Sobre… la Anarquía Fría

Sobre… la Anarquía Fría[1]

“El Instituto del Quemado” llaman a la Casa de Gobierno los porteños actualmente; según ellos, los “gorilas” hacen renunciar ahora a quienes ellos quieren[2].

Aparentemente la Argentina tiene hoy día un gobierno indeterminado y colectivo. O sea, una especie de anarquía fría. Y como una anarquía fría es mejor o menos peor que una anarquía caliente, no queda más que aguantarse un tiempo –a ver en qué se acaba todo. Así piensa la más de la gente.

El Correo es una cosa vital para una nación, y es cosa dependiente del Gobierno. El Correo le hace huelga al amo; o lo que es peor, trabaja “a desgana”: hay miles y miles de piezas postales detenidas. Tienen una razón para hacerlo, y es que no les pagan los sueldos; concretamente, ahora les deben mayo. Y los “telefónicos” andan en las mismas desde hace tiempo aunque con deserción. Molestan y perjudican al pueblo con eso, pero dicen no tienen otra cosa que hacer; y el pueblo tampoco, fuera de rechinar los dientes. En todas naciones y latitudes, detener –o atentar contra– la correspondencia es delito. La huelga de los “postales” es ilícita. ¿Qué otra cosa pueden hacer? Cualquier cosa que sea lícita.

Es un pequeño ejemplo de algo que se dice breve: el régimen liberal no funciona. Se halla en una encrucijada. Por inercia, la administración pública sigue marchando, lenta y a tropezones; pero la autoridad no tiene ya fuerza, fuera de la violencia; o sea, no es ya autoridad propiamente dicha; quiero decir, la autoridad entendida en sentido occidental, “romano”. Retiene la “potestas”, pero ya no tiene “auctoritas”, como dice el Derecho Romano. No digo “cristiano” sino “romano”, porque la potestad basada en el consenso del pueblo existió antes del Cristianismo, aunque muy luego se alió y como fusionó con él.

Sin consenso de la opinión pública (alguna forma de consentimiento) no hay gobierno legítimo para el cristiano: hay tiranía –o anarquía. Hoy día están cruzadas las dos aquí delante de nosotros. Anarquía despótica.

La encrucijada consiste en que las elecciones se aproximan, y todas las mentiras que se pueden inventar para hacer que el pueblo crea en eso, ya están gastadas. El único paso que se puede dar ante el peligro de una convulsión violenta de los desocupados y hambrientos, o el otro peligro de la paralización del mecanismo estatal, es una dictadura jacobina tipo “revolución libertadora”; o sea el llamado “gorilismo”.

El otro paso (que no se quiere dar) sería asumir no de labios afuera solamente la “democracia”, y dejar votar libremente al peronismo.

No digo que ninguno dellos sea el santo remedio. Son los remedios que discuten ahora los militares.

Ésta es la situación, que es fácil describir pero no de sortear, Dentro della (anarquía fría) proliferan toda clase de abusos, incluso grandes depredaciones de los bienes públicos y recursos del país; y lo que es a la vez causa, consecuencia y cumbre, el deterioro considerable de la justicia pública. Ésta es una de las peores enfermedades que puede caer sobre el país.

Un gran argentino (que murió en el destierro)[3] dijo: “La impunidad de un crimen es mucho peor que el mismo crimen”. Es un axioma profundo No sé si lo copió o lo inventó, pero creían en él.

Kelly ha intentado suicidarse en estos días –según dicen. Kelly es un hombre que está preso hace años sin que se le haya probado ningún delito. Es un ejemplo radiante de las “garantías constitucionales” del ciudadano argentino.

Entretanto, el asesino de Satanowsky y muchos otros asesinos andan sueltos.

¿Somos tontos los argentinos? ¿Somos una raza degenerada? La necedad ciertamente prolifera y campa ahora en la Argentina. Basta encender la Radio para ver qué manga de estúpidos o pedantes frívolos (femeninos o feminoides con frecuencia) actúan actualmente de maestros del pueblo; sin que falten algunos sacerdotes: ¡Pizzariello[4]! ¡el famoso Padre Alejandro[5]! ¡Añaki de Espiazu[6]! Que Dios nos perdone.

De creer es no ser la raza sino el mal momento responsable de la oleada de necedad. Es de confesar que una decadencia se infiltró en la Argentina (y en Hispanoamérica) o bien desde que rompió con España, o bien 50 años después: la lengua que hablamos es buena señal (síntoma en este caso) desde que ella depende directamente de la inteligencia. Pareciera que estamos en trance de dar a luz un tipo, ya descrito por Pío Baroja en Juventud, Egolatría, que podría clasificarse como “Bobus argentatus”. La actual oleada de necedad, malgrado mi aislamiento (única defensa) me quema la epidermis, y a veces más adentro; como anoche por ejemplo, en que un desconocido, que se nombró Igarzábal, me llamó por teléfono a las 3 a.m. para hacerme una pregunta enteramente estúpida; y yo había conseguido dormir en ese momento, gracias a una pastilla; de modo que hoy no pude predicar. Nunca he podido sufrir la necedad; y hay que aguantarla ahora. También soy un “quemado” o “tostado” al menos.

