Miserere, con Nombres y Todo

Miserere, con Nombres y Todo[1]

La gente no hace más que preguntar (y ¡Dios sabe lo pesado que se ponen a veces!):

–“¿A dónde vamos a parar? ¿Qué va a salir de todo esto?”

A pocos se les ocurre preguntar (con Atilio García Mellid):

–“¿De dónde venimos? ¿Cómo hemos venido a parar en esto?”

 

El Soñador Impé – Rial – Meditabundo.

De lo primero sabe-menos que lo segundo –dijo Rubén Darío.

Lo que yo sé –dice el Señor (Eclesiastés. VII, 29) – es que:

 

“Dios creó al hombre derecho;

y después se introdujeron

un montón de complicaciones.”

 

Esta Nación fue creada derecha, es decir, moral.

Esta Nación ahora está empiojada; más aún, a veces parece que está realmente encancerada. ¡Primero la salud, después veremos! –dice Maqueda. ¿Qué ha pasado? Antes era más o menos derecha, después, nuestros gigantes padres introdujeron un montón de complicaciones, como por ejemplo: Convencionales Constituyentíferos para introducir constituciones nuevas, antes de haber obedecido las antiguas. “Libertad de enseñar y aprender” (1853). En realidad, por el gusto morboso y perverso de no obedecer. Por falta de virtud moral, del sentido de la justicia, y del poder creador. En suma, falló la Inteligencia.

“La mayoría de los convencionales del ‘53 eran simios sonoros”, enseña J. M. Rosa. Lo que se llama propiamente “educación”, fue suprimido; y, en su lugar, se creó el “Ministerio de Educación”.

La complicación política que se introdujo no hace mucho más de un siglo, fue un sistema político copiado de prisa y a la diabla, de otra Nación donde ese sistema había tenido éxito: un sistema para nosotros “desmadrao”. Allá, el sistema lo inventaron ellos sobre el cimiento de la religión de ellos; por tanto, dio frutos, buenos, malos, entreverados. Aquí no. El furor de Sarmiento de destruir aquí “la moral española” (los usos en los cuales está encarnada la moral, quería destruir él, a fin de injertar la moral yanqui) era una necedad. No de balde, José Hernández lo llamó “viejo deschavetado”, que era exactamente lo mismo que decían de él los sanjuaninos que lo conocían de chico. “Porteño en San Juan, sanjuanino en el Puerto…” para desgracia nuestra. ¿Por qué no le habrá dado al Gran Espurio por ser “sanjuanino en San Juan” (excelente empresa)

Sarmiento, en San Juan, gobernado desde el puerto por Don Juan Manuel; ¡qué prócer no hubiera sido! Mala suerte.

Al cabo de un siglo, no tuvimos ni la moral española, ni la yanqui, sino, una mezcla espuria, peor que la misma moral sarmientina, que heredamos de España.

Somos nobles herederos. Debemos mucho a la Patria. Pero no es lo mismo la Patria que el “Estado” temporalmente usurpado por pandillas de bribonzuelos o mentecatos; eso es asqueroso. Mas, por desgracia, esa usurpación ocurre con demasiada facilidad en el “sistema”, y no puede ser evitada sino con un gran esfuerzo, una convulsión a veces. Hablan, hablan, hablan; mienten, mienten, mienten; cuando ya no va más, salen los milicos, sacan a unos y ponen a otros. Los cuales hablan, hablan, hablan; mienten, mienten, mienten, da capo ¡Qué Historia!

“Now the history of the South American Republics shows that it is not good that Southern Europeans should be also Republicans. They glide too quickly into military despotism.” (R. Kipling, “consejo” a los portugueses en 1910) –repetido por H. Belloc a los españoles en 1936.

Séanos lícito traducirlo así:

“Ahora bien, la historia de las Repúblicas Sudamericanas muestra que no es bueno que los Sud-europeos quieran ser también Parlamentistas. Ellos resbalan demasiado rápido al despotismo militar…”

Así, como Lugones (decía que) no era bastante sonso para ser masón, así, los argentinos no somos (todavía) bastante cretinos para ser Parlamentistas: liberales a la anglosajona.

¿Por qué no? Kipling no lo dice. No lo sabía tampoco. Es muy sencillo. Mi amigo Pierre Daye lo sabe, aunque tampoco lo ha dicho en su discreto y sensato artículo sobre el parlamentarismo liberal, en Dinámica Social, nº 83/84.

