Uniformidad contra Unidad[1]
Yo era partidario de Menéndez[2]; ahora que fue vencido, naturalmente soy “partidario” del que venció.
Los traidores y leales
Mezclados confusamente
No se distinguen, por qué
–Neutrales o indiferentes–
Los más están en la mira:
Que en las rebeliones siempre
Es traidor el que es vencido
Y el “leal”… es el que vence.
Pero hay algo en mí que dice: no fue vencido. ¿Cómo es eso? No lo sé muy bien.
En el momento que “salió”, venció. Dicen que salió a jugarse la vida por la honradez del país contra la amañada “legalidad” del no-país. Si es ansí…
Si es así, eso quedará. Eso se inscribe, no digo en la Historia (no creo en la Historia), sino en la realidad, que es mucho más.
Lo triste es todos esos jóvenes que los han hecho ir a la muerte por dioses falsos; o “diosas”: la divina Legalidad, la divina Democracia y la divina Constitución.
Pero reparemos en esto: hemos peleado por o contra de unas próximas “elecciones”, o sea, el sacrosanto dogma del Sufragio Universal ha sido en la Argentina puesto en tela de juicio con sangre. Eso puede significar que ya nunca más la Argentina volverá a creer del todo en el famoso “Mito”: un animal que nunca sanará desta herida.
“En el fondo, los dos bandos blandos han luchado por el Sucesor de Guido: por imponer su Presidente” –me dicen. Sea; pero se ha proclamado con sangre la duda sobre el Sufragio Universal.
Si los diarios yanquis pueden dar su opinión sobre el “pronunciamiento”, también la puedo dar yo.
El Sufragio Universal es la engañifa excogitada por la clase o pandilla adinerada del siglo pasado para aquietar al pueblo haciéndole creer que “él gobierna”. ¡Y las masas se tragaron el cuento! –tan bajo anda la cordura y el buensentido en estos tiempos. Pero ese Sufragio tenía un peligro; y cuando los usufructuantes dél lo percibieron, corrieron al remedio: inventaron la “mula”.
Pocas veces ese adminículo del cuarto oscuro ha dado buenas resultas; y no es extraño, porque hay un error permanente y un dolo eventual en su fondo. De modo que hay dos clases de cultores dél: los sonsos que tragan el error y los vivos que se aprovechan del dolo.
El error está en hacer elegir hombres desconocidos (y ya preelegidos) a ciegas en un cuarto oscuro. El dolo está en hacer creer al pueblo que él “es el Soberano”; y con esa ufanía como cebo, hacerlo lo contrario. Ya te van a dar soberano; esclavo, querido mío.
Nadie puede ser Soberano y Súbdito a la vez. Nadie puede gobernar y ser gobernado. Yo podré gobernar a mis esclavos y ser gobernado a la vez por mis Presidentes; pero con mis Presidentes no puedo a la vez ser gobernante y gobernado. Pronto surgirá la interrogación: “Veamos amigo ¿quién manda aquí, Ud. o yo?”
Esta es la engañifa, que por ser halagüeña y vanagloriosa, las masas se tragan –por un cierto tiempo: el tiempo del “liberalismo”, que dicen se está acabando.
No gobierna nunca el pueblo: gobiernan los hoy tan envilecidos “representantes del Pueblo”.
Nunca se había visto en el mundo tantos facinerosos y necios al frente de las naciones.
Justo castigo de Dios por haber arrojado su legítima autoridad. “La autoridad proviene del Pueblo”. –“No tenemos otro Dios que el César” [Jn. 19, 15]. El César va a destruir y esclavizar.
Así, pues, el mundo decayó al dominio de la cantidad sobre la calidad, con el pretendido entronizamiento de la “mayoría numérica”. La calidad no está nunca en el mayor número, que para unirse debe nivelarse por lo bajo. El número “stat ex parte materiae”: el número viene de la materia, no de la forma o esencia. Pero la mayoría numérica misma se puede modelar, sugestionar y falsificar; pues no es más que cantidad.
El número es “separatividad”. Así que los que charlan ahora de “la unidad de los argentinos”, no suelen saber lo que se pescan. Por el camino del número, no hay unidad; habrá a lo más “uniformidad”, que es diferente –y nefasta.
El amontonamiento de cosas naturales desiguales no es unidad, ni es igualdad; anoser igualdad contra naturam. A esa aberración tiende la aquí llamada “democracia”; palabra que ya no significa nada fijo, pues está a disposición de cualquiera y es el comodín de los pícaros.
Una palabra que me hacía gracia
De joven, se me ha vuelto bien matrera:
Cuando oigo la palabra “Democracia”,
Me aseguro enseguida la cartera…
Los que hablan de “la unidad de los argentinos” a trochemoche deben saber que esa unidad exige primero separación racional; por lo menos la separación que reclama Olejaveska entre decentes e indecentes.
“Ha concluido el caos” –dijo uno poco ha. Sigue el caos aumentando. Cuando concluyó el Caos (el “tohubahú”) en la Creación, fue cuando Dios separó primero la luz de las tinieblas; y después las aguas de la tierra firme y las plantas de los animales. Antes había la “uniformidad” caótica.
Ante mare et terras et quod tegit omnia caelum
unus erat toto naturae vultus in orbe,
quem dixere chaos: rudis indigestaque moles…[3].
He ahí la “uniformidad”; luego:
Vix ita limitibus dissaepserat omnia certis…
He aquí la unidad: “cuando hubo Dios separado todas las cosas en sus límites naturales” (lo cual en lo moral se llama simplemente Justicia) –entonces apareció el Cosmos, el Universo.
La unidad siempre baja de arriba, de la inteligencia y el espíritu. La unidad de los argentinos “è una cosa mentale” –diría Leonardo da Vinci. Y la concordia lo mismo. Vendrá solamente de una coincidencia de las mentes en las verdades fundamentales.
¡Quieren hacer la unidad de los argentinos con mentiras! Permítanme que los compadezca.
La “unidad de los argentinos” de ahora me hace acordar a Cziuvek. Me dijo: “Nojotro en mi famiya somo muy unido: somo cuatro hermano y todo somo ladrone. Manaya Sanyenaro, mi hermano el chico, que está aquí conmigo amorcillao (esto era en la cárcel de Devoto), le dio ahora por el afano con bufoso y con shúa, que é sucio; aunque tenga má toco; la punga, digo yo, no hay cosa más limpia. Manaya Sanyenaro, mi hermana va y se hace hacé un problema con un cachirulo. Pero deje nomá, reverendo, en cuati y yo sarga de aquí, lo voy a hacé marchá derecho a todo por un tubo; empezando por esa puerca de la madona”.
Con esas mentiras, abrimos la puerta al Comunismo; el cual vendrá a la Argentina por la corrupción del Gobierno y las crecientes apreturas del pueblo, junto con el sentimiento del despego y asco a todas esas mentiras.
El que haya rojos y azules
Es causa de muchos males,
Porque no tenemos trono
Para tantos Generales.
(A ver si a los versitos y a frases cortas logro ilustrar a alguno).
Alguno me dijo que gracias a la Igualdad (a la cual yo parezco desagradecido) yo soy igual que el Cacho Otero[4], a pesar de que él tiene muchísima más plata que yo; pues él tiene un voto y yo tengo un voto, somos iguales –en el cuarto oscuro. Pero resulta que después anulan mi elección, y no anulan la elección del Cacho Otero.
¡Igualdad! oigo gritar
Al jorobado Torroba,
Y me pongo a cavilar:
¿Querrá verse sin joroba
O nos querrá jorobar?