Para mí lo más alarmante de la historia argentina no son los crímenes que en todas naciones existen, sino la tontería; la cual, desde que yo recuerdo, parece andar aquí en proceso progresivo. Es lo más desastroso que hay, pues Dios perdona los pecados, pero no suele curar la idiotez.

“Tres cosas malas he visto en el mundo –dice la Escritura– y la cuarta (que es la peor) es un necio con poder”: stultus in potestate. Y ¿no son acaso necios todos los que gobiernan en virtud del poder del Dinero, en su nombre o en su provecho? El dinero no está reñido con el poder, pero el Gran Dinero está siempre reñido con la sabiduría. El “Lucro-a-todo-pasto”, puesto como fin, es una soberana estupidez; y es Calvinismo puro, si hemos de creer a Max Weber y al Religion and the Rise of Capitalism del economista yanqui Richard H. Tawney.

Para adaptarse al Lucro Libre nació el Liberalismo; y ésa es la única libertad que trajo al mundo. Con gente bienintencionada al principio y con algunas banderas agradables, el Liberalismo a lo largo de su carrera fue mostrando la hilacha; es decir, las consecuencias lógicas de un error acerca la natura humana. En el plano religioso este error ha llegado actualmente a dos extremos contrarios: la idolatría de lo humano como tal (culto de la téncica o “ciencia”, culto del Estado, culto de las riquezas, progresismo, democratismo, optimismo abriboca, etc.) y al otro extremo, desesperación maniquea acerca la naturaleza humana.

Todavía no se ha llegado a hacer obligatoria la “Fiesta del Padre” y suprimir la fiesta del Santísimo Sacramento; pero ya estamos cerca de la mitad.

Tampoco por el otro extremo hemos llegado a considerar imbéciles y dignos de la esclavitud a todos los humildes (como en la novela 1984 de Orwell), pero ya se escucha en boca de liberales empedernidos: “Al pueblo hay que mentirle siempre; son en absoluto ineptos a entender las cosas del gobierno…” Esto es un perfecto reniego del sacrosanto Dogma del Sufragio Universal. Es curioso recordar que eso mismo dijeron hace años (o siglos) los “carcas” o reaccionarios; quiero decir, el último inciso, no el primero. Y los apedreaba por eso Pérez Galdós –y Cavour. O como hicieron con Pereda joven cuando publicó “Preliminares” en El Tío Cayetano de Santander el 9 de noviembre de 1868 –que ya han corrido años.

“En la Argentina actualmente los políticos son fraudulentos, los médicos son fraudulentos y los jueces son fraudulentos” –decía el Profesor Rex Morgada. Pues estamos frescos; ésas son las más importantes profesiones, junto con los profesores.

El consejo de la mujer es poco y el que no lo sigue es loco. Una destas señoras que andan ahora locas con la política –y el precio de la leche, me dijo: “Hay que resistir pacíficamente. No hay que votar”.

– “La obligarán a votar”– dije yo.

– “Que se atrevan”– dijo ella.

No creo que eso marche tampoco. Podría marchar si hubiera un “líder” disponible en la Argentina. No lo hay; no creo la señora Eulalia lo sea (y espero no lea este artículo). Líderes potenciales hay; pero están todos más “quemados” que yo.

El pobre escudo argentino está al revés: con el sol poniente, las dos manos arañándose y amenazando, y el gorro de la república frigia sin cabeza adentro, por los suelos; y la bandera ya no es celeste sobre blanco sino gris sucio sobre gris tierno. Así al menos los vi días pasados en el Banco Nación, sobre el lujo espectacular del… despacho del Interventor.

 

Leonardo Castellani

(Vicepresidente de la Sociedad Pro Prevención

de la Crueldad con los Políticos).

 

[1]  1962.
[2]  El 18 de marzo el Peronismo triunfó en elecciones legislativas y provinciales, pero las Fuerzas Armadas reclamaron a Frondizi la anulación de los comicios y la proscripción del Peronismo en las futuras elecciones. Como el Primer Mandatario no aceptó que el Ejército le impusiera sus exigencias, fue derrocado el 29 de ese mes y sustituido por José María Guido, Presidente Provisional del Senado. En respuesta a la aplicación de medidas económicas excesivamente severas dictadas por el Fondo Monetario Internacional los gremios decretaron numerosas huelgas.
[3]  Rosas.
[4]  Cuando la radiotelevisión porteña sólo concedía cinco minutos diarios para un mensaje sacerdotal, la Curia confió el programa a Pizzariello, buen hombre pero no el más indicado para ese cometido.
[5]  Mayol. En un programa televisivo solía cantar: “Al crear la vaca, Dios hizo la leche, hizo el dulce’e leche, todo lo hizo bien”. Finalmente dejó el sacerdocio.
[6]  Iñaki de Aspiazu, jesuita vasco, republicano y democristiano. Se exiló en el país, donde fue amigo personal de Aramburu, Monseñor De Andrea y detractor de Castellani.