Los sud-europeos igual que los southamericanos son católicos; y el Parlamentarismo (no hablo de los “Parlamentos” de la Edad Media) es un invento protestante. En la Argentina hasta la gente sencilla ha acabado por darse cuenta de que “ese sistema no es natural”, como me decía ayer al Correntino Remonda, hablando de las trabajosas elecciones de Febrero: “¡Qué espectáculo son unas elecciones generales argentinas para el que tenga 60 años y uso de razón!” Cosa rara entre los argentinos, pues la mayoría de ellos son “candidatos a hombre”, como dijo Martín Gil (cordobés).

Octavio Maestu (cordobés), en un enjundioso opúsculo titulado La Revolución Nacionalista ¿una Utopía? (Edit. Polémica, 9 de julio 849, Córdoba, 1957), se pregunta ingenuamente:

¿Si este sistema político que tenemos ha mostrado durante un siglo de lamentable historia que no nos sirve… ¿por qué no podemos cambiarlo por otro?

¡Zas! ¡Otro que desea una nueva Constitución! Y no sólo la desea, sino que la hace. Y por cierto muy buena. El anteproyecto de Constitución que trae en su excelente escrito es tan sólido y claro que un adolescente es apto a ver que es mejor que la que tenemos; y hasta probarlo es más fácil. Y a pesar de todo, todo eso es ingenuo. (Los adolescentes no pueden saber política, aunque pueden aprender geometría y metafísica; las mujeres tampoco –dijo el viejo Aristóteles, acordándose de los nacionalistas argentinos).

¿Por qué? ¿Por qué no? (Mi tío el cura decía que la palabra ¿“Por qué”? la inventó el hombre; pero la palabra ¿“Por qué no”? la inventó el diablo).

Simplemente, porque es un asunto de religión y no de política: el pantano argentino actual. Quiero decir, el remedio del pantano. La salud debe venir de arriba, de los montes. Todo el resto está inundado.

Dice que es una manía mía, que siempre estoy diciendo lo mismo. Pues, no. Es la gente quien me lo dice a mí de continuo: “que ya no hay moral”, empezando por Maqueda el almacenero. Ese “ya” significa que antes, mal que bien, la había

La destrucción de la moral que antes había fue efectuada por una falsa religión –disfrazada de sistema político-económico-cultural, y otras yerbas.

Clarito: el Liberalismo, hijo de la moral protestante, destruyó aquí la moral católica, y no nos dio la moral protestante; y mucho menos la “moral sin dogma” que practican los hermanos Ghioldi.

La moral es la espina dorsal de una nación; ahora la tenemos quebrada. Para las quiebras colectivas de la moral, el único remedio es la religión; porque la religión es base de la moral. Casi no sabemos cómo se van a poder borrar los enormes malos ejemplos que se han dado desde arriba, a manera de inmensos letreros de cine pornográfico. No sabemos cómo: ni yo, ni Solano Lima. Pero, Dios lo sabe.

La gente se indigna cuando sabe que hay “negociados”. Por suerte, la más de las veces no lo sabe. Pero yo digo: si hay “democracia” ¿por qué no va a haber negociados? Si un gobernante democrático no trata de hacerse rico, es un imbécil. ¿Para qué gobernaría si no? ¿Para el bien de los otros, para la historia, para Dios? Todo eso son cosas de antes. Yo no les pido que me den plata, solamente que me pongan donde la haiga –dice el politiquero. Es decir, no lo dice, pero lo piensa, dice otras cosas más bonitas y retumbantes.

La Patria debe alimentar a los políticos que la salvan periódicamente; y, a todos sus amigos, ¡qué embromar! Eso dice el politiquero democrático.

La democracia es un régimen… alimenticio, dijo uno.

