el pensamiento. – Águila de oro en la divina lumbre.
Y ortodoxia cruzó el Renacimiento – Con su Juan de la Cruz y su Granada – Y su abeja platónica en el viento…
Patria de redención y de cruzada.
Han llegado a nuestra redacción varios pedidos del texto de la conferencia del P. Castellani, imprudentemente prometida en nuestro número del sábado 12. No existe. Una buena conferencia nunca se escribe.
Para leer un discurso de una hora a 3.000 personas es necesario tener un ruiseñor en la garganta. Pero toda la conferencia está contenida en el libro de Thierry Maulnier Más allá del Nacionalismo y en el gran poema Patria de Don Carlos Obligado. Como a los argentinos les resultan duros de leer (for shame!), el conferencista los aprendió de memoria y lo puso en anécdotas y calor personal. Lean pues esos libros y allí está todo. Lo único que no está es el grito: “¡Viva Rosas!” que oyó el diario LAPPRENSA, aunque ni el conferenciante ni el público lo oyeron. Con todo, puede ser que LAPPRENSA diga la verdad. ¿Por qué no…? Alguien pudo vivar a Rosas…
“Una nube de sangre lo rodea”. – Quizá, poeta; mas su “ley tirana” – La firme actual soberanía crea, – Pues contra toda gringuería insana – Será el Restaurador férreo y astuto – Del alma criolla insobornable, hispana… – ¡Alma que al yanqui no pagó tributo!
Cuando un argentino viva a Rosas (y mi tío Félix Visintín me contó que en el Chaco lo vivaban en las riñas de gallo todo el mundo cuando él se vino de Austria), no vitorea precisamente la “nube de sangre” que dijo el mal poeta Rivera Indarte (no hay nubes de sangre, hay lagos de sangre), no viva al lago de sangre sino a la obra política de Rosas; y no lo que hubo en ella de malo, sino lo que hubo de prócer. La obra política de Rosas la ven hoy día hasta Spengler, hasta Bainville, hasta Pereyra, hasta Ravignani. El varón que no vea la obra política de Rosas será muy democrático, puede que sea hasta argentino, pero ciertamente no es inteligente. Discuten los historiadores todavía si la “nube de sangre” (que es cierto que fue “nube” porque es mucho más grande en los versos de Mármol y Rivera Indarte que en la realidad) fue necesaria para la obra política o fue para ella superflua, derramada por Rosas “out of sheer perversity”, por puro gusto; y entre los que opinan que fue necesaria o inevitable se cuenta el mismo Ravignani Junior, Ravignani cuando era flaco, Dios mío, ¡cómo cambia un hombre cuando engorda! Ahora Ravignani es tolstoiano, dice que no hay que derramar sangre ni tan siquiera para salvar a la Patria, y sobre todo no hay que impugnar diplomas por ningún motivo[2]. ¡Calma, conciliación y mansedumbre ahora!
Y la obra de Rosas en resumen consiste en que si Rosas no hubiera existido, ni yo ni Ravignani seríamos argentinos, porque sencillamente la Argentina no existiría: la Argentina sería el Canadá. Por eso dije que la obra de Rosas tuvo algo de bueno y algo de malo. Ella consistió en que “su ley tirana” – la firme actual soberanía crea –como dice Obligado.
El libro de Obligado lo encuentran algunos nacionalistas “desabrido e insulso”. Esto es incomprensible para mí. ¿Tanto ha de poder el sensacionalismo ambiente, el crudor de la novelística moderna, y la mala educación del bachillerato, que ya el argentino culto está anestesiado a la musa horaciana –que cultivaran al fin Gutiérrez y Juan Cruz Varela– y a la poesía intelectual de la línea de Gabriel Tassara y Fray Luis de León? Sería desesperante para mí, tal como lo era para Lugones el constatar que los bachilleres que iban a la Biblioteca del Consejo a pedirle libros de consulta rechazaban los volúmenes ingleses, franceses e italianos y pedían “libros traducidos” –como piden traducciones en la clase de textos filosóficos de nuestra Facultad, donde leen a Aristóteles traducido por Azcárate, que lo tradujo de Cousin, que lo tradujo de Bourne, que lo tradujo del griego ¡y después quieren poner aquí cátedras de Metafísica y Escuelas de Teología! Cátedras de “kátharsis” habría que levantar donde se enseñase a olvidar a los jóvenes argentinos todo lo que creen saber, para empezar de nuevo a aprender algo bien.
