La Mentira Política

La Mentira Política[1]

Suprimamos el 27 el encarcelamiento obrero; suprimamos con nuestro voto positivo la carestía de la vida; suprimamos el absurdo estado de guerra y los abusos que se siguen[2]; suprimamos el discrecionalismo total en todos los órdenes de un gobierno irresponsable; suprimamos la entrega al extranjero, o las posibilidades de la entrega al extranjero[3], etc. –dicen mendazmente los cartelones de los partidos políticos. Nosotros decimos: Suprimamos la posibilidad y la raíz de todo esto: la ilegitimidad política, el cáncer. Señor mío, déjese Ud. de suprimir la palidez mortal, el enflaquecimiento súbito, las náuseas, la distonía muscular, la distimia y la retención de orina… ¡Opérese de su cáncer!

No suprimen los partidos nada de eso, al contrario, lo refuerzan convalidando con sus “votos” un estado vicioso y enfermo, canonizando la “Mula”; incluso los santos Demócratas Cristianos, que en esto no se muestran ni cristianos ni demócratas. Nosotros rechazamos, en la forma que ahora se puede, a la “ilegitimidad” Pataleamos.

No puedo, no puedo, defender ni excusar la ilegitimidad; pues ¿qué será de esta nación en el futuro si la ilegitimidad se traga, se tolera y se establece? ¿Quién será el gobernante legítimo? ¿A quién se deberá obediencia y acatamiento? ¿Por qué canales patentes o secretos vendrán al trono nuestros Presidentes? Lo que pienso está resumido muy bien en el editorial del nº 195 de Azul y Blanco: “La ley de la selva”.

Pero las señoras gordas, y varones equivalentes, dicen:

– “Si votamos en blanco, votamos por los peronachos…”

– “Ustedes pretenden que se dé el voto a todo el mundo; entonces ganan los peronistas y vuelve Perón. No se puede conceder el voto a todo el mundo. ¡Eh, un momento!”

– “Esas suyas son objeciones formales, escrúpulos de abogado. ¿Qué importa la legitimidad, cosa meramente teórica? En todas las naciones del mundo el origen del Poder es una cosa turbia; y siempre se ha engañado al pueblo, de una manera u otra”.

– “A mí con Frondizi me va bien…”

Ay señores y señoras gordas, miren directamente el centro de esto, de este “caos, confusión, desorden, entrega, anarquía, guerra civil latente” y ¿qué hay allí? –Hay una pretendida “democracia”, que ahora significa el gobierno de las mayorías, la cual prohíbe o proscribe al partido que posee la mayoría. ¿Prohíbe también al Nacionalismo? Sí, le prohíbe hablar. Si tuviera votos, “caudal electoral” (que dicen), le prohibiría votar. Lo odia y teme más que al Comunismo. Esta contradicción o mentira sobre la cual se pretende construir “la grandeza del país”, puesta en solfa, se presenta así:

Tenemos un Presidente de la República elegido por orden de un “Ex Tirano Depuesto”, con el cual el actual Presidente hizo un pacto que después no cumplió; es decir, tenemos un Presidente elegido por un “Traidor a la Patria”, traidor que es tan negro y pestífero que su solo nombre mancha y aniquila como ciudadanos a millones de “negros”, volviéndolos ineptos para elegir. Y, sin embargo, ellos son los que han elegido a Frondizi. (Mr. Frondizi, lo llama Eisenhower[4], así lo ha bautizado y no hay ofensa en eso)– Ergo, o bien la elección de Frondizi ha sido nula, o bien éstos pueden otra vez válidamente elegir… –No señor: les damos permiso para elegir, cuando no se puede elegir, sino solamente “optar”. –Entonces pereció la democracia. –No señor, de ninguna manera; pero, aunque perezca, no importa. –Y entonces salimos los nacionalistas (nada menos) a defender la democracia, que Dios la conselve sana a la polecita.

Como ven Ustedes, esto es un embolismo de contradicciones, un monstruo, un hipogrifo violento; es una quimera, en que la A significa Z; y la Z significa H; pues dice la antigua sabiduría que “cuando una nación está enferma, entonces pierden su sentido las palabras”.