*   *   *

Esta nación está empiojada (por lo menos la radio, único vínculo que me une ahora al mundo exterior, lo está). Escúchenla, y díganme si no está llena de piojos resucitados. ¡Más aun, a ratos pareciera que está realmente pervertida! Eso es mucho peor que estar simplemente en pecado. El perverso no sólo carece de la virtud, sino que, la aborrece. En este país actualmente el que tiene virtudes (intelectuales o morales) es puesto en “ban” (no sé cómo se dice en español) con tanto más rapidez y rigor cuanto más virtuoso es. Los hombres de verdadero valor son fatalmente desplazados y puestos como al margen del país; y sus cátedras o comandos o lugares naturales son usurpados por el espurio[2]; el omnipotente macaneador argentino, el falseado, el inauténtico; un no-verbo, el mendaz. Este gusto por lo espurio parece hoy día, no ya una epidemia, sino, algo “constitucional”, es como un producto natural de la actividad misma de la comunidad (aunque creemos no es así); y la condición de “espurio” es un estado por debajo de la pura animalidad; son menos que simios los “espurios”, porque pueden hablar ¡y cómo hablan Cristo Santo! Son simios cruzados con loros: la palabra lo dice: espurios. San Pedro creyó decir una gran cosa cuando dijo: que los pecadores iban a la muerte como “mudos animales”, no conoció el horror nuestro, que los necios fueran a la muerte como animales no-mudos, es decir, hablantes.

Que Dios me perdone lo que voy a decir después de esto, que parece la maldición de Balaam. Pero, en fin, lo diré con cuidado: o sea, con humor: y “entre burlas y veras”, como haría Braulio Anzoátegui. Y, nombrado a Dios, conforme al rito criollo: “¡Nómbrese a Dios”!… Por Él sólo yo escribo; y para “gente selecta”, como dice el jefe de linotipistas…

La CADE, por ejemplo. Es fácil echarle la culpa de todo, a ella, a los ingleses y a los “imperialismos” y al Comunismo. Pero, los ingleses no tienen la culpa. No hay manera más efectiva de castrar a un país que embotar su inteligencia. Las dos señales de virilidad (bigotes y barba) son: 1 el sentido de justicia y 2 el poder creador; que son las dos cosas que realmente engendran, y las dos, dependen de la inteligencia. La inteligencia aquí no la han embotado los ingleses, más bien al contrario. la han embotado los espurios, empezando por el gran Sarmiento. Los sanjuaninos le prenden velas a Sarmiento (y esto prueba cómo anda ahora la inteligencia argentina), incluso en el Interior del país; porque en realidad al pueblo lo han obligado desde la escuela. Los sanjuaninos con gusto y regocijo cambiaron el Santo. ¿Qué culpa tiene, dígamen, si eso se lo enseñan desde la escuela?

“La culpa la tienen la CADE”, dicen hoy. Naturalmente. La CADE sobornó con 6 millones, hace 20 años, a un montón de concejales con el fin de sustraer a la Nación otro montón de millones mucho más grande; supongo que pudo hacerlo porque los concejales eran sobornables. ¿Por qué la nación no fusiló a los sobornados, o los arrojó a cadena perpetua? Por falta de moral. Si no le tenemos respeto a nuestra propia dignidad como nación ¿por qué han de tenerle más respeto otras naciones? Ni siquiera el informe sobre la CADE se han atrevido a publicar hasta ahora. ¡Santa Democracia![3]

Es decir, ¿queremos ser inmorales nosotros y que los extranjeros sean estrictamente moralísimos, para cómodo de nuestra inmoralidad?, ¿queremos que nos salven ellos de las consecuencias de nuestra falta de moral?, ¿y de sentido de la justicia, y de poder creador, y de la inteligencia? El cretino en este mundo no es libre: y tiene que ser sometido, incluso para bien de él. ¿Quieren ser independientes? No sean cretinos. Clarito.

Si el gobierno argentino liberal, y parlamentario… y tramposo, no es capaz de percibir el crimen del “perduelio” (el peor crimen después del sacrilegio para la antigua Roma, abuela nuestra), se ha de hacer justicia con él, porque es inmoral. Y el pueblo que no lo castiga también es inmoral en consecuencia. Diga lo que quiera Sandokan Mario[4] en su libro Mañana no es como ayer. Cuentos. Estamos actualmente igual o peor que ayer. El libro Mañana no es como ayer, hoy no es como mañana, es un librito político… carente de sentido ético. Sandokan Mario es un hombre estético (aunque no en la cara) no es un hombre ético, ni mucho menos religioso, según Soeren Kierkegaard.

Para que no haya ladrones en una nación, el Rey de ella no debe ser ladrón. Más claro, agua. Para que sea más claro, se los diré en latín:

Regis ad exemplum, totus compónitur orbis.

Qualis Rex, talis grex[5].

