¿Por Dónde Se Sale?[1]
En mis casi 60 años de vida he oído en cuatro épocas esta pregunta puesta apasionadamente no por una persona sola, sino por (digamos) “el país real”; que naturalmente soy yo y mis amigos; o mis amigos (lo mejor del país) y yo. (Incluso escribí un artículo con ese título en tiempo de Farrell, que no se publicó, por fortuna, porque era bastante malo[2]). Posiblemente en 1832, cuando Rosas se retira de su primer Gobierno “cansado, aburrido, acobardado, desesperanzado y enfermo”, según sus palabras, fue cuando se inventó la frase: “¿Por dónde se sale?” –así como la divisa punzó y el lema “Religión o muerte”. El país “salió” tres años más tarde, vencidos los “logistas” y los “lomos-negros” ¡por una mujer! –por Doña Encarnación; salió del paso por 20 años.
Esto quiere decir que el país patina; es decir, que durante mi ya demasiado larga vida, el país ha estado más o menos igual. “¿Por dónde se sale? Todo está podrido. Donde uno aprieta, sale pus. ¿Dónde vamos a parar? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué maldición pesa sobre este país?” Pues bien, a pesar del patinamiento, ha habido un adelanto: la “maldición” se ha ido haciendo más y más clara; y el país en tres ocasiones al menos, después de no saber por dónde se sale, ha salido.
¿Cómo? Por medio de una convulsión popular y una improvisación política. Quizá no haya en el mundo entero pueblo más capaz de reacción política instintiva que los argentinos, ni tampoco más capaz de improvisaciones. Una “pueblada” –es decir, un deflagre parecido a una quemazón en el campo– prende de golpe en los ánimos y un nuevo Gobierno se improvisa; Gobierno unipersonal y con “facultades extraordinarias”, que si no se las dan, se las toman; a despecho de las utópicas teorías políticas liberales, pero conservando sus etiquetas y a veces sus formas externas: en suma, una Monarquía disfrazada y subrepticia (y efímera) viene aquí a constituir la expresión real de la “República”, en el sentido de Santo Tomás (gobierno popular legítimo). Lo contrario del gobierno popular (y de toda otra forma de gobierno legítimo), la “oligarquía”, invoca en vez del líder a la “Constitución”; pero procede en el fondo parejamente; es decir, despóticamente, añadida la hipocresía. En 1905, Lugones pronunció un discurso famoso propiciando la candidatura de Quintana, el cual discurso es cómico hasta hacer llorar: el gran poeta dice que Quintana es el hombre providencial, porque va contra el “caudillismo” (que es el puro mal) y se apoya en la “Constitución” (que es el puro bien); pues esas dos cosas, caudillismo y Constitución, son entonces Ahrimán y Ormuz en política para aquel gran improvisador en política que fue Lugones; y Quintana está con la Constitución porque su candidatura viene “de una Reunión de Notables”. La candidatura vino de Roca, que la dictó sin dificultad alguna a los “Notables”, entre los cuales no estaba Lugones.
El caudillo gana su jefatura por sus propias fuerzas y su prestigio personal; el “constitucional” pasivo y consentidor es impuesto por una masa de intereses antipopulares –y antirreligiosos; por ejemplo, la Cámara de Comercio Británico. Ésa es la verdadera diferencia, como más tarde (demasiado tarde) vio Lugones; y la Constitución, como demostró Ramón Doll, ha sido inventada para eso, pues de hecho ha sido usada siempre para eso; como vio incluso Mamerto Esquiú más tarde –demasiado tarde.
Cuando sube un gobierno popular, se produce una improvisación seguida del intento de estructurar políticamente al país, inestructurado desde hace siempre. Rosas cayó antes de hacer una verdadera Constitución, pero dejando un logro de capital importancia, la unidad del país. Yrigoyen se comportó personalmente honrado y patriota; pera nada dejó de estructural, por falta de ideas políticas claras. Perón intentó en forma confusa la reforma política, pero fracasó por sus malas condiciones personales, conjugadas con la corrupción moral en que halló y se halla aun el país; mas su paso por el gobierno no dejó de legar resultados políticos; por ejemplo, el pueblo se enteró de los verdaderos problemas, la división política fondal se hizo clara, y las doctrinas nacionalistas se hicieron “slogans” populares, maguer groseros, quizás peligrosos por su aprovechamiento posible de parte del “trotskismo” o socialismo nacionalista. Pero la gran creación política, que consiste simplemente en estructurar al país de acuerdo con su idiosincrasia y su tradición, está todavía en veremos; y por ende, el país patina. Para estructurarlo se necesita, como dice el criollo, Dios y ayuda, y pues contáis con la ayuda (extranjera), falta una cosa: “Dios”.
Es un gran esfuerzo de creación lo que pide la Providencia a esta manga de improvisadores, que se está volviendo rápidamente una manga de langostas. Por eso, el país real suspira un poco risiblemente por el “héroe”, justamente el “providencial”, que siempre imploró Lugones; pero el héroe no aparece, no lo merecemos. “El héroe debe poseer una fuerza de avalance equivalente a la fuerza de inercia de millones de hombres; y esa fuerza, que raras veces existe, también se gasta”. Eso le pasó a San Martín y a Don Juan Manuel, los dos únicos héroes políticos que ha habido en el país.
Los diarios le han hecho un daño enorme a Gómez[3] publicando sus retratos, tan diferentes del que salió en los carteles. “Si yo sabía que Gómez era así, no lo elegía…” –me dice Patricio Murphy mientras me suelda al autógeno una cuchara de plata… Lappas. El pueblo quiere que sus conductores sean incluso hermosos: como Rosas, Arana, Facundo…y Evita; y además heroicos, cosa que Gómez se afanó en probar. “¡Era diferente de los carteles!” Admirable y gracioso símbolo: el Presidente que después gobierna es otro del Presidente que salió en los carteles. El sufragio universal da una y otra vez en la Argentina el fenómeno de la metamorfosis de los lepidópteros, pero al revés: el candidato es la mariposa, que después pierde las alas.
La “Nueva Constitución” que inventó Octavio Maestu en papel de estraza mimeografiado, puede que ahora sea “utópica” (como él apunta irónicamente) pero es la gran “idea” aquí en el país; ofrece (sobre el papel y desde Río Tercero) una estructura política real. Claro que nada serviría si se sancionase por una alcaldada –o una peronada; pues tiene que salir a luz primero de las entrañas del país y en sus costumbres antes que en el papel y en la “Constituyente”. Pero muchos de sus elementos son factibles germinalmente desde ya: el antiguo “Municipio” tradicional, la libertad de enseñanza religiosa, el Parlamento calificado, el federalismo real, la protección de la familia y el gremio, etc.
A todo esto prohíbo llamarlo con la palabra nefanda; pero en realidad de verdad es “democracia”. Y ordeno y mando se lo llame “nazi-fascismo-italianismo-españolismo-argentinismo-catolicismo” –también según Santo Tomás.
[1] Azul y Blanco, 2-XII-1958.
[2] Creemos que es el publicado en esta página con fecha 20-XII-1945.
[3] Vicepresidente de Frondizi, quien lo hizo renunciar seis meses después de haber asumido su cargo.
