La Recuperación de la Legitimidad[1]
Querido Marcelo:
No podíamos nacer en ninguna nación mejor que ésta, donde todo está perdido, “menos el honor”, dijo el francés. El honor suyo quiero decir, no “los honores” de Barramburru, por ejemplo –como lo llama Doña Lola, mi vieja ama de cría.
Le diré que Barramburru merece ser Presidente Constitucional de la República[2] (y estimo posible que llegue) porque ha fusilado gente[3]. Éste es el sentir del “Barrio Norte” –tomado no como determinación geográfica urbana, sino moral política. Dicen que tiene que serlo “porque es fuerte”. Desde la más remota antigüedad, desde Platón y antes, se ha sabido que el pecado y el crimen no es fuerza sino debilidad; y el Cristianismo después lo predicó hasta de sobra: “el que hace pecado, esclavo es del pecado”. Pero el “mundo” no piensa así. Maquiavelo proclamó que “el Príncipe que aprende a no ser bueno es más fuerte”.
Aprecio mucho la obra de Azul y Blanco, pero por una razón opuesta a la suya. No creo que sea buena política, tal como la política anda. Creo que no lo lleva a Ud. al éxito; sino a la salvación de su alma, poca cosa: quizás al martirio, horrenda cosa. Pobre de Usted si lo lleva a alguna Embajada; digo, como Embajador, no como asilado político. Porque Ud. cree que está salvando a la Patria, y está salvando otra cosa más humilde: la Verdad… Aunque no siempre: Ustedes también tienen sus mentiritas veniales.
“Venceremos, porque la Verdad siempre triunfa” –leo en un cartel callejero de los “Textiles”. ¡Qué ilusión! En el plano ético la verdad triunfa muchas veces, no siempre; en el plano religioso, nunca, sino en la otra vida. En el plano politiquero, nunca, y menos en la otra vida; en ésta, alguna vez por azar. Y la verdad por azar, ya no es la Verdad.
Como no puede esperarse que una nación amoral sea justa ni de lejos, necesitamos “una sociedad organizada de tal forma que las injusticias se castiguen mutuamente en una oscilación perpetua”.
Una sociedad moral es una sociedad que piensa de Barramburru como dije arriba. Y así, los obreros castigarán a los capitalistas y los capitalistas castigarán a los obreros; Castellani castigará a la Curia y la Curia castigará a Castellani; Barramburru castigó a Perón y los peronistas castigarán a Barramburru; el espectro de Satanowsky y Satán castigará a… al que sea.
La Argentina ha perdido la legitimidad. No necesito probarle a Ud. con la historia de los últimos cien años este aserto. Es un hecho hasta demasiado palmario ahora. Somos una nación de “fugitivos” desde la Colonia: también este aserto puede probarse, pero exigiría espacio. La ruptura de la legitimidad (cuando resulte no de una conquista extranjera armada, sino de por las autoridades “legítimas”) suscita inevitablemente la idea del progreso (material), puesto que entonces la finalidad su vuelve enteramente hacia Lo Porvenir. Ustedes son mentalmente “retrógrados”, pues miran hacia atrás (“retrólogos”, más bien) y buscan una continuidad societaria; es decir, buscan “patria” (en latín), lo paterno, “las cosas de los Padres”. Desdichados.
La idea atea por excelencia es la idea del Progreso Indefinido… y desarraigado. Aunque comulguen y hablen de Dios… son ateos. Ud. sabe quiénes.
Los ideales políticos argentinos vigentes se reducen o bien a un retorno al pasado tal cual (ya degradado e irreversible) o bien a una reforma total de las cosas conforme a tal o cual esquemita, ideológico (Revolución). Los dos son falsos, Yrigoyenismo o Comunismo.
Lo indicado sería la recuperación de la legitimidad, que es mucho más arduo. Lo sano es empeñarse heroicamente en el mantenimiento de una relación invariable. Si en la razón 20/4, por ejemplo, el cuatro se vuelve cinco, el verdadero conservador (no Solano Lima) se empeña no en la razón 20/5, sino en volver el 20 en 25. Lo malo aquí es que el 4 (denominador, divisor, amenguador) no se ha vuelto 5, sino más bien 25.
Toda recuperación de la legitimidad es de esencia religiosa.
Dirá Ud.: “Castellani ha estado leyendo a Simona Weil”. –Puede ser que sí; pero crea que esa santa judía no me entusiasma del todo.
No tome esta carta por “reflexiones de un pesimista”, sino por un diagnóstico médico; de un médico argentino naturalmente; es decir, mediocremente sabio.
Sirva esta carta por los artículos que, créame no puedo escribirle, por más que agradezca el honor que me hace. No sé nada de política, como se ve aquí mismo; y aun de religión no estoy seguro de saber mucho… o estoy seguro de saber poco.
Téngame por sincero amigo, en Cristo Jesús
