“Waiting on God”, de Simone Weil.
¿Es una loquita? ¿O una profetisa? ¿O las dos cosas?
No faltan indicios de que esta judeíta galogermana fue una muchacha de dotes intelectuales casi geniales Y un poquitín demente.
Contra esto está que ni el filósofo Thibon, ni el teólogo P. Perrin pusieron jamás en duda su cordura; y que muchos místicos y profetas –y Cristo– han sido sospechados locos.
Los Indicios
1º. La vida que ella se dio fue suicida.
2º. Anduvo cambiando continuamente de trabajo, de estudios e incluso de lugar: jamás quieta.
3º. La terquedad terrible en mantener sus opiniones, incluso contra los peritos, incluso contra miles de personas… “O se equivocaron o simplemente no fueron santos… Yo no creo que hayan sido santos”, dice.
4º. Inquina invencible a la Inquisición, las Cruzadas, el castigo de los herejes e incluso de los criminales comunes; contra los Judíos, los antiguos Romanos… y todo lo que fuera Cuerpo Social, la Iglesia incluso… Se parece bastante el individualismo receloso y anárquico del loco.
5º. Sus sentimientos, aunque buenos y gentiles, son siempre desmesurados: véase la gratitud al P. Perrin, compasión a los pobres, sensibilidad a las ofensas, etc.
6º. Ese “impulso irresistible” que según ella la guiaba siempre: pasividad. Esa “obediencia” suya tan bizarramente desobediente a los hombres.
7º. La posición paradojal y terquísima de no recibir el Bautismo ni Sacramento alguno, encareciéndolos y divinizándolos por otra parte[1].
8º. Finalmente, el sabor de sus escritos, imposibles de definir: esa exageración de las cosas que parece denotar sentimientos llevados al frenesí.
………… Por otra parte, sería curioso y glorioso que Dios hubiera elegido una loquita (y a Kierkegaard también lo tachan de loco) para dar un mensaje al engreído mundo moderno.
En ese caso el mensaje sería, me parece a mí, que la Iglesia Católica, siendo indudable fundación de Cristo, sin embargo, hoy anda mal: el Atrio pisoteado por los Gentiles[2]. (Anda mal solamente la forma en que es posible que ande mal sin que fallen las Promesas, y conforme a una profecía).
Simona no quiere entrar por no pasar por el atrio: no puede, asegura ella.
La Iglesia está “socializada”, politizada, esclerótica.
Simona odia a todo cuerpo colectivo por ser cuerpo colectivo; a causa del horror al Estado Moderno totalitario y sus abusos (que ella proyecta quizá abusivamente también al pasado); y ve a los católicos actuales en general adheridos a la Iglesia como a un País –es decir, política y exteriormente; no como a una Verdad; es decir, religiosa e interiormente.