El poema Patria de Obligado se podría definir un programa nacionalista vuelto poesía; no meramente puesto en verso, como el poema homónimo de Renán R. Rodríguez, sino vuelto poesía. Es un retrato poético de la Patria tal como el autor la ve, pasado, presente y futuro; y la Patria siendo una entidad moral y actualmente casi invisible (a causa de la separación dolorosa de Nación y Estado propia de la época actual), no es posible retratarla sino en luz actínica, netamente intelectual: en estilo horaciano y no virgiliano y mucho menos estaciano. Un cuadro de nuestra República hecho por Delacroix no es posible, nos basta con una punta seca de Rembrandt. Un poema en colores calientes, jugoso de imágenes como un asado con cuero (que pedía el amigo pintor del “desabrido e incoloro”) no es posible mientras negocie, medre, aliente y aburra LAPPRENSA con todo lo que ella representa. Estamos en el invierno de la Patria. Por ahora cumple el poema que es un diamante duro y frío, que para poder reflejar luz exige que usted la tenga abajo del pelo: y no cualquier luz, sino “luce intellettual, piena d’amore”[3].
Pues lo que dijo Castellani acerca del Nacionalismo, que debe dejar de ser burgués y volverse sindical, y solo así podrá devenir el instrumento heroico de la creación de una verdadera democracia (que pedirá mártires) tal como lo postuló el Papa en Navidad de 1943, todo eso y mucho más está enunciado por Obligado en tercetos perfectos, en un castellano puro y rico, en un largo diálogo del poeta con Dios, que es monólogo porque Dios no contesta; y es por tanto oración al mismo tiempo que poema.
Alguien ha dicho que cuando LAPPRENSA hace patriotismo hace recordar a Berta Singerman declamando el Martín Fierro; pues bien, el patriotismo nacionalista debería buscar un buen declamador varón, del tipo Palenque Carreras y en último caso al rosarino De Lange y hacer declamar en el Augusteo todo el poema de Obligado el próximo 24 de mayo (invitándolo al Coronel Perón[4]) dramatizándolo levemente para la escena, lo cual no sería difícil; y sería una conferencia mejor que todas las que se han dado y un gran programa de gobierno en cifra.
El Nacionalismo debe volverse sindical y el sindicalismo debe volverse nacional, si este país debe hacer ruta como un auto “barrero”. Formarse tan solamente un nuevo partido con fragmentos de otros al conjuro de un gran caudillo fuerte, bienintencionado y suertudo; para que se vuelva a repetir el proceso degenerativo del 90 y otro proceso análogo a la descomposición radical a partir del año ´12 (“el que haya rojos y azules – es causa de muchos males, – porque no tenemos puestos – para tantos radicales”), eso sería una salida providencial de un atolladero, pero no marcaría un progreso histórico en los anales políticos del país, como parece que son las intenciones de la Providencia. Patinaríamos políticamente. Pero, según José Luis Torres, aquí no se debe patinar más, se ha patinado bastante. Torres mismo es buena cadena contra el patinaje.
Pidamos pues a Dios con Obligado:
No bien al fraude se le ponga coto – Tendrá el país por un sufragio austero – Su redentor, su amigo y su piloto.
–“¡Ser hombre de partido es lo primero! – ¿Es usted radical? ¿Es socialista? – ¿Yo? Soy agricultor –médico– herrero…
“¡Hombre, la profesión no cabe en lista! – De ella vivo: ella sola me interesa. – ¿Sólo profesional? ¿Será fascista?”
Así va en sombras la argentina empresa. – De Democracia no fingida, en tanto, – Lúcido y firme un ideal progresa…
Empeño de justicia y adelanto – Humano y nacional, trajo a la vida – La noble Patria y proclamó en su Canto.
Tal vez su firme tradición olvida – Si a nuevas esperanzas se rebela – De rancias ilusiones combatida.
Así fluctúa en la vital procela – La Reina de las Pampas y los Andes. – Pero el Señor, remanecido, vela…
Y aún queda aliento para cosas grandes.
[1] Tribuna, 24-IV-1946.
[2] Ravignani fue elegido Diputado por el Radicalismo en 1946.
[3] Luz intelectual, llena de amor (Dante, Paraíso 30, 40).
[4] Entonces Presidente electo; asumió el cargo el 4 de junio siguiente.