Si se hubiera fusilado a los concejales culpables en 1936, probablemente no se hubiera fusilado en 1956 a militares y civiles inocentes[6]. Emplear la pena de muerte por moral es mejor (o menos malo) que emplearla por política; aunque yo personalmente preferiría que no se empleara por nada. Pero se empleará, ¡vaya si se empleará! Se empleará por nada. Dios me haga mentiroso. Se empleará cuando uno de los sobornados llegue a Presidente. Hará fusilar a todos los insobornables.

Yo no quiero que en esta nación, candidata a nación (“nación candidata a la hegemonía”, dijo la Radio ayer), no quiero que haya pena de muerte; simplemente porque no la tengo a la candidata por capaz de manejar ese delicado y tremendo instrumento; eso sintió también Yrigoyen.

Por falta de moral, de sentido de la justicia, de la pasión de lo ético, es incapaz de condenar criminales. En esto estuvo bien, o regular, Sandokan Mario, cuando lo acompañó al otro[7] a la cañonera; pero, que no escriba ahora que eso fue por caballerosidad; fue por falta de moral, por falta de la “pasión ética”, sin la cual no hay posible estadista, ni gran político, ni caballero, ni tan siquiera hombre entero.

Yo no quiero que a Balbín o a Zavala Ortiz les regalen una guillotina; porque a osadas me guillotinarían primero a mí que a Mazzolo[8]. De miedo que se fusilen inocentes (todos los fusilamientos que ha habido en nuestra historia han sido inocentes, menos el de Camila O’Gorman). Ruego a Dios que no se fusile a nadie; en lo cual coincido con Monseñor De Andrea[9]. Por falta de moral. Que si yo tuviera más moral, yo mismo hubiese fusilado a alguno… (suprimido el nombre). Ruego a Dios que ni a mí ni a Monseñor De Andrea nos dé más moral de la que tenemos ahora.

Lo que voy a decir ahora no me atrevería a decirlo delante de Scalabrini Ortiz.

Si esta nación ha de seguir como está ahora (o bien peor, pues el proceso va para abajo), mejor sería que perteneciera al Imperio Británico. (No me ha pasado al partido Conservador, ¡ojo! Los conservadores lo dicen en forma absoluta, lo mismo que el historiador cínico o Zínnyco –y yo lo digo en condicional– como la maldición de Balaam, que la dijo para que no se cumpliera). Si no podemos nosotros solos ser decentes como nación, ¿qué? ¡Querido Octavio Maestu!

Si vinieran ahora Beresford y Whitelocke con dos portaviones y un poco de infantería de marina; e impusiera aquí el aprendizaje obligatorio del idioma inglés, pero bien aprendido, por ejemplo –ellos quitarían este infanticidio permanente que es la escuela argentina, decaída y corrompida al máximo, pese a los patrióticos esfuerzos de Acteel P. Salas. Lo que hace el Monopolio Liberal de la Enseñanza con los niños, es un infanticidio moral. Si los ingleses nos obligaran a saber bien inglés por lo menos, tendríamos en la cabeza una cosa sólida por lo menos, y nos libraríamos del contagio del cretinismo. El proceso de cretinización del argentino, llevado con potente maquinaria, está dando sus frutos. Aquí, a causa del aire de la tierra, toma la forma específica de ligereza de cascos, blandenguería, botaratismo y parlería, devaneo mental, figuronería, ideologismo, macaneo, etc.; o sea ese tipo “espurio” (en todos los órdenes) de que hablé antes. ¿Qué importa la forma? Todos los que tienen cretinismo son cretinos, aunque se llamen… (Bueno me parece que ya he puesto bastantes apellidos, conforme me ordenó el linotipista jefe; el cual dice que “esta es una revista para gente selecta” –“selecta”, dice él– que si fuera para la masa…”; el cual llama “masa” a seis linotipistas que tiene bajo sus órdenes.)

Yo no quiero que venga Beresford y Whitelocke con dos portaviones; simplemente porque sé que no nos van a traer la escuela inglesa, sino solamente la herejía inglesa. Pero si no fuera por eso, si no fuera por mi religión, juro a Balaam, Melquisedec y Aquitófel, que me pasaba a Beresford; si me promete que no van a corromper a los chicos en las escuelas; ni a los curas en los templos; ni a los concejales tan siquiera; ni a nadie.