 

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La verdad es que el atraso argentino en industria pesada, capitales, técnica y poderío bélico proviene de la carencia de estabilidad política. Y la carencia de estabilidad política proviene de la falta de legitimidad política. Porque desde que el mundo es mundo, no ha habido más que dos títulos de legitimidad para gobernar; o bien la Elección, que funda las Repúblicas; o bien la Herencia, la cual funda las Monarquías. Aquí la Elección está adulterada o eliminada crónicamente por el Fraude; y la Herencia está eliminada por los gloriosos principios del iluminismo Mayo-Caseros. Luego, no hay título para gobernar. Luego el pueblo argentino, que no es zonzo, vive en estado de rebelión crónica contra la autoridad, junto (y esto es curioso) con sumisión servil a la autoridad. Luego… nos devoran lo de afuera.

La “rebelión crónica contra la autoridad”, característica de este pueblo y quizá de toda Hispanoamérica, no viene de que seamos católicos (que mucho mucho no lo somos tampoco) ni de que seamos “heredohispanos”, ni de que seamos mestizos catingudos, como opinaron los filósofos independientes Conde de Gobineau, Conde de Keyserling, y el plebeyo Georges Guyau; nuestra rebelión crónica contra la autoridad viene de que no hay autoridad. –Velay.

Como decía uno, donde no hay buena fe, no hay fe. Como dijo un protestante muy inteligente y muy adverso a nosotros, hablando de Guatemala, “estos pueblos están técnicamente atrasados porque están políticamente desorganizados; –y están políticamente desorganizados, porque se intentó injertarles una estructura política discrepante, talando la que tenían antes: a pueblos de idiosincrasia teocrática y monárquica se les injertó en crudo un sistema correspondiente a idiosincrasia contractual anglosajona y protestante…” (Huxley, A., Beyond the Mexique Bay). Y el sistema no prendió. Como se podía prever. Y como previó hace veinticinco siglos un filósofo: la Constitución que ha tenido éxito en Esparta, injertada en Atenas, no prende.

 

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Alguien que me llama a mí cariñosamente “el viejo cariñoso y cándido”, me dijo que yo era un cándido con esa teoría de las “ecuaciones diferenciales del atraso argentino”, porque la democracia rusoniana ha sido siempre un fraude, fundamentalmente es un fraude, siempre seguirá siendo un fraude, desde que existió nació con fraude; y así, oh Cándido,

 

Que haya un fraudillo más ¿qué importa al mundo?

 

Y para rematarme me dio la definición del sufragio universal en esta forma: “Es la elección que hace una mayoría incompetente entre los miembros de una minoría corrompida”. Esta definición pertenece a otro inglés inteligentón: me dejó aturdido; y de repente la respuesta se me apareció con el brillo de un relámpago: “la mayoría del pueblo argentino, aquí y ahora, en la ciudad de Buenos Aires el 27 de marzo de 1960, se negó a elegir entre los miembros de una minoría corrompida; y por tanto, no es una mayoría incompetente”.

 

Argentino, pueblo ralo,

Agora te llaman malo,

Y antes te llamaban ¿qué?

Con tramposos no jugamos,

Como mandó juandepé.

Argentina, la callamos

Si esta vuelta no ensartamos

La sortija del Porqué-paraqué,

La sortija de la Buena Fe,

Vieja sortija de la Santa Fe.

 

[1]  Azul y Blanco, 14-IV-1960.

[2]  En 1960 Frondizi aplicó el Plan Conintes (Plan de Conmoción Interna) para reprimir la agitación obrera, plan que él mismo y otros radicales que entonces lo secundaban en el Gobierno habían rechazado durante la Presidencia de Perón.

[3]  El Gobierno entregó la explotación petrolera a Bancos de financistas internacionales (algunos de los cuales habían aportado el dinero que hizo posible el triunfo del Comunismo en Rusia), privatizó las empresas de la Dirección Nacional de Industrias del Estado, entregó el Frigorífico Nacional a la CAP, aprobó una Ley de Energía, que puso nuevamente el suministro eléctrico en manos de la CADE (ahora llamada SEGBA: Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires), privatizó los transportes urbanos y obedeciendo órdenes de Norteamérica (Plan Larkin), levantó miles de km de rieles –lo que volvió fantasmas a muchos pueblos del interior–, cerró talleres y escuelas técnicas ferroviarias, movilizó a los empleados de los ferrocarriles, cientos de los cuales terminaron en la cárcel, etc.

[4]  En enero de 1959 Frondizi visitó USA, cuyo Presidente, Eisenhower, poco después vino al país.