Las buenas maestritas, a quienes yo respeto y amo, se enojan. “¡Nosotras no corrompemos a los chicos! ¡Nosotras les enseñamos la moral, el 6º y el 9º mandamiento, tanto más ferozmente cuanto más solteronas somos, pobres tesoritos!” Bien, pero volver a un hombre cretino es una de las maneras de corromper, de las peores que hay. Páseme ese libro de lectura que ha compuesto Ud. para tercer grado, y ese Manual de Educación Democrática… Afortunadamente, los niños, los borrachos y los locos tienen un Dios aparte; que les enseña a “no hacer caso”. En el caso de los chicos, a no estudiar; de lo cual se queja (sin razón) el General Nosecuántos, Interventor de Entre Ríos, y el ministro Acteel P. Salas; cuyo extraño nombre de pila significa “hacéte la anguila” en inglés; “act-eel”, contracción de act-the-eel.

Nos está fallando la médula misma, es decir, la ética. “Y la culpa la tienen los curas”, dice aquí la maestrita Chlorys Burattini –no muy ética ella. Puede que la culpa la tengan los curas; pero no la religión. Si la tienen los curas, es por falta de religión. ¡Malditos sean los curas irreligiosos que ayudaron a des-estructurar a este país, como Agüero, Valentín Gómez, y el mismísimo Deán Funes! ¡Vivan Castañeda y Mamerto Esquiú!

Si la culpa la tienen los curas, será porque no predican ya que “el perduelio es un crimen, poco menos que el parricidio y el sacrilegio, etc.” –como sabían predicar en otros siglos.

Nosotros tenemos ganas de agarrar la bandera negra de Facundo Quiroga (negra según Piccirilli[10]) con el letrero blanco “Religión o Muerte”: y salir a la plaza Mayo acompañados de Omar Vignole y otro franciscano amigo nuestro. Y nos sigue la patriada de argentinos candidatos a hombres dando gritos feroces.

Los argentinos son capaces de morir por la religión (aunque cuando quemaron las iglesias, eso no se haya visto mucho). Por otra cosa, no. ¡Qué lástima que no sean capaces de morir por la democracia! No lo son. Mala suerte. Cuando Sarmiento y Mitre tuvieron que instaurar a viva fuerza la Democracia del Puerto en el Interior del país, tuvieron que enganchar militares extranjeros.

Los otros porteños, los de 1807, pelearon y vencieron porque los curas les dijeron que los ingleses eran herejes; y ellos además lo sabían por instinto, sin necesidad de Frondizi ni Scalabrini Ortiz. Los gauchos de la independencia pelearon y vencieron porque San Martín y Belgrano les hicieron creer que “Nuestra Señora” era la Capitana de sus ejércitos: que si lo era de verdad, o si ellos mismos lo creían, nadie lo sabe en este mundo, excepto el P. Furlong; pero, en fin, lo hicieron creer. Los soldaditos de Córdoba pelearon y vencieron a fuerzas muy superiores bajo el General Lonardi, porque creyeron lo mismo que Lonardi que Perón quería destruir la religión; y puede que no (que con Jacovella yo no quiero discutir); pero ellos creyeron. Por otra cosa no quiere hacerse matar el argentino (aunque lo van a matar lo mismo, si seguimos así) y puede que tenga un poco de razón y no sea cobardía pura, como creen… bueno, los ingleses; o por lo menos Rudyard Kipling en el cuento que cité arriba, llamado Judson and the Empire.

Al llegar aquí, mi amigo Maqueda, que estaba leyendo estas hojas me dijo: “Vos escribís lo mismo que Sarmiento, tenés la idiosincrasia de Sarmiento, y además la desfachatez de Sarmiento, y sos más feo que Sarmiento, y querés entregar la Patagonia a los chilenos de Alsogaray; y de lo único que te servirá, será para que te citen en favor de ellos el Sunday Times y el Morning Post, que ahora se llama Daily Telegraph…” Me desmayé casi. Me levanté del bufete y me fui a la cama, bufando. Pero Maqueda juntó las hojas y se las llevó. El correntino tiene cáscara fina y es dulce (cuando está maduro).

De modo que para retornar al principio, dónde vamos a parar, yo no lo sé; pero cómo hemos venido a parar o a patalear en esto, de eso tengo una idea enteramente cierta, aunque confusa; echamos por la borda nuestra herencia hispana, quedamos destituidos y huérfanos, aflojó la religión y se perdió la moral pública y privada en gran parte. Nos cobijó bajo sus alas la masonería inglesa. Y esto no se remedia ahora con hacer una nueva Constitución (¡loado sea Dios que fracasó!), que eso es pura cháchara y política de simios y de papagayos.

Primero la salud y después veremos, dice Maqueda. Primero tratemos de reentrar en el derecho y la legalidad, aunque sea la legalidad democrática; después veremos si podemos cambiar esta democracia por alguna democracia un poco mejor, como quien cambia una cocina eléctrica por una de gas; que marcha mal lo mismo, pero al menos es de la DINIE[11] y no de la CADE.

[1]  Fin de 1957 o principio de 1958.

[2]  Cfr. “Los Espurios”, Reforma de la Enseñanza, Vórtice, Buenos Aires, 1993, pp 271-274.

[3] Castellani escribe en un papel adjunto al artículo:

Se confirma lo dicho con algunas cosas que dicen ahora acerca de la CADE:

“En un reciente discurso de un alto funcionario alemán en los EE.UU. se ha calificado a la Argentina de país inmoral”, precisamente por el último decreto relativo a la CADE. Esto ya parece demasiado: el sobornante acusando al Gobierno, que se niega a complicarse en el delito de 1936… (pero que no sancionó a los delincuentes; por tanto, se complicó, se “complicitó”).

“Si bien la acción penal en el soborno perpetrado por la CADE estaba prescrita, subsisten los efectos civiles; bien como subsistiría, por ejemplo, la obligación de restituir en contra de un ladrón, aunque su delito no pudiera ya penarse a causa de prescripción…” (Este gran jurista moderno piensa más en la cosa “ladronada” que en el ladrón y las otras personas escandalizadas y desmoralizadas por el robo impune; es decir, en la honra de la Nación, en el vigoramiento de la moral pública y en la salvación de la persona culpable; al revés de lo que hacían y hacen los grandes juristas CRISTIANOS de su raza y la mía.)

“Con la invocación del caso CADE como uno de los máximos ejemplos modernos de inmoralidad y barbarie (lo es, por cierto, y además de chabacanería y espuriedad) se ha llegado al colmo de postular medidas que equivalen a verdaderas sanciones económicas contra nuestro país (¡que aprenda, por cretino!) como ha ocurrido en una reciente conferencia internacional de inversores en San Francisco…” (Dr. Sebastián Soler, Fiscal Supremo de la Naciòn –citado por Mundo Argentino, 20-XI-1957– paréntesis nuestros).

Ahora lo que dicen los “cadistas” de Suiza… y otras naciones:

“Aunque hubiese habido algunita untada de mano (estilo pulcro) todo el mundo sabe de sobra que así es como se hacían (y se hacen) los negocios en la Argentina (país bueno para hacer negocios). En 1936 (¿Ahora ya no?) era prácticamente imposible concertar acuerdos con los organismos públicos sin abonar comisiones (estilo pulcro). Si este hubiere sido el caso de la CADE (¿todavía lo dudan?, ¡que fuesen los políticos envueltos en él!” (Lo cual no hará un gobierno “democrático”, pues en él los “políticos” tienen BULA y gozan de privilegios mayores que los mismos militares; siendo así que valen menos que ellos, por poco que valgan los militares de aquí.) (Circular para los inversores de la CADE publicada en Suiza, que arrastra por el suelo como se ve el honor del país –y no se le puede decir que mienten. Paréntesis nuestros).

[4]  Mario Amadeo, Canciller de Lonardi y autor de Ayer, Hoy y Mañana.

[5]  Todo el mundo sigue el ejemplo de su Rey. A tal Rey, tal grey.

[6]  En junio de 1956, el Presidente Aramburu hizo fusilar a quince militares sublevados; también fueron muertos en forma clandestina dieciocho civiles peronistas en los basurales de José León Suárez y en Lanús.

[7] Alude a Perón, acompañado por el Canciller Amadeo de la Cañonera “Paraguay” al hidroavión que lo llevó al exilio el 3 de octubre de 1955.

[8]  Sacerdote concubinario; en una discusión con su mujer la mató por accidente, y para ocultar el hecho, descuartizó el cadáver y ocultó los restos de la víctima en distintos parajes del Río de la Plata. Cuando el hecho fue conocido, se produjo un escándalo mayúsculo.

[9]  Liberal acérrimo y sospechoso de pertenecer a la Masonería. Había sido el candidato del Presidente Alvear para la sede porteña, pero Roma rechazó la propuesta del Gobierno y nombró a Copello.

[10]  Miembro de la Academia de Historia.

[11]  Dirección Nacional de Industrias del Estado, creada por Perón y privatizada por quienes lo sucedieron.